
En medio de la crisis desatada por el COVID-19 y los ya cuatro meses de aislamiento obligatorio en toda el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), un estudio concluyó que el 50% de los porteños se irían a vivir a otra ciudad para tener una mejor calidad de vida si pudieran hacerlo.
En un informe elaborado por el observatorio “Gente en Movimiento”, coordinado por la diputada nacional Gisela Marziotta, la razón de esa gran fracción de habitantes de la Ciudad de Buenos Aires para tomar la decisión de irse es su delicada situación económica y las complicaciones para pagar colegios privados, prepagas y alquiler.
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“Se podría pensar que esto es algo principalmente de los jóvenes, cuestión que podría ser considerada como un deseo transitorio. Pero viendo este mismo dato por edad, observamos que es un fenómeno extendido”, precisa el documento. “Dejando de lado a los mayores de 60 años, en todos los rangos etarios más de la mitad de los porteños se irían vivir a otra ciudad si pudieran”.

La primera entrega de este informe, que indagó principalmente sobre cómo la crisis del COVID-19 había expuesto y profundizado las desigualdades económicas existentes en la Ciudad, reveló que entre las principales preocupaciones de los porteños se encuentra la imposibilidad de pagar el alquiler: en julio, el 60% de los inquilinos señalaron que no están en condiciones de hacerlo. El porcentaje representa aproximadamente 216 mil hogares y 576 mil porteños en esta situación.
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Esta investigación, además, corroboró lo observado en el tercer informe: un 31% de las familias con hijos en colegios privados está considerando cambiarlos a una escuela pública.
Según se plantea en el estudio, la educación estatal porteña podría sufrir un desborde si esto ocurriera a raíz de la merma de recursos en las familias a causa de la pandemia y no se plantean en simultáneo políticas que atiendan la nueva demanda de vacantes.
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“De no haber medidas y de mantenerse esta tendencia, este traspaso implicaría una demanda adicional de 93.310 vacantes en las escuelas de gestión pública”, indica la investigación. “Este requerimiento extraordinario de vacantes se daría en un sistema educativo ya colapsado. Cada inicio de clases la falta de vacantes está en el centro de la agenda con números que oscilan entre las 9 y 22 mil faltantes”. En este sentido, además, 34% de los porteños considera cambiar a su hijo a un colegio más barato.
El ajuste en gastos educativos del 65% de las familias con hijos en colegios privados, por otra parte, se condice con otro dato relevante de esta ronda de campo: el 50% de las familias con hijos en colegios privados considera que no está en condiciones de pagar la próxima cuota de la institución educativa.
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Por otro lado, el informe analiza también los desafíos de la salud pública. El 49% de los porteños que tienen una cobertura de salud privada, sea obra social o prepaga, está considerando dejar su cobertura actual y pasar a ser usuario de la salud pública.
“Este dato tiene una implicancia particular en la Ciudad de Buenos Aires, ya que es un distrito con un alto grado de privatización en el ámbito de la salud, y donde tan solo el 18,7% se atiende en establecimientos públicos”, destacó Marziotta.
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En caso de no haber cambios, esta presión se traduciría en 936 mil nuevos usuarios en el sistema de salud público. Esa oleada, además, implicaría un aumento del 173% de la demanda actual. Y esa posible futura demanda adicional se corrobora con el dato de que el 32% de los porteños con cobertura de salud privada considera que no está en condiciones de pagar la próxima cuota del servicio.

Otro de los temas abordados por el estudio a la hora de evaluar la calidad de vida fue la distribución de espacios verdes, que es desigual entre las distintas comunas. Por ejemplo, el barrio de Palermo posee 14 metros cuadrados por habitante mientras que la comuna 5, integrada por los barrios de Almagro y Boedo, tiene menos de 20 centímetros cuadrados de espacios verdes por habitante.
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Por otra parte, el estudio también investigó cómo el uso de tecnologías también llegó a las nuevas prácticas delictivas. Una de las más comunes es el grooming o ciberacoso, que consiste en acoso sexual de menores a través de internet. Hoy los chicos están más expuestos dado que pasan más tiempo frente a las pantallas.
Según el informe, 1 de cada 4 porteños conoce a alguien de su entorno cercano que sufrió ciberacoso. El dato cobra especial relevancia dada la gravedad de este delito y si se tiene en cuenta que el 28% no conoce esta práctica delictiva.
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