El sociólogo Matías Landau habló en Infobae sobre sus libro "Gobernar la Ciudad".

"Boedo nada quiere ni necesita, salvo a Perón", decía un artículo de la revista Mundo Peronista Nº 39, del febrero de 1953.  Del mero anexo peronista con la llegada del proyecto justicialista a la Casa Rosada -que implicó la suspensión del viejo Concejo Deliberante- al distrito dominado por el PRO de Mauricio Macri, pasaron más de 60 años. Y transcurrió más de un siglo de aquella pequeña ciudad de 300.000 habitantes que se registraban en 1880 a la metrópoli de 3.000.000 de residentes que aloja hoy en día.

En más de una centuria, la Ciudad de Buenos Aires fue pensada y gobernada de maneras radicalmente opuestas. Hasta la autonomización en 1996 hubo una tensión permanente por la convivencia del Estado nacional frente a su contraparte local, mientras fuertes transformaciones urbanas, sociales y culturales modificaban los modos de vivir de los porteños.

"Nuestras revoluciones fueron más de ciudades que de ciudadanos", recuerda el investigador Matías Landau en su libro Gobernar Buenos Aires. Ciudad, política y sociedad, del siglo XIX a nuestros días (Editorial Prometeo). Fiel a esa tradición, la discusión sobre el tipo de asuntos que debía tratar la "aldea" porteña estuvo presente desde los primeros "cabildos", cuando la Ciudad se divorció del Virreinato del Río de la Plata, hasta la actualidad.

"La pregunta sobre qué es Buenos Aires, cómo gobernarla y quiénes deben hacerlo fue transformándose a lo largo del tiempo", sostuvo Landau en una entrevista mano a mano en los estudios de Infobae.

Landau es doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París y en Ciencias Sociales por la UBA, y es investigador adjunto de Conicet. Su trabajo se enfoca en la dinámica política e histórica de la Ciudad de Buenos Aires y sus distintas dimensiones, como la disputa por la autonomía, los conflictos de clase porteños, las discusiones jurisdiccionales y las problemáticas urbanas.

En una suerte de periodización, Laundau identifica "ocho" tipos de Ciudad de Buenos Aires. Las primeras cuatro llegan hasta medíados del siglo XX 1) la Buenos Aires "federalizada", en tensión por los conflictos a partir de la ley de capitalización; 2) la "ampliada", que nació con la incorporación de los pueblos de Flores y Belgrano en 1887 ; 3) la "moderna", en la que predominó la noción de una ciudad como una "unidad social" durante las décadas del 20 y 30; y 4) la "peronista", en la que estuvo subordinada al proyecto político de Perón.

Desde entonces y hasta el presente se registran otros cuatro tipos. El especialista define a la Ciudad como 5) "metropolitana", que la ubica en el marco del "desborde urbano" de los años cincuenta y sesenta, 6) la "autoritaria", que fue gobernada tecnocráticamente por la última dictadura militar, 7) la Buenos Aires "en transición", que se extiende desde el retorno de la democracia al pacto de Olivos; y 8) la "autónoma", que desde 1994 arrancó el proceso de autonomización y se consolidó a partir de 1996, con las elecciones a jefe de Gobierno porteño.

El autor publicó “Gobernar Buenos Aires”, un estudio exhaustivo sobre las problemáticas urbanas y políticas que atravesaron en un siglo a la Ciudad de Buenos Aires.
El autor publicó “Gobernar Buenos Aires”, un estudio exhaustivo sobre las problemáticas urbanas y políticas que atravesaron en un siglo a la Ciudad de Buenos Aires.

Aristocrática y desigual

— Desde sus inicios, la Capital mantuvo un conflicto permanente con el Gobierno nacional. Pensado en retrospectiva, ¿La Ciudad de Buenos Aires fue lo que le permitió hacer el Estado nacional?

— La federalización de Buenos Aires permitió la consolidación del Estado argentino. Fue uno de los puntos a resolver que dejó la Revolución de Mayo durante setenta años. El poder de Buenos Aires siempre fue muy fuerte respecto al resto del país. En 1882, el Congreso sanciona una ley que crea la figura del intendente, designado por el Presidente de la Nación, que coexistía con un Concejo Deliberante elegido por los porteños. El objetivo fue establecer un equilibrio: por un lado, el Presidente seguía teniendo injerencia en la política de la Capital, por el otro, había una municipalidad donde los vecinos podían resolver sus asuntos en tanto contribuyentes, y que eran posibles de resolver a partir de acuerdos no conflictivos. Eran las visiones dominantes de la época.

— ¿Cuándo Buenos Aires dejó de ser una "aldea"?

— Buenos Aires no fue una ciudad importante en el período colonial. El crecimiento se dio en las últimas décadas del siglo XIX, con el desarrollo de la inmigración europea masiva. En pocos años pasó de unos 200 mil habitantes a 3 millones en la década del cuarenta. La población se se multiplicó a casi por diez, en apenas medio siglo. Desde 1880 a 1996 en lo jurídico político no hubo grandes cambios; el intendente designado por el Presidente y el Concejo Deliberante se mantuvieron, pero en lo urbano se modificó radicalmente, cuando crecieron las demandas populares de los sectores más desfavorecidos y, por lo tanto, las formas en las que las élites políticas y académicas respondían a esas demandas.

¿En qué momento surge la desigualdad entre el sur y el norte de la Ciudad de Buenos Aires?

Las diferencias ya aparecían en los documentos históricos de 1870. El intendente Torcuato de Alvear recibía críticas por el descuido del sur. La idea del norte rico y el sur pobre tiene más de un siglo de historia. El barrio Las ranas, de la zona de Flores, era uno de los destinos donde caía la basura de la ciudad. A principios del siglo XX comienza a pensarse una ciudad con una mirada social y más integrada. Pero como sabemos, con idas y vueltas, las desigualdades en la Ciudad de Buenos Aires siguen muy presentes y se profundizaron con respecto al conurbano.

La Ciudad en su faz decimonónica junto a los pueblos de Flores y Belgrano, que luego se anexaron.
La Ciudad en su faz decimonónica junto a los pueblos de Flores y Belgrano, que luego se anexaron.
La estación “Saenz Peña” de subte, de la línea A en una vieja postal de comienzos de siglo XX.
La estación “Saenz Peña” de subte, de la línea A en una vieja postal de comienzos de siglo XX.

 ¿Por qué las clases adineradas no vivían en el sur? 

— Las clases altas se van desde el sur de Plaza de Mayo hacia el norte desde la epidemia de fiebre amarilla. Con el correr de los años, se extendió la población de mayor nivel de ingresos en lo que vendría a ser un corredor noroeste. La avenida Rivadavia sigue marcando hasta el día de hoy una diferencia muy clara en indicadores socio económicos, es muy clara la diferencia entre el norte rico y el sur pobre de la ciudad que se mantiene hasta el día de hoy. Si uno va a Lugano y después a Nuñez, son como dos ciudades con problemáticas y demandas absolutamente distintas.

La invención del Jefe de Gobierno

—  Al jefe de Gobierno porteño se lo compara, maliciosamente, con un intendente más. ¿Cuánto de verdad hay en ello? 

El intendente nombrado por el Presidente tenía como atributos fundamentales la pericia técnica y la lealtad política. En general no tenían un juego propio que les permitiera hacer una carrera política u ocupar grandes cargos. No hay ningún intendente de la Ciudad de Buenos Aires que llegara a ser Presidente hasta 1996. A partir de la sanción de la Constitución de la Ciudad en 1996, se planteó que el intendente se llame Jefe de Gobierno o "gobernador" para marcar el carácter político del cargo, no solamente lo técnico o gestionario. La Jefatura de Gobierno permitió la aparición de figuras que tienen otra relevancia en el juego político nacional, como Fernando De la Rúa, que ya era un cuadro del radicalismo o Mauricio Macri, que logró construir un proyecto político que hubiera sido difícil de concebir si solo existía el cargo de intendente. 

—  Es decir, cambiaron las reglas de juego del sistema político.

—  La autonomía de la Ciudad no se había establecido por el miedo que se tuvo a que el distrito con el mayor presupuesto y visibilidad mediática tuviera un un poder muy grande en relación al resto del país. Lo que se hizo en 1996 fue jerarquizar el juego porteño y constituir un vínculo representativo que no existía anteriormente. Claramente, se modificó claramente el juego partidario del siglo XX.

Viejas ideas, nuevas técnicas

—  Está muy extendido pensar la gestión y las campañas apelando a la cercanía y los intereses de los "vecinos" de la Ciudad de Buenos Aires. Eso parece obvio, pero no es tan así…

La noción de "vecino" viene del período hispánico y eran aquellos que estaban "afincados" y casados en la Ciudad. A los padres de familia y propietarios se les garantizaba la posibilidad de resolver los asuntos comunes de la vida civil de la Ciudad. A fines del siglo XIX, los integrantes legítimos del municipio eran pagan sus impuestos al municipio, y como contribuyen a él, debían tener derecho a votar. Ese régimen oligárquico dejó a las grandes masas populares excluidas del gobierno de la Ciudad, solo el 1% de la elite porteña podía elegir concejales. En el siglo XX, la noción se democratiza a partir de las demandas de los sectores populares. En 1930, el "vecino" es el que tiene pertenencia barrial y permitía distinguir, desde un punto de vista moral, al buen habitante del que no lo era. Ya desde ese momento las autoridades hacían giras para recabar las inquietudes en los barrios. La figura del vecino pierde un poco de su centralidad con el peronismo, y vuelve a recobrar mucha fuerza a fines del siglo XX, cuando irrumpen grandes desigualdades desde el punto de vista urbano y social y el vecino pasa a ser el actor de una democracia de proximidad, con la intervención de programas participativos. El jefe de Gobierno, al tomarse un café con los vecinos, reactualiza bajo nuevas formas una dinámica en la que se resuelven aspectos de la vida civil de manera no conflictiva, dejando la política de lado.

—  ¿Hay una idea "hispánica" de vecino  en el PRO, en tanto propietario de una vivienda que puede pagar el ABL?

— La Constitución de la Ciudad no habla de vecinos, que sigue siendo muy fuerte en los simbólico, sino de ciudadanos. Aún en un contexto igualitario como el nuestro, el vecino reintroduce una noción de jerarquía y de desigualdad. Los vecinos hoy son, como se decía en otro momento, los que viven  en las partes "saludables" del barrio. Por ejemplo, hace un tiempo escuché al jefe de Gobierno porteño decir que el aumento de la gente que vive en la calle es porque son de otra parte y no son de la Ciudad. Es algo interesante, porque genera, de nuevo, la discusión de quiénes son y quienes no los integrantes legítimos de la Ciudad.

— ¿Por qué la oposición peronista no logra construir una idea de Ciudad? ¿Hay una continuidad histórica en esta imposibilidad?

— El caso del peronismo es interesante. Lo que muestro en el libro es que, durante el período peronista, el Concejo Deliberante sigue suspendido desde 1941, por lo que fortalece la idea de que el Gobierno de la Ciudad tiene que quedar en manos del Presidente. El peronismo planteaba una idea de que las ciudades no debían ser consideradas como unidades independientes, sino articuladas en una comunidad ampliada nacional o, en el lenguaje del peronismo, en una "comunidad organizada". En este sentido, la Capital debía ser la ciudad de todos los argentinos. La personalización de lo social en Evita y Perón le costó al peronismo generar una propuesta específica de Ciudad. En los noventa pasó algo parecido. Cuando se da la discusión de la autonomía, el peronismo quería que fuera lo más restrictiva posible frente al radicalismo y Frepaso, que querían que fuera más amplia. Hay una continuidad con el kirchnerismo: trató de venderles a los porteños que la implementación en la Ciudad de un proyecto nacional es lo que resolvería sus problemas, porque no se podía pensar desconectadamente lo que pasa en la Ciudad de la Nación. Siempre se habla mucho del antiperonismo de la Ciudad, y no se habla tanto de la limitación del peronismo para construir una idea de Ciudad. La candidatura de Matías Lammens es un reconocimiento de cuáles fueron los límites para crear una alternativa que pueda seducir a los porteños, creo que tiene algo de recuperación del progresismo como proyecto de Ciudad que sirva de contrapeso al PRO.

— ¿Tiene algún significado político especial que las elecciones de la Ciudad vayan en conjunto, por primera vez, con las nacionales?

La paradoja es que una fuerza política que surgió como local no pudo construir muy bien por fuera de la Ciudad de Buenos Aires. Y aún así, termina jugándose su suerte con el gobierno nacional. Es la primera vez en 30 años que se elige presidente en conjunto con el jefe de Gobierno. Habría que remontarse a 1989 para encontrar un antecedente, aunque en ese momento solo se elegía concejales. Lo que hace esto es que las problemáticas porteñas queden relegada, y hará muy difícil a un candidato como Lammens construir un relato de ciudad dominado por el contexto nacional. Mientras Larreta tiene la ventaja de 12 años de gestión, para la oposición no va a ser sencillo generar una propuesta alternativa en tan poco tiempo.

Fotos en estudio: Santiago Saferstein

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