
“La vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio, debes seguir moviéndote”.
Al célebre científico Albert Einstein le pertenece la frase inicial. El físico se la escribió a su hijo Eduard en una carta que firmó en febrero de 1930. Pasaron más de 90 años y María Florencia Martino, que nació hace 30, lleva aquella filosofía como bandera.
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De su infancia revela (y sabe) que nació un 9 de agosto en la Clínica Maternal Lomas y que vivía en Bernal Oeste hasta el 2000, cuando su familia -madre, padre y cuatro hermanos- se mudaron a la localidad bonaerense de Temperley. Tres décadas después, Florencia mantiene el equilibrio moviéndose: es abogada, instructora y entrenadora de natación, voluntaria en un cuartel de bomberos de Lomas de Zamora y estudia para ser profesora de Educación Física.
“Mi mamá dice que siempre fui de ayudar. De estar presente. Cuando era chica tengo recuerdos puntuales: era traviesa, me gustaba el riesgo, moverme constantemente. Durante la secundaria tenía pensado estudiar medicina y un compañero me dijo: '¿Vos no podés con tu vida y vas a querer salvar las vidas de los demás?”, contó a Infobae.
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Aquel puñal impertinente la movilizó. Primero buscó ser guardavidas y para ello se recibió como instructora de natación. “Tenía un profesor que constantemente nos hablaba de la vocación de ser bombero. Y me gustaba escucharlo”, rememoró.
Su curiosidad por la actividad la acercó al cuartel de bomberos voluntarios de Lomas de Zamora. “Desconocía todo lo que abarcaba ser bombero. La actividad es sumamente amplia, va más allá de un incendio o de bajar un gatito de un árbol. A los bomberos también les compete los rescates acuáticos, con cuerdas, la búsqueda con animales. Capacitar a la comunidad, que también forma parte de nuestro sector”, revela.
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Su historia se difundió en el programa Héroes Invisibles (América TV, StoryLab), y en diálogo con este medio explicó que en 2014, tras una charla con su papá, decidió anotarse para estudiar Abogacía en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.
“Sentí que tenía que hacer algo porque no iba a hacer guardavidas para siempre. También sé que no puedo vivir eternamente en un natatorio. Me gustaba la carrera, pero el primer año me costó mucho: aprobé cuatro de las siete materias estipuladas. Pero a partir del segundo año me acomodé y empecé a meterle con todo. Y me recibí este año. Para mí fue increíble hacer esa carrera en este tiempo”, indicó.
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En la Asociación de Bomberos Voluntarios de Lomas comenzó a colaborar en 2011. “A mi familia le costó mucho entenderlo, siempre fui muy independiente y cuando se me mete algo en la cabeza lo hago”, sostuvo Florencia, quien explicó: “En el cuartel tenemos libertad horaria. Antes de la cuarentena iba cuando podía, en el momento que podía. Por ley tenemos que cumplir 40 horas y poseer tres convocatorias. Yo me organizaba para estar siempre, pero no podía cumplir a la par de otros compañeros”.
En simultáneo, cuando comenzó en el cuartel trabajaba en un hogar de adultos mayores, cursaba el instructorado de natación y estudiaba inglés. “Me despertaba a las 7 y regresaba a las 22. Intentaba dedicarme a hacer días fijos, por eso cuando organizaba mis cuatrimestres organizaba mis trabajos”, dijo.
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En cuanto a su rol como bombero, detalló que durante la cuarentena ha participado en el rescate de niños y niñas que quedaron atrapados en incendios que ellos mismos provocaron. “Muchos accidentes domésticos ocurrieron porque los padres tenían que ir a trabajar o hacer alguna compra y no querían exponer a sus hijos. Una vez, hace mucho tiempo, tuvimos un incendio en una casilla precaria. Cuando llegamos toda la madera y la chapa estaba incendiada, nos dijeron que ahí vivían siete chiquitos y que los padres los habían dejado solos para ir a bailar. Por suerte en ese momento estaban bajo el resguardo de la abuela, que los rescató cuando se propagó el fuego”.

Y agregó: “Ahora cambió todo porque en total, entre los cuatro destacamentos y un cuartel central, somos 140 personas. Nos organizaron para que todas las semanas estén los turnos cubiertos las 24 horas. Me toca a partir del lunes hasta el domingo siguiente”.
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Florencia vive a pocas cuadras del cuartel con su pareja, quien tiene una hija de seis años y también es bombero en la ciudad de Buenos Aires y voluntario en Lomas de Zamora. “Trato de sentir que las personas son cosas, porque si veo que hay un ser humano me afecta. Cuando nació mi sobrino hice un cambio, me encontré un nene en brazos, de mi sangre, y me tocó. Y las veces que fui a un accidente y me encontré un nene, intenté sentir eso para que no me repercuta emocionalmente”, contó.
Y narró: “Las intervenciones nos afectan a todos. Cuando volvemos al cuartel el ambiente es difícil, estamos susceptibles. Pero ponemos una pava, nos sentamos a mates y charlamos. Pero me atraviesan dos sensaciones. Cuando estamos en grupo y veo el fuego soy de acero, no me afecta nada. Y cuando estoy sola tengo una alarma en la cabeza, la cual me dice ‘no, no, no’. Porque escucho como la temperatura deteriora las estructuras y todo se puede caer. Pero me meto igual".
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Florencia pasa sus veranos como guardavidas en una playa de la localidad de Colón, en Entre Ríos. Para la próxima temporada volvieron a ofrecerle la silla junto al río, decisión que aún no tomó. “He terminado guardias con dolor de cabeza. La playa estaba preciosa, pero había un montón de gente o creció el río o tuve que sacar a un nene. Para el año que viene no sé, le dije a mi pareja y no le gustó mucho”, sostuvo entre risas.
Y completó: “Como bombero el miedo siempre está. Si no tuviésemos miedo no tomaríamos todas las precauciones necesarias. Pero yo no siento que soy bombero únicamente cuando estoy en el cuartel: me siento las 24 horas del día así. Y mucho antes también, porque si veía que le robaban a una persona en el tren me metía. Creo que el quiere hacer algo lo hace. Yo me siento de todo, no creo que soy una sola persona”.
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