
En la tarde del viernes, el patio de armas del Hospital Militar Central sirvió como escenario para la ceremonia por el Día del Servicio de Sanidad, en el que se distinguió a personal destacado en esa especialidad. Sin embargo, el plato fuerte tuvo lugar cuando el entonces cabo Héctor Pereyra recibió de manos del jefe del Ejército el casco que lo protegió en la guerra de Malvinas, y cuya historia Infobae publicó el pasado 5 de octubre.
“¡Presente!”, se escuchó fuerte y firme la voz del Suboficial Principal Enfermero General Héctor Pereyra cuando pronunciaron su nombre para entregarle el casco con el que combatió en Malvinas 37 años atrás.
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Caminó resuelto por el patio de armas y esperó firme esos instantes que demoró el teniente general Claudio Pascualini, jefe del Estado Mayor General del Ejército, en acercarse. Pereyra lucía en su saco oscuro tres medallas: la del Congreso de la Nación, la de herido en combate y la del Ejército Argentino. Y una sonrisa que no podía disimular. Cerca se encontraba el general Diego Soria -en la guerra teniente coronel jefe del Regimiento de Infantería 4, en el que revistaba Pereyra- y su familia, que había viajado desde Gualeguaychú.

Junto a Pascualini, un asistente llevaba el casco en una suerte de bandeja. “Téngalo con honor”, le aconsejó el jefe del Ejército al ponerlo en sus manos. En ese momento la Diana de Gloria, ejecutada por la Fanfarria Alto Perú del Regimiento de Granaderos a Caballo, rompió el silencio solemne y marcial, hasta entonces apenas interrumpido por el sonido de las cámaras fotográficas.
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Un largo viaje
Con la devolución del casco se cerró uno de los miles de capítulos de la guerra del Atlántico Sur. Héctor Pereyra, un cabo enfermero de 18 años, había sido seriamente herido en Monte Harriet. Un soldado inglés de su misma edad, Andy Damstag, lo guarneció detrás de una roca, ya que el combate continuaba y le dio su casco para que se protegiese. Antes de que Pereyra fuese llevado a un puesto sanitario inglés, le devolvió el casco al Royal Marine. Este, que deseaba llevarse un recuerdo de aquel combate, vio el de Pereyra tirado y se lo llevó a Gran Bretaña, donde lo conservó al punto que formaba parte de su equipaje cuando era destinado en el exterior.
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Hasta que hace unos meses comenzó a preguntarse cuál habría sido el destino de su dueño, si había sobrevivido y si había podido formar una familia. Fueron las redes sociales las que establecieron el vínculo a través de Marta Ransanz, una argentina fanática de Malvinas que consiguió los datos de Héctor. Damstag, que en un WhatsApp le escribió a Héctor “bendito sea Dios que me permitió encontrarte”, llevó el casco a la embajada argentina en Londres y allí lo dejó luego de darle un beso de despedida. Hace unos días llegó a la sede del Ejército y se aprovechó la conmemoración del Día del Servicio de Sanidad y de su patrono San Lucas Evangelista para entregárselo.
“Todavía no he caído”
Entre la gente que se turnaba para tomarse una foto, Pereyra le contó a Infobae: “Todavía no he caído. No sabía lo que iba a pasar, si finalmente lo iba a poder tener”. Su esposa María Cristina y sus hijas Diana y Fernanda no se separaban de su lado. Y detrás suyo observaba con satisfacción Carlos López, un veterano que fue herido junto a Pereyra en la misma acción en Monte Harriet.
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Por su parte, Claudio Pascualini afirmó: “Todos sentimos una profunda emoción por la recuperación de una parte importante del equipo que sirve para proteger la vida en la guerra. Su devolución muestra la caballerosidad y la camaradería existente en un conflicto armado”.
Dijo, sorprendido, que el casco estaba igual que 37 años atrás. Aún en su interior puede advertirse su nombre, su número de documento y la leyenda “Comando de Brigada”, escrita en birome.
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Lágrimas desde Gran Bretaña
Al finalizar la ceremonia, Infobae se comunicó con Andy Damstag. “Pude ver, con lágrimas en los ojos, la ceremonia gracias la transmisión en vivo de Marta Ransanz. Díganle a Héctor que me envíe fotos y videos. Estoy muy contento. Les mando un abrazo a todos los veteranos”.
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Pereyra adelantó que el casco irá al rincón malvinero que tiene en su hogar, donde abundan recuerdos, diplomas y reconocimientos que ha recibido a lo largo de estos años.
Ya un poco más tranquilo, señalando el casco, dijo: “Hoy es un símbolo de todos los veteranos de guerra. Y estará guardado hasta que me vaya”.
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Y se fue con los suyos. Con la misma sonrisa de siempre.
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