Se llama Angelo Milano, es peluquero y tiene 80 años. Nació en Sicilia, y cuando tenía diez años viajó a nuestro país por miedo a que allí continuara la guerra. Un tío que vivía en Argentina lo llamó y le dijo que lo esperaba acá.
Angelo nunca pensó que sería peluquero, pero su tío tenía una peluquería y fue allí donde se enamoró de su profesión.
Por su salón pasaron miles de figuras. Las dos madrinas más importantes dentro del espectáculo fueron Nélida Roca y Nélida Lobato.
“Era una época tan linda, teníamos 100, 120, clientes por día”, recuerda con nostalgia Milano, quien entre sus clientes tuvo a Olmedo, a Porcel, a Gerardo Sofovich, a Rolo Puente, a Sandro, a Palito Ortega, a Cacho Castaña, a Luis Miguel, a Raphael y a Julio Iglesias.
De la esfera de la política asegura que atendió a los “más pesados” del sindicalismo y a muchos personajes emblemáticos. “A Macri no lo atendí porque es de Boca”, dice, y del actual presidente cuenta que un día fue a la peluquería, se enojó y le espetó: “A esta peluquería no vuelvo más”.
Hoy, con más calma y adaptado a los nuevos tiempos y costumbres de la pandemia, Angelo disfruta de sus amigos, que hoy son su familia. Con 80 años, no hay pandemia que a Angelo le quite el entusiasmo.

—¿Cómo se adaptó a todos los cambios que hubo en el país, a las tecnologías, a los distintos gobiernos y ahora al virus?
—Lo del virus dejalo aparte. Primero te digo que lo que más aguante acá, más de veinte años –te diría casi para treinta–, son todos los piquetes que se hicieron acá, con todos… porque acá vienen muchos sindicalistas, también, y se han ido, también; el último que se nos fue, mi amigo Lezcano, que era un señor que siempre trabajaba para una empresa, no trabajaba para los ladrones, y no quiero nombrar más, porque hay varios, pero al país los arruinaron ellos. Los turistas que teníamos [como clientes] nosotros se preguntaban: “¿Pero esos tipos son normales?”. “¿Son argentinos?”. “¿De dónde salieron?”. “No puede ser que hayan hecho esto sin tener diálogo”. Yo hice sexto grado, y por obligación, porque si yo no hacía sexto grado, no me daban trabajo en ningún lado, y estos tienen más de sexto grado, tienen primer año, son ingenieros… Pero son ladrones, no quieren al país, así que yo me aguanté todo. Vi los muertos que hubo acá con De la Rúa, y los heridos que yo he visto acá, esto no me lo puede negar nadie, porque lo vio el país.
—¿En algún momento sintió que se moría la peluquería?
—No. La peluquería es un lujo, y además, si no existiera la peluquería, ¿las mujeres qué harían?
—¿Hoy es difícil tener una buena peluquería?
—Vos tenés que sacar del medio a la gente que usa la peluquería para lavar dinero, para vender droga. ¿Te das cuenta? Y esto es lo que pasa. Acá los últimos dos años, por ejemplo, el sindicato de los empleados de peluquería abrió de 800 a 1000 peluquerías en Capital Federal, y no está habilitada ninguna. En los últimos dos años, se reinventaron las peluquerías con el nombre de barberías…
—¿Con qué colegas se siente más identificado?
—Con cuatro generaciones... Andrea era un número uno, murió. Era el tío de Leo Paparella. Esa gente trajo en el maletín –cuando vinieron de Italia– el oficio dentro, cortaron el pelo en el barco, cuando vinieron los muchachos que estaban ahí, y tienen fotos de esa época. ¿Vos te a imaginás a este hombre? Con noventa y pico de años murió, tuvo las mejores peluquerías en Barrio Norte, en Punta del Este, en Mar del Plata, mandaba un equipo para… y bueno… Leo hizo lo mismo, trabajó bien. Después, para mí, el número uno…
Sobre el número uno para mujeres, hay una competencia entre él y yo, es Miguel Romano. Miguel Romano tiene una trayectoria importante, igual que yo, siempre en el mismo lugar. Él aprendió el oficio y abrió una peluquería en Santa Fe y Cerrito, y no le gustó el lugar porque tenía el problema del ruido de los autos, y se puso al lado del Alto Palermo, y ahí sigue. Siempre atendió. ¿Vos te creés que con una persona como esa, Susana Giménez no te levanta a un peluquero si es bueno [sic]?

Dentro del ambiente artístico son más los peluqueros de mujeres que de hombres, ponele, arrancás con Miguel, seguís con Oscar Colombo, con Sanders, y de los chicos jóvenes, el que era bueno en su momento es este que está en la villa ahora, Rubén Orlando, pero hizo muchas macanas, muchas macanas, se peleó con Giordano, y se mataron entre los dos.
—¿A qué políticos atendió? ¿A Carlos Menem?
—No. Jugaba al golf con él, jugábamos al truco con Gerardo Sofovich, con Rolo Puente. Hay anécdotas muy interesantes.
—Recuérdenos la más importante.
—La más importante fue cuando íbamos a jugar al truco y Gerardo dijo: “¿Vos con quién vas a jugar? Yo no juego ni con vos ni con Menem”, bueno, no le decíamos Menem…
—¿Era presidente en ese momento?
—Era el Presidente. Yo jugué con Rolo, empezamos a hablar, daban las cartas, y en ese momento tiré las cartas arriba de la mesa y dije: “Si usted llega a hacer eso –y lo señalo con el dedo–, usted está equivocado”. Tiraron las cartas y me dijeron: “¿Cómo le decís eso al presidente?”; yo me había achicado, pero me hacía cada vez más grande, bueno, conclusión, esperé un cachito, todos sabíamos de quién estábamos hablando, [y le dije]: “Si usted hace ese negocio con esa persona usted está… así”, le dije [haciendo gesto de loco con la mano]. Te lo digo despacito para que lo sepas, total, ahí teníamos como testigo a Rolo, bueno, y a Gerardo, que no están más… Entonces, se levanta el jefe de la mesa… –es la anécdota más linda que tengo, cuando la cuento a los que lo conocieron...–, se levanta el presidente y dice: “Momento, compañero, el italiano tiene razón” –¿por qué me sale a mí toda esa bronca contra él?, y era una colega tuya periodista, se hacía pasar por periodista– y para cerrar el tema… es chilena… [sic]. Entonces, yo le dije: “Si llega a hacer eso es un tarado”, en referencia al futuro casamiento de él con Cecilia Bolocco.
—¿Por qué le dijo eso?
—Porque yo conocía a los dos playboys de Roma, y me entero de que uno de ellos salía con ella en Miami. No era buen partido, era una mina que hizo un negocio espectacular, mirá cómo está hoy en día, con un hijo y con la plata que se quedó.
—¿A Macri lo llegó a atender?
—No, porque es de Boca.
—¿Pero lo conoció?
—Sí, obvio, somos la mafia…, yo soy siciliano, pero no soy de la misma mafia. Con él teníamos la misma charla de estar dentro del ambiente, porque Ángelo Calcaterra, el primo, es pariente mío también… Pero no tengo nada que ver con él, yo soy un tipo trabajador, amante de mi oficio, y quiero que esto salga adelante, porque sería una vergüenza que un país, con lo que tiene la Argentina, no esté en orden sanitario.
—¿Cómo ve al país hoy? ¿Alguna vez peinó al Presidente?
—Bueno, en este momento lo está peinando un sobrino mío… Marcelo Cuggini –cuyo apellido no es Cuggini, sino Masei–.
—¿Usted nunca lo atendió a Fernández?
—Hace treinta y pico de años, cuando él tenía treinta y pico, recuerdo que hubo un problema por una discusión que se armó acá. Un día estaba Carlitos Spadone y no me acuerdo quién de SMATA en ese momento, creo que era Taccone, un pesadísimo de la Ítalo, de Luz y Fuerza, y hubo un tema con el horario. El señor este tenía turno a las tres de la tarde, pero llegó tres y cuarto, y yo ya había empezado a atender al otro, y me dice: “¿Por tres minutos?”.

—¿Quién vino a las tres y cuarto?
—El que hoy es Presidente, y le dije: “Y si siempre venís, te pones a discutir, a pelear y, ¿ahora porque llegaste tarde te enojás?”. Seguí discutiendo. “No, no, me tengo que cortar”. “¿Por qué no te cortas con el alto?”, le tiré, y después de eso, dijo: “Chau, no me cortás más”. Pero es temperamental “el Alberto”.
—¿Atendió alguna vez a Luis Miguel?
—Con Luis Miguel sí tenemos una anécdota muy famosa.
—¿Cuál?
—Cuando me dijeron que a tal persona le iba a cortar el pelo, yo creí que me estaban cargando, que me estaban haciendo una broma. A las diez de la noche me llama Polo Martínez y me pide por favor que fuera a cortarle el pelo a Luis Miguel, porque había ido otro peluquero y le había hecho un desastre. Le respondo: “¿Vos me estás cargando?”.
—¿Recuerda ese encuentro?
—Salió todo bárbaro, charlamos un poquito, yo le dije: “Vos sabés que yo a tu papá lo conocí, lo iba a ver, porque yo la peluquería la abrí a la vuelta de los boliches donde actuaba tu papá, El flamenco, acá, en la avenida de Mayo”, era todo de los españoles, flamenco toda la noche. Un mundo lleno de drogas, y en esa época era otra cosa, pero la droga los arruinó a todos.

—Con su experiencia, ¿cuál cree que puede ser una solución para el país?
—Tiene que conformarse una comisión de gente, un presidente solo no sirve, una comisión, diez tipos tienen que estar ahí, que estén de acuerdo, si están de acuerdo ellos, el país va a ir adelante, diez tipos, no un presidente, y poner leyes bravas, basta de cargadas, los celulares van a hacer una explosión en cualquier momento, si querés te lo anoto ahora…

—¿Cuál fue el día más feliz de su vida?
—Yo tenía 48 años cuando conocí a mi última pareja, y a los 50 años yo tuve mi primer hijo, y después vino la otra. Calculá que si yo tenía 50, cuando estas dos señoritas tuvieran 20 cada una, pensaba: “Yo en 20 años voy a tener 70, y ya estoy listo…”.
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