El día que el general Balza pasó su cumpleaños bajo una lluvia de fuego en Malvinas y salvó su vida por diez metros

El 13 de junio de 1982, un día antes de la rendición, el entonces teniente coronel cumplió 48 años. El relato de los bombardeos, el valor y la muerte de sus camaradas y qué cree que debe hacer la Argentina para recuperar la soberanía de las islas

Entre el 12 y el 13 de junio, una posición de artillería al mando del entonces teniente coronel Balza responde al ataque inglés Foto: Eduardo Farré
Entre el 12 y el 13 de junio, una posición de artillería al mando del entonces teniente coronel Balza responde al ataque inglés Foto: Eduardo Farré

El 13 de junio de 1982 – hace exactamente 39 años - la suerte ya estaba echada en las Islas Malvinas. Las tropas argentinas seguían resistiendo, pero los británicos ya habían cerrado el cerco sobre Puerto Argentino por mar, tierra y aire. Ese día, el penúltimo de la guerra, el entonces teniente coronel Martín Balza, jefe de la artillería terrestre en la zona de la capital isleña, cumplía 48 años. En diálogo con Infobae recordó, casi cuatro décadas después, los hechos y las impresiones de esa jornada y la siguiente, cuando se produjo la rendición argentina.

-General Balza, el día de su cumpleaños 48 usted estaba, quizás sin saberlo, participando de la que sería la última batalla de la Guerra de Malvinas.

-La batalla final, conocida como la batalla de Puerto Argentino, empezó a conformarse a partir de 8 de junio, con un desembarco británico en un lugar que se llamaba Fitz Roy, que ese fue uno de los días más negros para la flota británica. Y luego vino el avance hacia Puerto Argentino los días siguientes hasta que el día 13, cuando las tropas británicas tomaron las alturas próximas a Puerto Argentino y se ha conformado el cerco total, es decir, aéreo, marítimo y terrestre, un cerco completo. El día 13 de junio fue un día muy particular, era el día de mi cumpleaños, cumplía 48 años...

-¿Dónde estaba usted?

-Yo era comandante de todos los fuegos terrestres en la zona de Puerto Argentino, pero además conducía el Grupo de Artillería 3. La característica de los fuegos de artillería durante toda la guerra, y particularmente los días 12, 13 es que fueron nocturnos, tanto para la artillería inglesa como para nosotros. Es obvio que el día 13, el día mi cumpleaños, todos estábamos muy agotados, sin dormir, pero ese día fue el único que la artillería británica realizó fuegos diurnos, y obviamente esos fuegos continuaron la noche del 13 al 14. Tenía una particularidad: nosotros apreciábamos que había algunos que, dentro del maremagnum, del aquelarre que era todo eso, uno tenía una radio, un suboficial y apreciábamos nosotros que la preocupación en la ciudad de Buenos Aires era el partido de fútbol que Bélgica estaba jugando con Argentina, que Argentina perdió uno a cero. Yo creo que en Buenos Aires había más preocupación, no por lo que pasaba allá sino porque se había perdido un partido del Mundial.

El General Martín Balza tiene hoy 87 años. Cumplió 48 un día antes de la rendición en Malvinas
El General Martín Balza tiene hoy 87 años. Cumplió 48 un día antes de la rendición en Malvinas

-¿Qué más recuerda de esos días?

-Fueron días intensos, siempre digo por radio le decía al comandante de las fuerzas terrestres en Puerto Argentino, que era el general Oscar Yofre, que cuando la artillería británica nos realiza un intenso fuego de artillería sobre nuestras baterías, se produce una pausa en el fuego y yo por una radio recibo una comunicación del general, que me pregunta cómo están las cosas, porque había visto el fuego intenso al que habíamos sido sometidos por varias ráfagas de la artillería británica. Me acuerdo de que le dije: “Vea, hasta ahora bien, pero debo agradecerle a los británicos, que me están festejando con mucho ruido los 48 años que estoy cumpliendo”. Ahí se enteraron y por radio recibí un feliz cumpleaños en esas circunstancias.

-En medio de la batalla…

-Unos minutos después, no puedo precisar si fueron treinta minutos o una hora, se reanudó fuego británico. Yo había salido del refugio en mi puesto de comando, estaba recorriendo una de las baterías y caen las primeras ráfagas. Próximo a mí estaba un cabo primero, Ángel Quispe; corrimos pero no pudimos llegar a ningún refugio y nos tiramos cuerpo a tierra. A los cuatro, cinco, siete, ocho minutos, no puedo precisarlo, se produce una pausa de fuego, porque los británicos también tenían que reorganizarse para continuar con el fuego de artillería... Yo me paré y vi que a unos diez metros el cabo primero Quispe estaba boca abajo. Mientras me acercaba, llamé al médico que estaba en el puesto de comando mío, un teniente primero médico de apellido Nieves, porque al estar boca abajo pensé que Quispe estaría herido... Había varios heridos más, pero me acerqué a Quispe. Lo dimos vuelta con el médico y estaba entero, sangraba por la nariz, la boca y los oídos, pero el médico me dijo: “está muerto”. Efectivamente, la onda expansiva lo había matado. De inmediato se reanudó el fuego británico.

Balza, a la derecha, prisionero de guerra junto a Seineldin, Arias, Pérez, Robacio y Soria
Balza, a la derecha, prisionero de guerra junto a Seineldin, Arias, Pérez, Robacio y Soria

-No lo puede olvidar…

-A casi 40 años, que vamos a conmemorar el año que viene, yo sigo recordando ese día, no tanto por mi cumpleaños, pero sí porque Dios, Nuestro Señor, me dio diez metros de distancia y casi cuarenta años más de vida, porque como cayó Quispe podía haberme alcanzado a mí, porque estaba próximo, eran diez o quince metros la diferencia. Nunca me voy a olvidar de eso. El fuego continuó durante todo el día, hubo una pausa al anochecer, y durante la noche sí fue un pandemonio, porque nosotros tuvimos que apoyar a una excelente unidad que fue el Batallón de Infantería de Marina 5. Hasta que ya en las primeras horas del día 14 de se produjo lo que conocemos como la rendición.

-Usted escribió un libro con un título que lo dice todo, “Gesta e incompetencia”, y allí señala la incompetencia de los mandos políticos y militantes, tanto de los que estaban en el continente como el general Mario Benjamín Menéndez en las islas. ¿Qué recuerda de la rendición?

-En realidad, en ese momento, en esa noche interminable… El 13 de junio fue el día más largo del siglo para nosotros, la noche que continuó y la madrugada del 14. Aproximadamente a las 7 o las 8 de la mañana del 14 yo recibo una orden del comandante de las fuerzas terrestres de las islas, el general Oscar Yofre, que me dice: “Martín, a partir de este momento, no cumpla ninguna orden de fuego que le pidan. Sólo cumpla lo que yo le ordene”. Bueno, ahí me di cuenta de que algo estaría sucediendo. Obviamente, no me amplió más nada, pero se produjo el cese del fuego, que fue algo particular…

El general Martin Balza en su regreso desde Malvinas
El general Martin Balza en su regreso desde Malvinas

-¿Por qué?

-Después del día, pero sobre todo de la noche haciendo fuego de artillería y recibiendo también fuego de la artillería británica, si yo tuviera que describirlo... Fue como en esas películas de terror que, a veces por la música y por los asesinatos, uno se pone medio nervioso por el ambiente que la pantalla le está transmitiendo y, de pronto, se corta todo eso y aparece un lago tranquilo. Esa fue la impresión que me quedó. Cuando se produjo el cese del fuego en mis baterías, apreciamos un amanecer y hubo un silencio en el campo de combate que, yo no sabía, pero se debía a que se habían iniciado ya conversaciones con los británicos para la rendición. También se produce repliegue, particularmente del Batallón de Infantería de Marina número 5 en el cual yo tenía observadores, que había recibido la misma orden. Ese repliegue para nosotros fue el fin de la guerra...

-¿Qué le pasa al soldado, al hombre que va a la guerra, cuando después de ese ruido atronador se produce, permítanos decirlo así, un silencio atronador?

-Yo puedo transmitir lo que un soldado, que en aquel entonces era el teniente coronel Martín Balza, experimentó. Es muy probable que cada jefe de regimiento, cada oficial, cada suboficial y cada soldado, lo haya experimentado de distinta forma. Transmití a las baterías la orden de cese del fuego, salí de mi puesto de comando y me dirigí a las dos baterías más próximas. Me acerqué, le di un abrazo al jefe de batería, que era un teniente primero, a un oficial de batería, que era un teniente, a los jefes de piezas, que eran cabos, y a cada uno de mis bravos litoraleños, esos correntinos, chaqueños, formoseños y misioneros... Me di un abrazo con cada uno de ellos. Muchos lagrimeaban y yo también. No llorábamos por haber perdido la guerra, eran lágrimas de satisfacción, por haber combatido con todo aunque el resultado del combate fuera adverso. Yo no me voy a olvidar nunca de esos litoraleños, y creo que ellos tampoco se olvidan de mí, porque con muchos de ellos, y más en estos días, tengo permanente comunicación. Nunca me voy a olvidar de los gritos, de los sapucay durante la noche mientras hacían fuego contra los británicos. Siempre decimos: nosotros seguimos combatiendo hasta último momento, sabiendo desde el 1° de mayo, que se inició la guerra, que no teníamos ninguna posibilidad de victoria pero, aun así, hasta último momento combatimos. Pero también quiero dejar claro mi respeto a los británicos, porque sabían sin dudas que la victoria era de ellos. Tenían el control de mar desde el 1° de mayo, el control del aire, luego el control de la tierra, con un poder de combate significativamente superior... pero aun con todo eso no dudaron en seguir combatiendo hasta último momento para obtener la victoria. Tanto argentinos como británicos respetamos el derecho internacional igualitario, los usos y leyes de la guerra, es decir: en la guerra mis enemigos, pero con el máximo respeto.

Jeremy Moore y Martín Balza en Londres en 1996
Jeremy Moore y Martín Balza en Londres en 1996

-Con el tiempo, además de ser jefe del Ejército, fue también diplomático durante doce años, embajador en Colombia y en Costa Rica. Desde esa visión, ¿qué cree que se está haciendo y qué se debe hacer para recuperar la soberanía sobre las Malvinas?

-Primero que todo, conformar la necesaria e imprescindible unión de todos los argentinos, que no se hable más de grieta. Unión sobre todo en aquellas cuestiones de Estado, como es el caso Malvinas. No lo hemos logrado hasta ahora. Sin embargo, hay algo importante, se ha constituido el año pasado por ley del Congreso, aprobada por unanimidad, un Consejo de Malvinas, con miembros de distintos partidos políticos y miembros también que no son políticos ni están imbuidos por aspectos ideológicos ni partidarios. Eso es muy importante para que la posición en el tema Malvinas sea coherente cualquiera sea el gobierno de turno, porque no lo vamos a solucionar en un mandato presidencial, ni en dos, ni entres, ni en cuatro ni en cinco, pero si conformamos un frente serio, haciendo valer con seriedad y respeto no solo nuestra vocación de paz sino que también que la cuestión Malvinas es una razón de Estado va a ser importante.

-¿Y la cuestión de los isleños?

-Debemos respetar a los isleños, pero no son parte de la conversación. La conversación tiene que ser el gobierno argentino y el gobierno británico. Es cierto que hay una población británica, serán 1.770 o 1.800 los británicos que están en Malvinas y debemos respetarlos, pero no son parte del tema. Los ingleses son hábiles negociadores, y nosotros tenemos que hacer valer nuestros indiscutidos argumentos desde el punto de vista geográfico, histórico y jurídico, haciendo saber también al contexto internacional que la guerra es un renunciamiento a las escasas pretensiones de la humanidad. Que es mejor el sendero de la paz que el sendero de la guerra.

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