Las doce reflexiones de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe en relación a las adicciones y la pandemia

A dos días de conmemorarse el Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas, organizaciones eclesiásticas compartieron sus conclusiones sobre las drogas y las adicciones, lo que denominan “uno de los dolores más grandes del pueblo de América Latina”

"Deseamos que en cada barrio popular de nuestra América se vivan 'las 3 C': Capilla, Club y Colegio", manifestaron en la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe
"Deseamos que en cada barrio popular de nuestra América se vivan 'las 3 C': Capilla, Club y Colegio", manifestaron en la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe

En el punto 422 del documento de Aparecida firmado en 2007 en el marco de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, los obispos ya hablaban de pandemia. En su mirada sobre “los rostros sufrientes que nos duelen” decían: “El problema de la droga es como una mancha de aceite que invade todo. No reconoce fronteras, ni geográficas ni humanas. Ataca por igual a países ricos y pobres, a niños, jóvenes, adultos y ancianos, a hombres y mujeres. La Iglesia no puede permanecer indiferente ante este flagelo que está destruyendo a la humanidad, especialmente a las nuevas generaciones. Su labor se dirige especialmente en tres direcciones: prevención, acompañamiento y sostén de las políticas gubernamentales para reprimir esta pandemia”.

Tras la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, emitieron un comunicado que titularon “la otra pandemia”: “la que lastima a nuestros pueblos y se constituye como un terrible obstáculo para el logro del Desarrollo Humano Integral”. Dijeron sentirse interpelados por esa declaración y que comprendieron ahora, tras la invasión del COVID-19, la verdadera dimensión de su significado. Por eso, en vísperas del 26 de Junio, Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas, compartieron 12 reflexiones sobre un tema que califican como “uno de los dolores más grandes del pueblo de América Latina”.

“En esta fecha significativa compartimos nuestras reflexiones basadas en el cotidiano encuentro con este dolor que asoma, en primer lugar, cada vez que llegamos a una comunidad. Es allí donde encontramos relatos de desgarro, desesperación, impotencia o vivencia de desamparo”, repararon. La transcripción textual de los puntos que denuncian, en un documento firmado por Familia Grande Hogar de Cristo, Cáritas Argentina y la Comisión Nacional de Pastoral de Adicciones y Drogadependencia, “el agravamiento de la pandemia de las drogas y las adicciones en tiempos de COVID-19”.

Se celebró la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe
Se celebró la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe

1) Por nuestra experiencia en Barrios Populares vemos que es urgente tomar conciencia de que las drogas y las adicciones son una herida sangrante de nuestro pueblo. Nos preocupa cuando los medios de comunicación, las redes sociales, la política, y la sociedad hablan del dólar, el gasto público, las especulaciones electorales y otros temas diversos, mientras ignoran esta problemática que mata de la peor de las maneras a nuestros hermanos y hermanas de toda América Latina.

2) En lo cotidiano nos dimos cuenta de cómo, con las restricciones de todo orden generadas por la pandemia de COVID-19 y las medidas políticas que se implementaron para abordarla, quedaron huérfanos nuestros barrios. Por sobre todo, nos desvelamos por los muchos jóvenes que se encuentran sin espacios de contención, ni referentes del mundo adulto o pares con los que interactuar en los clubes, las escuelas e incluso la mayoría de nuestras Capillas que quedaron cerradas. Con alarma comprobamos que se encuentran a la intemperie no solo física sino también existencial.

3) Hemos constatado cómo se impregna lo social con un inmanente sentido de aceptación e inocuidad acerca del “cannabis”, su despenalización y sus usos. Desde nuestra visión, debería ser “puesto en el contexto” de la pandemia de las drogas para no minimizar los riesgos de su uso problemático que nada tiene de saludable.

4) En el día a día de nuestro trabajo en los Barrios Populares comprobamos cómo las adicciones y todo lo que se produce a su alrededor van rompiendo los lazos sociales de nuestras comunidades y detonan como bombarderos los valores fundamentales que nos unen como comunidad: la solidaridad, la fraternidad, la misericordia, la caridad. Porque no sólo son pilares de nuestra espiritualidad sino la base de la construcción de un tejido social que nos entrelaza y sostiene como grupos sociales. En el estado actual, creemos, el problema ya no se resuelve con Trabajo y Vivienda porque no existe la red de apoyo de la comunidad organizada y se vive en el desesperado “sálvese quien pueda”.

5) En estos años pudimos ver una sociedad y un Estado cada vez más fragmentados en sus respuestas. Esto permite sospechar que no se comprende la complejidad y gravedad constitutiva del problema. Advertimos además que, lo que hasta el 2019 era sostenido de un hilo, hoy explotó en nuestros pueblos ante la crisis 2020/2021 y actualmente la situación social es desesperante.

6) También nos parece necesario sincerar que el Sistema Penitenciario funciona como un espacio que alberga personas con problemas de salud mental y adicciones. En la Argentina no hay estadísticas oficiales sobre el punto pero, si leemos con detenimiento algunos indicadores, intuimos con alto grado de certeza que el 80% de las personas privadas de la libertad se encuentra en esas condiciones de salud, sin recibir las atenciones correspondientes.

"Hacemos un llamado amplio y vigoroso a nuestro pueblo e invitamos a involucrarse a todos los sectores e instituciones de la comunidad organizada", expresaron
"Hacemos un llamado amplio y vigoroso a nuestro pueblo e invitamos a involucrarse a todos los sectores e instituciones de la comunidad organizada", expresaron

7) Y, siguiendo con la población carcelaria, es necesario referir que la crisis del COVID-19 ha degradado las condiciones de vida de las personas detenidas hasta límites infrahumanos, en penales colmados y comisarías hacinadas, en las que pasan meses detenidos soportando indecibles violaciones a los Derechos Humanos.

8) Nos inquieta la post pandemia y el aumento del HIV, la Tuberculosis y otras enfermedades asociadas al consumo de paco y otras drogas dado que no hay controles ni respuesta terapéutica y claro es que las consecuencias afectarán a nuestra sociedad en su conjunto.

9) Es conocida y estudiada la alta incidencia entre la pobreza, adicciones y explotación laboral y sexual. La utilización de niños, niñas, adolescentes, mujeres para “trabajos” encubren la explotación laboral y/o sexual, entrecruzan con la trata de personas tan extendida en nuestro país y la región.

10) Es necesario reconocer y entender los padecimientos mentales de las personas en contexto de exclusión, lo que requiere de personas involucradas con las problemáticas e insertas en esos territorios. Lo percibimos antes de la pandemia y, ya atravesándola, hizo saltar por los aires la cuestión de la salud mental, tan lejana para recibir atención y no pensada para la realidad de nuestros barrios.

11) Queremos visibilizar la creciente cantidad de personas en situación de calle, que fueron y siguen siendo vulneradas todos sus derechos. La calle no es un lugar para vivir, ni morir. No hay tiempos de espera, no se pueden dilatar más las respuestas.

12) A la vez somos testigos de la valentía de tantas personas en recuperación que han ayudado -sin ningún cálculo- a muchos que se sentían solos. Como dice la canción de despedida de la Misa Popular Salvadoreña: “Cuando el pobre crea en el pobre, ya podremos cantar libertad, cuando el pobre crea en el pobre, construiremos la fraternidad”.

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