
Se la llevaron el 6 de octubre de 1978. Patricia Roisinblit fue secuestrada en su departamento de Palermo por un comando de de la Fuerza Aérea. Tenía 25 años y estaba embarazada. Nunca apareció.
Desde entonces, ni en un solo instante de su vida, su madre Rosa dejó de buscarla. A ella y a ese nieto que nació en cautiverio. En esa búsqueda, logró muchas respuestas.
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Hoy Rosa Roisinblit cumple 100 años, de los que lleva 41 de incansable lucha: "Yo no salí, el día que se llevaron a mi hija, a formar parte de Montoneros, o me convertí en una revolucionaria, no, eso no, yo salí a buscar a mi hija, y eso me llevó todos estos años. Ella desapareció en octubre de 1978, y desde entonces yo estoy luchando. No me quedé en casa a llorar, yo salí a luchar. Y yo creo que mi lucha ha dado sus buenos resultados porque hemos obtenido muchos logros".
Los logros son nada menos que 130 nietos recuperados. "Y cada logro que tenemos nos estimula para seguir luchando, para seguir innovando, porque no es lo mismo salir a buscar un bebé recién nacido o de dos o tres años, que buscar hombres y mujeres mayores de edad como estamos haciendo ahora, que algunos de ellos ya están casados y tienen hijos a su vez. Esos hijos de ellos son nuestra cuarta generación. Y empezamos otra vez a buscar bebés también, porque nos interesa que esos bebés que nacen ahora conozcan su verdadera identidad. No que vivan otra vez en la mentira y en el ocultamiento", reflexionó.
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El día que el grupo de tareas secuestró a su hija está marcado a fuego en su memoria. Patricia y su marido José Manuel Pérez Rojo militaban en la columna oeste de Montoneros cuando los militares irrumpieron en el local de juguetería y cotillón donde trabajaba José, en Martínez, y más tarde llegaron hasta el departamento donde vivía la familia, en Palermo, para llevarse a Patricia -que estaba embarazada- y a su hija Mariana, que tenía 15 meses.
Mariana Eva Pérez permaneció desaparecida un día, hasta que fue entregada a su familia paterna. La recibieron sus primos, porque los captores de su madre no lograron encontrar a su abuela. "Mi madre iba en un auto, sacó la cabeza por la ventanilla y dijo: 'Por favor, recíbanme a la nena que nos secuestran'", contó Mariana muchos años más tarde frente a un tribunal que juzgaba delitos de lesa humanidad durante la dictadura. Finalmente, quedó al cuidado de sus abuelos paternos, Argentina y José, y transformó muchas de sus experiencias como hija de desaparecidos y militante en literatura -es dramaturga y escritora- en su Diario de una princesa montonera.
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La vicepresidenta de Abuelas de Plaza Mayo hizo la denuncia en 1979, en plena dictadura militar. Quería saber qué había pasado, quería buscar a los culpables.
Años después supo que Patricia y José fueron llevados a la Regional de Inteligencia de Buenos Aires (RIBA) de la Fuerza Aérea, en Morón. De Patricia, se sabe que el 15 de noviembre de 1978 dio a luz en la ESMA a un varón, al que llamó Rodolfo Fernando. La pista de José llega hasta la RIBA, donde fue torturado.
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En el 2000, Guillermo Rodolfo Pérez Roisinblit, su nieto, recuperó su identidad: había sido apropiado por el ex personal civil de inteligencia Francisco Gómez y su esposa Teodora Jofré. Las postales de su infancia, incluyen huidas al interior junto a su apropiadora, escapando de Gómez, un hombre violento y desaprensivo que lo llevaba a la RIBA, donde su padre había sido torturado.
En 2016, el Tribunal Oral Federal en lo Criminal Nº 5 de San Martín juzgó a los responsables de esas desapariciones, en lo que se conoce como la "Causa RIBA". Los imputados fueron el ex jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea, Omar Domingo Rubens Graffigna; el ex jefe de la RIBA, Luis Tomás Trillo, y Francisco Gómez, condenado en 2005 por la apropiación.
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Guillermo, frente a los jueces, le reclamó a su apropiador información sobre el destino de sus padre: "Me lo debe… incluso si no hubiese sido un hijo de desaparecidos apropiado, no tuve una infancia feliz", le dijo.
Rosa, que tenía 96 años cuando los secuestradores de su Patricia y José se sentaron en el banquillo de los acusados, supo que en ese instante iba a conocer la verdad: cómo fue el momento en que se llevaron a sus "hijos" -como llama a su hija y a su yerno-, quién los mató, y a dónde están.
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"Después de muchos años ahora tengo esa satisfacción, de que por fin se encontraron los datos positivos de que esas personas que se están juzgando han tomado parte en la desaparición de mis hijos. Ahora tal vez se haga justicia. Yo no espero que mi hija aparezca viva, por supuesto que no, pero el Estado me tiene que decir a dónde está, quién se la llevó. Aunque era una dictadura feroz, era el Estado, y yo espero del Estado esa respuesta", dijo entonces a Infobae.

Rosinblit tuvo que volver a contar su historia en un tribunal. "La verdad es que no es muy fácil, porque llega muy profundo, y remueve muchas cosas, y ya son muchos años que voy repitiendo las mismas cosas en el país y fuera del país, y el argumento siempre es el mismo. No puedo decir, como un artista que va por el mundo y cuenta sus novelas… No es una novela, es una cosa que me ha pasado y que lacera mucho cada vez que uno lo tiene que contar", explicó.
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Haber encontrado a su nieto le dio mucha felicidad y también momentos difíciles de mucho dolor. Vivió en carne propia la necesidad de cambiar la estrategia para reconstruir la relación con Guillermo, al que encontró cuando tenía 21 años.
"Guillermo reaccionó primero muy bien, todo lindo, pero cuando la Justicia citó a los apropiadores, los indagó, los procesó, y los metió en la cárcel, ya a él no le gustó tanto. Tuvimos una lucha. Yo tuve que empezar a conquistar el cariño de mi nieto. Me llevó 15 años conquistar el cariño de mi nieto", explicó Rosa.
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"Fue una lucha de paciencia, de someterme yo: me tenía que someter a muchas cosas. Yo lo llamaba por teléfono, él ya sabía que era mi nieto. Yo lo llamaba por teléfono y él me decía '¿Para qué me llamás?, yo no quiero saber nada de vos, no me llames más'. Pero él nunca me cortó. Así con mi santa paciencia, lo seguí llamando, lo llamé, hasta que un día se me ocurrió preguntarle: 'Decime, Guillermo, esa señora a quien vos llamás mamá, ¿es mi hija?', y bueno… él hizo un click en ese momento y se dio cuenta de que ante la verdad él no podía hacer nada, y aceptó la verdad".
"Tengo esperanzas. La esperanza es lo último que se pierde. Son muchos años que estoy luchando. Siempre tuve esperanzas, y por lo menos se encontró que esas personas secuestraron a mis hijos. Yo creo en la justicia", concluyó.
*Una versión de esta nota se publicó en Infobae el 21 de mayo de 2016
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