
“El entorno me da excusas para pintar lo que llevo adentro”, esa es la filosofía del artista contemporáneo, Darío Mastrosimone (53). Esta vez encontró en el polo argentino su disparador para volcar formas, trazos y colores sobre las telas.
En el castillo de la Asociación de Polo en Pilar, Darío presentó sus 14 obras en óleo con técnica de espátula. El centro de la muestra tuvo a un referente internacional, Adolfo Cambiaso. El crack de la Dolfina no solo fue el corazón del trabajo sino también el gran protagonista. “Pudimos recorrerla juntos. Disfrutó de cada cuadro, aunque eligió como preferido uno que lo representa junto a su equipo”, le cuenta el artista a Infobae.
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¿Por qué Cambiaso? “Tenemos a Juan Manuel Fangio, a Diego Maradona, a Lionel Messi, ¡hasta el Papa es argentino! También, al mejor jugador de polo del mundo”, dice como argumento para su inspiración.
Darío no viene de una familia de polistas, ni es fanático del deporte. Sin embargo, la mística de la ejecución lo fascinó. Su primer contacto con el polo se inició el año pasado de la mano de su hijo mayor, Renzo, que lo llevó a un encuentro. “Sus amigos jugaban al polo, mientras él los retrataba. Después me mostraba las fotos que les tomaba. Y al verlas me conmovieron. Un día lo acompañé a un partido. Como consecuencia lógica encontré una motivación para hacer representaciones en la pintura”, destaca.
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De ese partido, y otros más que asistió, surgió la posibilidad de comenzar a plasmar sus sensaciones sobre las telas. Había dos ideas que lo motivaban a dar cada pincelada: “El sonido de sus carreras tras la bocha ( casi musical) y las líneas que forman los tacos cuando trataban de dominarla”. El artista compara al polo a una danza increíble. Además, agrega, “amo la belleza natural del caballo”.
También encontró inspiración en los lazos que se forjan entre los integrante de los equipos. “Hay un comunión importante entre jugadores, los criaderos y los petiseros donde, en la búsqueda la maestría, se borran las clases sociales”.
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Hace tiempo que lleva retratando caballos, por su belleza natural pero en esta serie intentó volcar esa simbiosis que se genera entre el animal y las personas. “Descubrí con mis ojos la verdad, la pasión, el esfuerzo, la armonía y la integridad”.
Casi exclusivamente por ese camino es que llega a admirar al polo por la belleza que descubrió en ese deporte: “No me importan los resultados de los partidos, sino su ejecución”.
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El gran desafío, ya histórico para los artistas plásticos, es plasmar el movimiento en sus obras. “Ver un partido de polo me hizo replantear la forma de pintar, no alcanza el oficio para hacerlo... hay que salir a investigar otro métodos”, admite.
La búsqueda de la belleza

Hace más de una década Darío dejó su estudio contable para dedicarse a su verdadera vocación: el arte. En ese cambio de dirección, eligió también mudarse con su esposa y tres hijos, ahora cuatro, lejos de la ciudad. Se instaló en los bosques de San Martín de Los Andes. Allí con una de las mejores vistas de la Patagonia, montó su estudio.
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Este vuelco radical que dio en su vida lo lanzó a un camino de creaciones donde la belleza es el hilo conductor. “Los antiguos griegos la asociaban a la verdad, a la armonía y al orden, no desde una mirada decorativa. Parto siempre de esa premisa para mis trazos”.
Todo eso encontró en el polo: “Fue un honor que Adolfito pudiera asistir a esta exposición. Le encantaron todas las obras, pero hubo una en particular que lo impactó... esa que está con su equipo”.
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Fotos: Fernando Javier Flores
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