El 1º de abril de 1975 ocurre un hecho que saltará a la tapa de los diarios meses más tarde, desatando una crisis interna en el Ejército. Ese día, en la Casa Rosada, la presidente recibió las cartas credenciales de los nuevos embajadores de Iraq y Jordania. Como es costumbre, el Regimiento de Granaderos está presente en la ceremonia para rendir honores. Al retornar a su unidad, un vehículo que acompañaba a los efectivos a caballo presenta un inconveniente. Un oficial—teniente Juan Carlos Segura—buscó un teléfono para pedir un auxilio. Un policía le indicó un edificio en el número 3297 de la avenida Figueroa Alcorta, donde fue recibido efusivamente. El individuo que lo atiende le expresó el honor de tener en el lugar a un oficial de Granaderos e inmediatamente le informó que en ese edificio, dependiente del Ministerio de Bienestar Social, trabajan hombres de la Policía y las Fuerzas Armadas y que allí funcionaba un cuartel de la Triple A. El hombre le agrega a Segura que el fin de semana anterior “nos levantamos” más de una docena de víctimas. También le presentó a una mujer que se identificó como secretaria de José López Rega. Al regresar a su cuartel, el oficial informó a su jefe, el coronel Jorge Sosa Molina, quien le ordenó que le elevara un informe por escrito, con firma irreconocible y, en escasas horas, el jefe de Granaderos entregó el informe al jefe de Operaciones del Estado Mayor, general José Teófilo Goyret. Es el comienzo del fin del jefe del Ejército, teniente general Leandro Anaya. El mismo día, en Caseros, Gran Buenos Aires, cayó la fábrica de ametralladoras JCR-1 del ERP. En esa misma época el PRT-ERP todavía contaba con una fuerza considerable: Para el ex militante del PRT-ERP, Daniel De Santis, en los tres años posteriores al 25 de mayo de 1973, de 450 miembros orgánicos pasó a 6.000 (combatientes y militantes de la Juventud Guevarista) y 30.000 simpatizantes y contactos del PRT.

El 10 de abril, la policía bonaerense desbarató una poderosa célula de la “Junta Coordinadora Revolucionaria”. Los diarios de la época la daban por “extinguida”. Desconocían la verdadera dimensión de la organización que nucleaba al PRT-ERP (Argentina), MIR (Chile), PRTB-ELN (Bolivia) y MLN-T (Tupamaros, Uruguay). Los procedimientos costaron la vida a dos extremistas y heridas graves a dos policías. Produjeron la detención de 25 personas (21 extranjeros), el secuestro de un poderoso arsenal valuado en 1.000 millones de pesos viejos. La Argentina era un “aguantadero” del terrorismo.

El domingo 13 de abril de 1975, se habían realizado elecciones para elegir gobernador y vice en la provincia de Misiones. Pese a las denuncias de la oposición por el oneroso apoyo del poder central a la formula justicialista (dinero, alimentos y todo tipo de elementos), los candidatos del PJ, Miguel Ángel Alterach y Ramón Arrechea, derrotaron a los radicales Ricardo Barrios Arrechea y Alejandro Falssone por un margen escaso. Mientras sonaban los festejos del peronismo, con el bombo de “Tula”, en Posadas, Ricardo Balbín dejó caer una sentencia: “Van a embriagarse de poder”. Y días más tarde agregaría: “A dos años de gobierno tenemos que hacer un balance negativo; nada, nada anda del todo bien, y casi diríamos que todo anda del todo mal en el país”.

La elección misionera presentó la particularidad de que también participaron los Montoneros (5,6%) a través de su Partido Auténtico. Es decir, la organización terrorista había pasado a la clandestinidad en septiembre de 1974 y al mismo tiempo se presentaba en la contienda electoral. Mientras la sociedad votaba en Misiones, el mismo día el PRT-ERP atacaba en Santa Fe el Batallón de Arsenales 121, intentando dar otro “salto cualitativo en la guerra revolucionaria”.

El 14 de abril, el PRT-ERP atentó con explosivos la oficina del contralmirante Adriano Roccatagliata en el Edificio Libertad. El 15 de abril, tras las gestiones del titular de la cámara baja, Raúl Lastiri, y el jefe del bloque radical, Antonio Tróccoli, y con la única presencia del ministro del Interior Alberto Rocamora, Ricardo Balbín se entrevistó con Isabel Perón. En la reunión se conversó sobre temas relacionados con la economía, la educación y la violencia. Casi al final, el líder radical pidió estar unos minutos a solas con la Presidente. Se especuló en ese entonces con que había hablado de la conducta de José López Rega.

Un trabajo de análisis del Departamento de Estado sobre la renovada violencia política argentina, realizado el 16 de abril de 1975, evalúa que: “La violencia terrorista dirigida a socavar el gobierno del presidente Perón se ha renovado en los dos últimos meses. En meses anteriores, la presión de las fuerzas de seguridad había dado lugar a una reducción en la actividad de la guerrilla y fomentado la impresión, en parte por la publicidad, que el gobierno de Perón fue ganando ventaja sobre el terrorismo. Eventos posteriores han dejado claro sin embargo que los terroristas conservan su capacidad para producir hechos de violencia, incluso en la provincia de Córdoba, donde supuestamente habían sido derrotados”.

El sábado 26 de abril se reunió la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical. Todos los oradores trataron la cuestión de la violencia extremista. El jefe del bloque de senadores, Carlos Perette, llegó a revelar que en los episodios de Ezeiza del 20 de junio de 1973 “hubo cuatrocientos muertos, ochocientos heridos y un solo procesado.” El titular del bloque de diputados nacionales, Antonio Tróccoli hizo hincapié en lo que denominó “la violencia protegida”. Y Balbín, sin nombrarlo, le respondió a los sectores afines al dirigente Raúl Alfonsín: “Para los que dicen que somos blandos: el punto esencial de esa entrevista (la que mantuvo con Isabel Perón el martes 15 de abril) fue la violencia, y ahí acusé que había un sector del país que estaba cerca de la Casa de Gobierno, que está ejerciendo una violencia protegida.”.

El canciller Juan Alberto Vignes buscó acercar a Isabel Perón a los gobiernos afines del Cono Sur. En abril de 1975 viajó a Santiago de Chile, donde entre el 9 y 11 tuvo oportunidad de analizar cuestiones técnicas de la relación bilateral y cotejar con su colega chileno “puntos de vista sobre determinados aspectos de la situación internacional y, en particular, sobre temas que interesan especialmente a América Latina.” (Comunicado conjunto del 11 de abril de 1975). También condecoró con la Orden del Libertador al canciller trasandino, almirante Patricio Carvajal Prado, e invitó a Augusto Pinochet a realizar una visita a Buenos Aires.

La visita se concretó por espacio de seis horas el viernes 18 de abril, pero Pinochet no salió de la base aérea de Morón. De todas maneras encontró la oportunidad para aconsejar a Isabel de Perón. Lo hizo durante un corto trayecto que recorrieron en automóvil y los testigos fueron el Edecán Naval, otro acompañante y el chofer presidencial. “Señora -le dijo- para gobernar hay que ser duro: palo, palo y palo”. En Morón firmaron una declaración conjunta, en la que ambos países ratificaron sus derechos sobre la Antártida; expresaron la mutua voluntad de mejorar las condiciones del transporte por el estrecho de Magallanes; constituir empresas binacionales; llegar a acuerdos por el gas y promocionar el turismo bilateral.

Para ser sinceros, al margen de los dos mandatarios, en otros salones, conversaron los especialistas en Inteligencia sobre la cuestión de la infiltración marxista en ambos lados de la cordillera. En la Argentina operaban elementos del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y, en Chile, el PRT-ERP auxiliaba a la extrema izquierda. Como era de esperar, la izquierda, en todos sus tonos, condenó la cumbre. Además, otros sectores se mostraron disconformes por el tratamiento que Vignes daba al diferendo del Beagle. Bastaba con leer los artículos de la revista Estrategia dirigida por el general (RE) Juan Enrique Guglialmeli.

El 5 de mayo de 1975, Ladislav Svedja (entre el 30 de diciembre de 1974 y 30 de septiembre de 1977, “Smolik” fue la titular de la Inteligencia checoslovaca en Buenos Aires y figuraba como Secretario de Tercera en la Embajada y firmaba como Smolik) envió un análisis de la reunión con el mandatario chileno por valija diplomática a la Central de Praga, sosteniendo que la Presidente Perón “durante el encuentro con el presidente Pinochet en la base aérea de Morón, con su comportamiento exagerado y de mal gusto, apoyó las fuerzas extremistas de derecha en el país. Se puede decir que de este modo mostró la dirección de su gobierno […] su postura significa un viraje absoluto a la derecha de toda la política gubernamental, siguiendo las ideas políticas pro norteamericanas y de López Rega. De este modo ayudaría a sacar al gobierno de Pinochet de su aislamiento internacional y esto cuenta con la ayuda de medios militares.”

Una semana más tarde, desde Santiago de Chile, el embajador argentino Carlos Amaya envió la Nota “Reservada” Nº 169, del 25 de abril de 1975, en la que informó sobre la repercusión en los medios políticos y periodísticos de la cumbre Perón-Pinochet. “...la consigna (de la Junta Militar que gobernaba Chile) parece haber sido la de cubrir la información con amistosa sobriedad. En general se consideró al evento como importante y significativo dentro del esquema de la relación bilateral.” Amaya centró su atención en la importancia que la prensa trasandina dio al encuentro, sosteniendo que “implicaba para Chile un cierto aval, una suerte de respaldo frente a la comunidad internacional donde su situación sigue siendo comprometida”. También afirmó que los medios periodísticos destacaron que se trató de una conversación “entre los mandatarios preocupados por similares problemas: la subversión, el sistema interamericano, el precio de los hidrocarburos...”. También trazó la preocupación por ciertas interpretaciones que los medios chilenos dieron a la agenda no pública de ambos mandatarios, como el “avance de Venezuela como centro de poder en Latinoamérica y la situación de Brasil.”

El embajador argentino no dejó de señalar al canciller Juan Alberto Vignes que la Democracia Cristiana opinó “por vía de sus dirigentes que el Presidente Pinochet ha obtenido un respaldo sino a su gestión por lo menos a su condición de Presidente de Chile.” “El ex Presidente Eduardo Frei Montalva manifestó en privado que Pinochet debió haber hecho una visita de Estado y no celebrado un encuentro. Debió haber ido a visitar la Corte Suprema, realizar una gran recepción, etc.”. A continuación Amaya explicó: “Claro que Frei opina imbuido por la nostalgia de su presidencia, época en la que las circunstancias permitían otro tipo de ceremonial....” Como deseando congraciarse con el pensamiento de su gobierno, Amaya escribió: “Todos los chilenos más que saben, sienten, que en este dificilísimo trance que atraviesan por imperio no sólo de una orquestada campaña exterior, sino por un cúmulo de graves problemas, la Argentina, en la persona de su Presidente ha estado de su lado. Es un hecho, una verdad histórica que nadie podrá negar y cuyas proyecciones habrá de definir el tiempo.”

También desde Brasil se siguió con atención el encuentro presidencial en Morón. A través del Parte Informativo Nº 505, del 23 de Abril de 1975, el Encargado de Negocios de la embajada argentina en Brasilia, Rubén Vela, elevó al Palacio San Martín los comentarios de los medios sobre la cumbre presidencial: “El comentarista político Newton Carlos, ha opinado que el principal motivo del encuentro de los presidentes habría sido el de concertar una acción común contra la subversión organizada desde el exterior.”

Isabel Perón junto a José López Rega, creador de la Triple A. (Archivo La Gaceta)
Isabel Perón junto a José López Rega, creador de la Triple A. (Archivo La Gaceta)

En otras palabras, estaba por nacer el “Plan Cóndor” en pleno gobierno constitucional en la Argentina. Entre el 25 de noviembre y el 1º de diciembre de 1975 se realizó el primer encuentro “de trabajo de Inteligencia Nacional”, en Santiago de Chile. Intervinieron representantes de Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Enterado el gobierno norteamericano, el embajador Harry W. Shlaudeman le elevó a Henry Kissinger un trabajo de catorce folios titulado: “La Tercera Guerra Mundial y América del Sur”.

Así opinó el “Jornal do Brasil” del 18 de Abril de 1975: “Durante el encuentro entre la presidenta María Estela Martínez de Perón y el General Augusto Pinochet podría surgir un acuerdo sobre el combate al terrorismo. Los dos gobiernos no ocultan su preocupación por la estrecha colaboración que existe entre militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y el Movimiento de izquierda Revolucionaria (MIR). Después de haber colaborado con el Uruguay en materia policial y de seguridad, la Argentina parece estar interesada en llegar a un acuerdo semejante con Chile, con el cual tiene una frontera de 5 mil kilómetros. Las actividades de los grupos terroristas que actúan en la Argentina se concentran en las provincias del Noroeste.”

“La impresión general-- apuntó el consejero Rubén Vela-- es la de que se consideraría favorable un entendimiento argentino-chileno para la cooperación en materia de lucha contra la subversión, pero que existiría una velada expectativa ante la posibilidad de que un mayor entendimiento entre la Argentina y Chile pudiera, rompiendo el aislamiento de éste, alejarlo de la fuerte influencia brasileña.”

Previamente, en 1974, durante una conferencia de prensa que se realizó en Lisboa, Portugal, al amparo de la “revolución de los claveles” de los militares portugueses, el ERP anunció la constitución de un “Comando Conjunto Operacional” integrado por el ERP (Argentina), MIR (Chile), Tupamaros Uruguay) y ELN (Bolivia). En realidad, el anuncio constituyó el lanzamiento al plano internacional de una verdadera supranacional terrorista, fundada en Chile en noviembre de 1972 con el nombre de Junta Coordinadora Revolucionaria.

Lucía Hiriart de Pinochet, su esposo, Juan Perón y María Estela Martínez de Perón en la primera visita del dictador chileno al país.
Lucía Hiriart de Pinochet, su esposo, Juan Perón y María Estela Martínez de Perón en la primera visita del dictador chileno al país.

Mientras se sucedían las especulaciones en torno del encuentro presidencial de Morón, en esas horas, con la zona del aeropuerto fuertemente controlada por la policía bonaerense, el 17 jueves de abril de 1975 son detenidos en una parrilla, en Morón, Dardo Cabo, Juan Carlos Dante Gullo, Emiliano Costa y cinco compañeros más, acusados de estar esperando parte del dinero pactado por el rescate de los hermanos Jorge y Juan Born, secuestrados por Montoneros, en septiembre de 1974. Hablaban de cobrar cinco millones de dólares que debía entregar un ejecutivo del holding, de apellido Ganz, cerca del camino de Cintura.

Un simple dato revela el apoyo de la sociedad en la guerra contra el terrorismo: El aviso de la presencia de gente “rara” la dio el dueño del local a quien más tarde, los Montoneros, le dieron una represalia con explosivos. Dardo Cabo, señalado como uno de los asesinos del dirigente Augusto Timoteo Vandor (1969) y ex director de la revista montonera El Descamisado, murió años más tarde cuando se le aplicó la “ley de fuga” el 5 de enero de 1977. Gullo, ex jefe de la Juventud Peronista, estaba como el resto de los detenidos en la clandestinidad.

El 18 de abril de 1975, el niño Rodolfo Lagos Mármol, de un año de edad, fue arrancado de los brazos de su madre en pleno Palermo Chico por un grupo terrorista. Su tío, el empresario Juan Lagos Mármol, negocio el rescate. El niño fue abandonado en buen estado de salud, el sábado 26, en Lomas de Zamora. Nunca se confirmó, ni desmintió, si se pagaron 200 millones de pesos viejos.

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