Los argentinos que pasan la cuarentena en un crucero donde hubo muertos por coronavirus: “Es una pesadilla”

Claudia y Juan Henning se embarcaron en el crucero Zaandam, el 7 de marzo en el puerto de Buenos Aires. En medio del viaje de placer, el virus se expandió cerrando todos los puertos. Ellos, junto a 10 compatriotas más, no pisan tierra firme desde hace un mes. En el barco hubo contagiados y muertos por COVID-19

Claudia y Juan Henning se encontraban en su camarote esperando nuevas noticias, deseaban saber cuándo iban a poder bajar del crucero que se transformó en una pesadilla desde que comenzó la expansión del coronavirus. Empezaron a escuchar ruidos en el pasillo, extraño. Ya no había casi pasajeros dentro de la nave, solo quedaban 12 argentinos más. De repente por debajo de la puerta ingresó una especie de spray con una olor fuerte. Nauseabundo. Claudia junto a Juan comenzaron a vomitar inmediatamente. La tripulación estaba desinfectado la embarcación, por el virus. Claudia no bien se recuperó tomó sus guantes y su barbijo y rompió la regla. Salió corriendo de la habitación hasta encontrar una cámara de seguridad. Se la acercó y comenzó a gritar, desesperada, que la saquen de allí, que no aguantaba más.

“Aquel día el encierro me pudo, entre en un estado de ira y por el miedo a la locura que tiene la gente, por primera vez vino a verme un tripulante con cierta jerarquía para decirme que me calme y que tenía que volver a la habitación. A lo que mi esposo, que me siguió, le empezó a gritar al tipo este que nos iban a asesinar con esos solventes que lanzaron y gracias a eso, ahora, por lo menos, estamos en un camarote un poco mejor”, le contó Claudia a Infobae cumpliendo casi un mes de encierro dentro de su camarote.

La última vez que pisaron tierra firme fue el 17 de marzo y desde aquel día que en ningún puerto los deja desembarcar. En el medio de lo que ya era un desafortunado viaje de placer por la incertidumbre de no saber cuánto tiempo iban a pasar allí dentro, pasó lo peor. Arriba de la nave murieron 4 personas con síntomas de coronavirus
La última vez que pisaron tierra firme fue el 17 de marzo y desde aquel día que en ningún puerto los deja desembarcar. En el medio de lo que ya era un desafortunado viaje de placer por la incertidumbre de no saber cuánto tiempo iban a pasar allí dentro, pasó lo peor. Arriba de la nave murieron 4 personas con síntomas de coronavirus

Claudia y Juan Henning son pareja. Habían decidido tener unas vacaciones sobre el mar. Querían conocer las Islas Malvinas y después pasear por el sur chileno, que eran las atracción principales del viaje. Así se embarcaron en el crucero Zaandam, de la empresa Holland America Line, el 7 de marzo pasado en el puerto de Buenos Aires. El plan era tener una vacaciones distintas, conocer un destino exótico, tal vez único, por lo que significa, y volver a casa para contar de qué se tratan aquellas islas. En el medio de la aventura, el coronavirus se esparció por el mundo, llegó a región y los Gobiernos de todo el mundo comenzaron a tomar medidas sin precedentes en lo que significa la salida y la entrada de las personas a sus países.

El viaje se transformó en una pesadilla flotante. La última vez que pisaron tierra firme fue el 17 de marzo y desde aquel día que en ningún puerto los dejan desembarcar. En el medio de lo que ya era un desafortunado viaje de placer por la incertidumbre de no saber cuánto tiempo iban a pasar allí dentro pasó lo peor. Arriba de la nave murieron 4 personas con síntomas de coronavirus y cientos de pasajeros se reportaron con las mismas dolencias. Pocos días después se confirmó: el virus había entrado al barco. Desde aquel día, el 22 de marzo pasado, que están encerrados en distintos camarotes sin poder salir por orden de la tripulación.

El crucero deambuló por el mar durante varios días sin destino, probando bajar en algunos puertos, pero nada. Ningún país los aceptaba. Tal crítica fue la situación después de los muertos que, en el medio del camino, en el canal de Panamá, tuvieron que cambiar de barco. Al crucero Rotterdam, donde se encuentran ahora, de la misma empresa. En un operativo que contó con la ayuda de varias naciones, con idas y vueltas diplomáticas, lograron atravesar el canal en la nueva nave. Hasta que llegaron al puerto de Fort Lauderdale, en Florida, donde la mayoría de los pasajeros del crucero fueron llevados de vuelta a sus países. Allí, la pareja vivió un desafortunado hecho, una falsa promesa. En un principio iban a ser llevados en un vuelo chárter pagado por la empresa hacia Montevideo y desde allí, el Gobierno nacional los iba a traer al país. Pero nada de eso pasó y se frustró el plan cuando estaban por abordar el avión.

Imagen de archivo. Un buque de suministros es visto junto al crucero Zaandam, donde murieron cuatro pasajeros, fotografiado desde la costa de Ciudad de Panamá, Panamá. 27 de marzo de 2020. REUTERS/Erick Marciscano
Imagen de archivo. Un buque de suministros es visto junto al crucero Zaandam, donde murieron cuatro pasajeros, fotografiado desde la costa de Ciudad de Panamá, Panamá. 27 de marzo de 2020. REUTERS/Erick Marciscano

Lo único que pedimos es no seguir flotando. Hace un mes que estamos en movimiento. Es el día de hoy que quiero saber por qué estoy acá, en el medio del mar, sin rumbo, no tenemos ni idea a donde vamos tampoco. Queremos que llegue al Gobierno este mensaje”, relató Claudia. La embarcación se dirige a las costas de Bahamas, según informaron.

Aún quedan 12 argentinos dentro de la nave Rotterdam, a la espera de que las autoridades los dejan bajar.

Mientras tanto, sus horas, sus minutos, las pasan encerrados en un camarote sin poder salir, el último pedazo de tierra firma que vieron fue hace pocos días, a pocos metros, tenían el cemento del puerto de Miami, que les marcaba que cada vez estaban más cerca de salir de ahí. Pero todo cambió.

imagen desde el balcón del crucero antes de ir del puerto de Miami
imagen desde el balcón del crucero antes de ir del puerto de Miami
El crucero deambuló por el mar durante varios días sin destino, probando bajar en algunos puertos, pero nada. Ningún país los aceptaba. Tal crítica fue la situación después de los muertos que, en el medio del camino, en el canal de Panamá, tuvieron que cambiar de barco. Al crucero Rotterdam de la misma empresa.
El crucero deambuló por el mar durante varios días sin destino, probando bajar en algunos puertos, pero nada. Ningún país los aceptaba. Tal crítica fue la situación después de los muertos que, en el medio del camino, en el canal de Panamá, tuvieron que cambiar de barco. Al crucero Rotterdam de la misma empresa.

“Quedamos atrapados, estamos desesperados. Queremos que se nos saque de este lugar. Necesitamos eso. Nos quedamos encerrados en un barco, qué es lo que pasa. No sabemos nada, no sabemos por qué seguimos encerrados acá”, le dice Claudia a Infobae mientras espera novedades urgentes sobre su futuro.

“La responsabilidad de esto lo tiene nuestras autoridades nacionales, tiene que hacer algo para sacarnos de este barco como lo ya lo hizo con 1300 europeos que ya están sus casas. Somos 12 pasajeros fantasmas. Estamos en el medio mar. ”, agrega Claudia

La situación para los que están dentro del barco fue cambiando a partir del incremento de los problemas. Primero los puertos de todos los países de la región que les negaron desembarcar, luegos pasajeros y tripulantes enfermos, después cuatro pasajeros muertos con sospechas de coronavirus y por último la confirmación que el virus había entrado al barco.

Claudia mirando por la ventana del anterior camarote, en el barco donde fallecieron 4 pasajeros
Claudia mirando por la ventana del anterior camarote, en el barco donde fallecieron 4 pasajeros

De este modo, sus días de encierro fueron de peor a mejor. “Hubo un momento en que no hubo alimentos. Y comíamos lo que se podía, con mucho miedo. Porque en el momento que explotó el brote del virus en el barco, no queríamos ni comer por miedo a contagiarnos. El barco no contaba ni con barbijos, ni con las medidas suficiente de control como para darnos seguridad”, contó Claudia.

Recién hace dos días empezamos a comer bien. Saludable. Por suerte agua nunca nos faltó”, siguió.

Cualquier movimiento que llega desde el otro lado de la puerta, se transforma en una preocupación dentro del camarote por el miedo a que el virus ingrese por el lugar menos pensado. “Lavamos todo antes, platos, cubiertos, todo”, aclaró.

Luego, el tema de la higiene es otro de los asuntos. “Lavamos con jabón y lo colgamos en el baño. No se nos retiran las toallas, por temas de sanidad, así también las lavamos. Hacemos todo dentro de estas cuatro paredes, siempre nos dejaron jabón y papel higiénico”, contó.

"No podemos salir al pasillo. La puerta de salida la llamamos ´la puerta prohibida´. Ahora estamos viviendo con lujos, la verdad. En el otro camarote en el que estábamos antes pasamos momentos muy malos. Casi sin comida, mucha tensión. Estamos mejor ahora, pero hace un mes que estamos flotando.
"No podemos salir al pasillo. La puerta de salida la llamamos ´la puerta prohibida´. Ahora estamos viviendo con lujos, la verdad. En el otro camarote en el que estábamos antes pasamos momentos muy malos. Casi sin comida, mucha tensión. Estamos mejor ahora, pero hace un mes que estamos flotando.

Por otro lado, Claudia, dijo: “Además a todo esto hay que agregarle la cuota de que estás sobre el mal y el barco se mueve. Podés tener días de un mar tranquilo, o días con el mar enojado. Yo tuve dos enteros días en el otro barco mientras navegábamos, en los que vomité por el malestar que me generaba el movimiento del crucero”.

“No podemos salir al pasillo. La puerta de salida la llamamos ´la puerta prohibida´. Ahora estamos viviendo con lujos, la verdad. En el otro camarote en el que estábamos antes pasamos momentos muy malos. Casi sin comida, mucha tensión. Estamos mejor ahora, pero hace un mes que estamos flotando. Y estamos en el medio del mar, sin rumbo. Sin saber a donde vamos a ir parar", relató.

Los 12 argentinos dentro del crucero aguardan novedades. Según lo que les comunican, Cancillería está en tratativas para sacarlos de allí y ponerlos en vuelo en chárter, pero ya no tienen muchas ilusiones. Es lo que más queremos que esta pesadilla termine de una buena vez y para siempre para volver a casa”, concluyó Claudia.


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