Francisco inauguró el monumento a los refugiados, una obra realizada por el artista canadiense Timothy Schmalz
Francisco inauguró el monumento a los refugiados, una obra realizada por el artista canadiense Timothy Schmalz

Una de las realidades más crudas profundizadas en este tiempo fue sin duda la inmigración a nivel internacional. Quienes cruzan el Mediterráneo, hasta los que atraviesan el Atlántico, quienes cruzan fronteras imaginarias y naturales; quienes escalan muros, y enrejados. Este año nos encontró en alerta y el arte se manifestó como bandera de los movimientos migratorios.

10 de diciembre de 2019. Amanece en Roma y el mundo conmemora una vez más el día internacional por los derechos humanos. En el barrio de Pigneto de la capital italiana, los vecinos llaman informalmente “la isla” a unos quinientos metros de calle principal; en esta calle pusieron en marcha una performance propuesta por el artista Fabio Saccomani que intenta contar la identidad de los más de 37 mil muertos en el Mediterráneo.

Estas personas muertas se registran desde el comienzo del último milenio, y son provenientes de países africanos principalmente, pero incluso de oriente medio, donde escapan de enfrentamientos armados, guerras civiles, y de contextos socioeconómicos inimaginables para la sociedad europea vecina a pocos kilómetros de distancia.

Estas decenas de miles murieron ahogados en las aguas del mar mediterráneo, algunos sin identidad, cuerpos que no se encontraron y otros como Aylan Kurdi el niño sirio que llegó hasta la orilla de Kos en Grecia y que su foto hizo despertar fuertemente a todo un planeta que no sabía de estas tragedias.

La historia de Kurdi, de tan solo 3 años, quien murió junto a su hermano y su madre, inspiró al artista italiano para que hoy se pinte sobre el suelo romano el nombre y la procedencia de los miles de muertos que intentan cruzar estrechos cortos y peligrosos como los 24 kilómetros desde la costa turca que no logró esta familia.

Francisco se transformó en un portavoz del derecho de los inmigrantes (Ettore Ferrari/ANSA via AP)
Francisco se transformó en un portavoz del derecho de los inmigrantes (Ettore Ferrari/ANSA via AP)

La obra del artista se concreta utilizando una tinta especial que con el sol no se ve pero que al contacto con el agua resalta de color. Así pues de cuando llueva podrán verse “bajo el agua” las vidas que descansan anonimamente en su mayoría en el fondo del mar mediterráneo.

Este año el factor migratorio fue discutido como nunca antes y los movimientos políticos lo utilizaron como bandera a favor y en contra. El viejo continente fue espectador de este suceso.

El 30 de septiembre, en Plaza San Pedro, el Papa Francisco inauguró el monumento a los refugiados, una obra realizada por el artista canadiense Timothy Schmalz, que muestra a 140 refugiados de distintas épocas y que hoy se luce como símbolo de memoria, pero también de protesta. Son, en consonancia, la misma cantidad de esculturas que adornan la columnata de Bernini en el corazón del Vaticano.

Francisco se transformó en un portavoz del derecho de los inmigrantes no sólo en Italia sino en todas las latitudes. Podemos recordar el discurso que expuso en el Parlamento Estadounidense, pero también desde su primer viaje como pontífice a Lampedusa enunciando la famosa frase -alusiva a la inmigración- “si ninguno es responsable, es porque todos lo somos”.

La inmigración es un hecho que identifica no solo a pueblos del tercer mundo, sino también a países de la UE como la mismísima Italia que hoy busca expulsarlos y cuyos políticos se jactan sobre discursos tales como “el cierre de los puertos” o el impedimento al trato de la ley que declara que toda persona que nace en territorio italiano es automáticamente ciudadano de este país. Es la continua pelea de Bergoglio, no solo con los poderes políticos europeos sino también dentro de los muros de la Santa Sede.

Italia es de los países que, por su historia de masiva migración, hasta tiene dentro de su parlamento, diputados y senadores que representan las secciones de las colectividades en el exterior. Hasta ese punto llega; aunque los discursos de hoy quieran maquillar otra historia.

Pero más allá de las expresiones políticas, el arte y los artistas tuvieron que ver y mucho en hacer notar la cruda situación que atraviesa el presente. Y el Papa que en otras épocas de la historia fue un mecenas para escultores y pintores que construyeron la identidad de la Europa de hoy, entra en juego para construir la identidad del pueblo migrante.

Los nombres de los inmigrantes escritos en el suelo se verán cuando caiga la lluvia
Los nombres de los inmigrantes escritos en el suelo se verán cuando caiga la lluvia

Desde el 19 de diciembre, sin ir más lejos, luce en la puerta del Palacio Apostólico, la cruz de recina que contiene un chaleco salvavidas de un inmigrante que no logró llegar al continente. El chaleco viste una cruz en resina de color, que quiere expresar “la experiencia espiritual que pude captar de las palabras de los rescatadores” declaró el Pontífice.

Del barrio Pigneto a San Pedro hay una distancia de diez kilómetros, son los mismos que no lograron superar la familia de Kurdi, cuyo nombre junto al de su madre y hermano quedará inmortalizado en las calles del país que debía acogerlos; y del otro lado como la cruz de Cristo estará el salvavidas que no llevaba, aunque las mafias de traslados clandestinos le hayan cobrado mil dólares el lugar a cada integrante de la familia.

Mercedes Sosa canta en Solo le Pido a Dios, que “Desahuciado está el que tiene que marchar a vivir una cultura diferente". En 2019 muchos desahuciados perdieron su vida; no creo que solo haya que pedirle a Dios; entonces que la lluvia entonces, y el arte, no nos permita ser indiferentes.