El rap y el trap coparon la escena musical con sus artistas más representativos arriba de los escenarios principales de los festivales más reconocidos. Sin embargo, hay otro camino, que va como una colectora. Es “El camino negro” donde van cientos de miles jóvenes de las villas escuchando otra música, una que los representa, que cuenta lo que les pasa. La cumbia y el reggaetón quedaron atrás. Hoy los barrios bajos escuchan rap o trap porque se identifican con sus letras, sus problemas y realidad. Como los viejos payadores o los tangueros del siglo pasado, Fili Wey es uno de los máximos referentes artísticos de las villas de la Capital y la provincia de Buenos Aires.
Aquí es donde la grieta social se vislumbra en las expresiones artísticas: Fili Wey es desconocido para una clase y estrella popular en otra. Mientras recorremos con él la Villa 31 (no es su barrio, pero allí está grabando su nuevo video clip), un joven nos detiene y le pide una selfie; otro lo abraza y le agradece por la charla que dio un año atrás en el Instituto de Menores de Belgrano y un tercero lo vuelve a salir al grito de “¡Grande Fili!”. Los pibes lo reconocen y le demuestran su total afecto. Fili Wey es famoso. Un famoso de los barrios bajos.
-¿Cómo influye tus orígenes en Puerta de Hierro (N. de la R.: la villa de la localidad e La Matanza) en tus canciones?
-En mis letras, y en todo lo que hago, transmito mayormente lo que viví y lo que se vive en los barrios bajos, en las villas. Quizás otro que lo ve desde afuera dice que hablo siempre de violencia y de la policía. Pero yo no puedo contar algo que no vivo. Yo viví eso, mis amigos vivieron eso. Tengo que contar mi realidad. Cada uno tiene su realidad y la expresa. Por eso, la mayoría de mis seguidores son pibes de las villas y hoy en día, quizás, al hacer un evento o un show es muy difícil que esa gente pueda ir a los eventos porque tiene que elegir entre la comida de hoy o ir un espectáculo. No estoy haciendo shows hace mucho tiempo porque la gente no tiene para darse un gusto. Antes podían relajarse un poco y olvidarse de toda la mierda que se vive. Siempre está la policía, están las muertes.

-¿Qué cambios ves en las villas desde tu infancia y adolescencia a hoy?
-Yo creo que sigue igual. La gente quiere progresar pero tampoco tiene los medios suficientes para hacerlo. Hoy en día, los vecinos de los barrios bajos están sin trabajo y cuando salen a buscar afuera de la villa no se los dan por la dirección dónde viven, o porque no tienen estudios. Muchos de los chicos se crían sin mamá o sin papá, y no tienen la posibilidad de terminar los estudios como para buscarse un buen trabajo. Se hace muy difícil para una persona conseguir un laburo. Terminás limpiando pisos por dos mangos y que solo te alcance para cargarte la SUBE, volver a trabajar y comer el día a día. O salís a la delincuencia y terminás muerto o preso. Esas son las opciones que nos dan, no hay otra salida. Es muy difícil.
-¿Cómo empezó a aparecer la música en tu vida?
-Yo siempre fui de escuchar rap. Era muy raro porque todos escuchaban cumbia villera. Pero a mí no me gustaba, aunque haya salido de los barrios. Escuchaba más la cumbia vieja hasta que conocí a “FA” (@fuerteapachebanda), una de las bandas número uno del rap argentino y se empezó a meter en los barrios a través del boca en boca. Un amigo estaba escuchando y cantando una canción, me llamó la atención, le pregunté y era “FA”. Me prestó el CD y ahí empecé a conocer el mundo del rap. Me sentí identificado con lo que decían. Empecé a rapear de una manera muy loca, haciéndole una tiradera a unos pibes que me confundieron con otro y empezaron a bardearme. Yo sin saber les respondí con rap. Sin pensarlo empecé a rapear. Al otro día escribí una letra, puse una pista desde un celular, que me descargué y lo grabé. Y así nomás, empezó a circular mi música. Seguí escribiendo sobre cosas que sentía y a grabarme solo. La música siempre me atrapó. Me quedaba horas viendo cómo podía hacerlo desde la computadora. Yo era un pibe de la calle que no le daba bola a todas esas cosas. Muchas veces mis amigos me venían a buscar y yo estaba metido en la computadora y seguía ahí haciendo cosas. Horas después me enteraba de que alguno de los que me vino a buscar estaba muerto. Yo creo que la música en algún punto me rescató, me rescató de un camino en dónde había solo dos opciones, estar preso o muerto, y gracias a la música tuve una tercera. Hoy se puede vivir de la música. Ahora es un trabajo, no es más un hobbie. Hay posibilidad de expresarte a través de muchas plataformas. Hoy en día el rap es como el fútbol para los pibes de las villas, es la otra salida.
-Sabemos que te escuchan mucho en los penales. ¿Cómo es tu contacto con los pibes que están en situación de encierro?
-Nosotros damos muchas charlas en institutos de menores y penales e incentivamos a los pibes a decirles que hay algo más allá de la delincuencia y de la calle. Porque uno cuando sale piensa en conseguirse un trabajo y teniendo una causa te cierran las puertas en todos lados y te llevan directamente a lo mismo. La otra vez fuimos a los penales a tocar para los pibes y ellos hicieron una obra de teatro. Me divertí muchísimo, hay mucho talento. Yo les decía que cambió todo. Conseguir un trabajo para mantener a tu familia no es tan fácil, no te lo dan. Yo no veo una salida posible. Es muy difícil reintegrarse a la sociedad si no te dan la oportunidad. Si vas a las cárceles ves que no hay nada, ahí me decían: “Hay un hambre acá, no hay para comer”. Y el pibe que tiene una familia que está afuera y tiene que llevarle algo a su pariente también se le complica. Afuera está re jodido, quizás tu vieja no tiene trabajo y todo te lleva directamente a lo mismo. Nadie mira a la clase baja, que trabaja por dos mangos.
-¿El rap es un grito contra el sistema?
-Yo recuerdo que la policía al principio no entraba al barrio y si entraba eran 20 patrulleros para algún allanamiento, se armaba un tiroteo, mataban a un pibe y listo. Después cuando empezó a entrar Gendarmería había una doctrina para imponer miedo. Estabas parado en la esquina, te pegaban una piña y te decían “negro de mierda”. A mí me cagaron a palos un montón de veces y me decían “metete adentro”. ¿Y por qué me tengo que meter si estaba esperando un remis en la esquina? Finalmente me metía, no importaba mi derecho, pero después esperaba un rato, salía y me subía al remis. Y en la esquina me paraban otra vez, me bajaban y me pegaban. Y a veces unos se tiene que callar porque que sino qué va hacer… ¿Salir a matar a un policía por que te pega? Eso te llena de odio, terminás yendo preso o te terminan matando a vos. Ellos te buscan y te meten el dedo en la llaga todo el tiempo. Es la guerra de los pobres contra pobres, porque los policías también son pobres, que están mandados por el Estado.
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