Viviana Calcagno (51) trabaja desde hace nueve años en albañilería. Siempre le llamó la atención arreglar cosas y ver cómo quedaban terminadas. Pero cuando era niña lo veía como un oficio de hombre. ¿Cómo iba a tener éxito una mujer en ese oficio?, se preguntaba. Los tiempos cambiaron y hoy se luce en su trabajo. Hace revoques, construye, pinta y repara. Hasta hace trabajos eléctricos y de plomería. Muchos no le tenían fe cuando empezó -le preguntaban cómo iba a llegar a fin de mes-, pero su confianza en sí misma hizo que lo lograrse.
Cada día se levanta a las 6 de la mañana, mira su agenda, ve a qué barrio de de la Capital Federal le toca ir, agarra los materiales necesarios y sale de su casa. Así es la vida de Viviana. En nueve años, solo una vez sufrió discriminación por ser mujer y fue por parte de otra mujer que no confió en sus habilidades. Dice que la gente es muy amable y que su oficio es entretenido y didáctico. Sostiene que su oficio requiere de personalidad, pasión, paciencia y, sobre todo, mucho sacrificio. Esas son las bases. Después hay que salir a moverse.
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—¿Cómo fue que empezaste?
—Soy muy inquieta no me gusta quedarme en un trabajo mucho tiempo. Además me gusta pintar, revocar. Y un día dije me voy a dedicar a esto y así empecé. Al principio cuando me preguntaban a qué me dedicas, decía changas, porque cuando empezás es un poco difícil vivir de esto y podés tener solo uno o dos trabajos al mes, pero después con el tiempo que es el boca en boca, ahora puedo decir que es mi trabajo.
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—¿Qué es algo más difícil?
—Lo más difícil es poner un piso cerámico. Siempre te encontrás que está fuera de escuadra el cuarto entonces tenés que saber cómo llevarlo para que termine parejo.
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—¿Te discriminaron por ser mujer?
—Por suerte he dado con gente que no me juzgó por ser mujer. Una sola vez en 9 años una señora pensó que iba un hombre a arreglarle la casa y cuando me vio no quiso saber nada. Pero fue eso puntual, después no tengo mucho problema, de hecho ya hay muchas mujeres que hacen este trabajo.
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—¿Qué es lo mejor que te sale hacer?
—Lo que mejor me sale, impermeabilizaciones de terrazas. En todas las que hice hasta ahora no llovió mas.
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—¿Antes qué hacías?
—Hacía prótesis dentales, arreglaba dentaduras, ayudaba a las personas a tener una mejor sonrisa. Fui a un instituto privado de mecánica dental. Pero no llegué a tener nunca el título y sentí que me estaba estancando. Después trabaje en fábricas de todos los rubros: textil, metalúrgica, plástica y alimenticia. Mi último trabajo fue en una municipalidad, estaba en la parte de higiene urbana. Pero estoy feliz con lo que hago ahora, esto también lo hago porque o elegí no por una necesidad.
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—¿Cómo te contactan?
—Al principio solo me contactaban familiares o amigos. Con el tiempo me sirvió mucho el boca a boca y luego mi pagina de Facebook. Hará dos años que abrí la pagina, porque me dijeron “mirá que internet mueve mucho, hacete una página”, y eso me ayudó mucho.
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—¿Cómo fuiste aprendiendo?
—Siempre me gustó observar cuando alguien hacía algo, preguntar y decirle: “¿Me dejás probar?”. Y después con la práctica es donde vas aprendiendo. Me gustan los desafíos, una chica acá en Palermo me pidió que le hiciera un cielo raso, yo no lo sabia hacer y sin embargo me animé y pude.
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—¿Es fácil vivir de esta profesión?
—Al principio costaba porque hacía uno o dos trabajos al mes. Y ahora llego, no me lleno de plata, pero podés pagar las cuentas y comer. Todos los meses son distintos. A veces un poquito más, a veces un poquito menos. Pero puedo vivir.
—¿Alguna vez tuviste miedo a que no te llamen más?
—Lo importante es poder moverse uno, no sentarse a esperar que te llamen. Tengo esa filosofía. Me publicito en Facebook, en grupos de barrios. Y aprendí a no desesperarme si en 15 días no consigo algo, me lo tomo con paciencia.

—¿Qué aprendiste en este oficio?
—Con respecto a las personas aprendí que hay buena onda, o sea que la gente es noble, muy raro que encuentres a alguien maleducado. Algo que me llamó la atención es que a la gente le gusta que le cobren caro. Yo presupuesto lo que corresponde, y cuando vas a una casa que le sobra, que tienen mucho, si les cobrás poco piensan que no lo sabés hacer.

—¿Sentís la vocación?
—Yo creo que sí, porque si no ya hubiera cambiado de trabajo. Siempre me preguntan: “¿Te gusta tocar el cemento?”. “¿Te gusta llenarte de polvo?”. Sí, porque me gusta ver cómo queda el trabajo terminado.
—¿Cómo mutó la idea de ser mecánica dental a trabajar en albañilería?
—Cuando yo me puse a estudiar mecánica dental tenía 16 años, ni siquiera trabajaba en ese momento. Me gustan las manualidades. Yo tengo un problema genético, el cual hizo que ya desde chiquita mi dentadura no fuera perfecta y estudié eso, pero nunca me recibí. Pero después vino la albañilería y superó todas mis expectativas.
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