Ingrid Briggiler junto a Gabriel García Márquez en el estudio del escritor en México
Ingrid Briggiler junto a Gabriel García Márquez en el estudio del escritor en México

En 2010 Ingrid  Briggiler, santafesina, entonces estudiante de ginecología de la Universidad del Litoral, hoy médica y obstetra de 32 años, escribió en su blog: "Yo quiero conocer a Gabriel García Márquez y lo voy a lograr". Como en "Crónica de una muerte anunciada", en la primera línea de su historia contaba el final.

"Yo siempre prefiero recordarlo la fecha de su nacimiento, que fue hace poco, el 6 de marzo. Ese día siempre me acuerdo de él e inclusive los primeros años después del viaje hablábamos por teléfono", le cuenta Ingrid a Infobaeal cumplirse cinco años de la muerte del escritor colombiano.

"El día que me enteré de su muerte fue triste, me acuerdo que me lo dijo mi mamá", dice, y la voz le tiembla por única vez a lo largo de la charla. Ingrid habla desde Nueva Orleans, Estados Unidos, a donde viajó por un congreso de Telemedicina. Además de ginecóloga y obstetra, es la creadora de la app "Llamando al doctor", que permite realizar consultas médicas a través del celular por videollamada.

Ingrid durante sus 90 días de viaje por Latinoamérica
Ingrid durante sus 90 días de viaje por Latinoamérica

La primera vez que escuchó el nombre de Gabriel García Márquez, nacido en Aracataca, Colombia, autor de clásicos como El amor en los tiempos del cólera, Relato de un náufrago, El coronel no tiene quien le escriba y ganador del premio Nobel de literatura en 1982, fue en la adolescencia, alrededor de los 12 años, en la boca de su papá, Sergio.

"Él me insistía para que leyera Cien años de soledad pero yo no podía abordarlo, era muy difícil para mí a esa edad. Así que entré con otros: El amor en los tiempos del cólera o alguno de cuentos, Crónica de una muerte anunciada. Quedé fascinada y de ahí en más no pude parar de leerlos", repasó los orígenes de una idea que años más tarde iba a metérsele en la cabeza con grado de obsesión.

Mientras estudiaba la carrera de medicina, durante el día leía tomos relacionados a la ciencia y la anatomía, pero por las noches era el momento de la literatura. La costumbre la había heredado de sus papás en su casa en Santa Fe. "Fue leyendo uno de los libros de Gabo una noche que dije 'yo tengo que escribir como este hombre, quiero ser escritora yo también, me voy a ir a conocerlo para que me enseñe cómo escribir'. Alocada y todo, esa fue la idea original", admite.

Gabriel García Márquez ganó el Nobel de Literatura en 1982 (Foto: Cuartosuro)
Gabriel García Márquez ganó el Nobel de Literatura en 1982 (Foto: Cuartosuro)

En 2010 Ingrid trabajaba en el sitio Hipertextual, una red de blogs internacional. Tras asegurar en su sitio "Yo quiero conocer a García Márquez y lo voy a lograr", un desconocido, Fernando Jaramillo, que seguía en Internet a través de alertas todas las publicaciones que tuvieran el nombre del escritor, le escribió: "Yo te voy a ayudar". La primera botella al mar, recibía una respuesta. Jaramillo resultaría clave. Cuestión de realismo mágico.

Ingrid creó un nuevo blog "90diasxelcaribe" para registrar la aventura. Comenzó por Venezuela, siguió por Colombia donde visitó a Jaime, hermano menor de García Márquez en Cartagena; fue a Aracataca, el pueblo que inspiró las calles de Macondo en Cien años de soledad, a Barranquilla, tomó en los mismos bares en los que había tomado Gabo. El camino terminaba en su casa de México, pero había que llegar. No fueron pocas las veces que estuvo apunto de rendirse, giros inesperados que la pusieron a un llamado de volverse a la Argentina.

"Hacía ya 67 días que estaba viajando y me robaron todo en Nicaragua. Eso me había dejado con tristeza, con miedo y dije 'ya está, es imposible que logre conocerlo'. Escribí eso en el blog y ahí es cuando mi amigo, Fernando Jaramillo, aunque todavía el día de hoy no lo conozco personalmente, interviene y me dice: 'No te vuelvas, mañana llamá a este número de teléfono'", repasó. El número era el de la casa de Gabriel García Márquez. Llamó y habló con Mercedes, su mujer. Le contó su historia:

-Si hay alguna posibilidad de que yo conozca a su marido me voy a México y si no me vuelvo a la Argentina- resumió con toda la sinceridad que encontró cómo estaban las cosas mientras hablaban.

-Llamame cuando llegues a México.

Para ese momento Ingrid estaba en Nicaragua, acababan de robarle y no tenía plata para un pasaje. Entre lo poco que le dejaron había un cuadro al óleo pintado por su papá, que iba a regalarle a García Márquez. Otro amigo, un nuevo desconocido que seguía su historia, le prestó 1000 dólares para el viaje sin hacer preguntas y la puso en contacto con una pareja en México, Doña Jose y Don Saúl, que la alojaron en su casa. Más realismo mágico.

Ingrid junto a Mercedes Barcha Pardo, la esposa de Gabriel García Márquez
Ingrid junto a Mercedes Barcha Pardo, la esposa de Gabriel García Márquez

El día en que iba a conocer a Gabriel García Márquez, Ingrid Briggiler se despertó a las 7:30 de la mañana. Lo hizo para salir a la calle a buscar una librería abierta en Ciudad de México, donde comprar los tres libros que unas horas más tarde el Nobel de Literatura de 1982 le firmaría. Eso no estaba en los planes, pero Jaramillo la había convencido la noche anterior de que se arrepentiría si no lo hacía.

Fueron Doña Jose y Don Saúl los que un jueves al mediodía en un auto humilde la dejaron en el número 19 de la calle Las Lomas, en la exclusiva colonia San Ángel Inn del entonces D.F., hoy Ciudad de México, donde vivía Gabriel García Márquez. Tocó el timbre llena de preguntas. Llevaba con ella dos docenas de rosas amarillas -las favoritas de Gabo-, collares que ella había hecho y el cuadro de su papá que traía desde Santa Fe.

Entró a la casa y entre las primeras personas que la recibieron estuvo Mónica, su secretaria, mano derecha del autor durante sus últimos años. Mientras atravesaba el pasillo le hablaba pero Ingrid no podía dejar de mirar las fotos por todos lados, las flores, las ventanas, cada adorno, las mil cosas tiradas arriba de la mesa. "Se notaba que era una casa que la gente la vivía", la define.

Parte del estudio de Gabriel García Márquez
Parte del estudio de Gabriel García Márquez

La silueta de Gabriel García Márquez se dibujó detrás de una puerta con vidrio esmerilado antes de aparecer por completo. Llevaba puesta una chaqueta roja y negra escocesa, una camisa, un par de anteojos en el bolsillo, un audífono en cada oreja y caminaba despacio con los zapatos impecables.

"¿Por qué lloras?", fueron las primeras palabras de García Márquez. Ingrid había dejado salir todas las lágrimas en las que se habían venido acumulando ilusiones, nervios y miedos a lo largo de 90 días a través del Caribe. Con la cara arrugada vio nublarse chaqueta roja del Nobel a apenas unos metros.

"Llora de la emoción por conocerte a vos", dijo la secretaria y Gabo jugó la carta de la humildad o la vergüenza, o las dos al mismo tiempo: "No me lo digan así que me lo creo". Las risas ayudaron a Ingrid a sobreponerse. Para su sorpresa, en los primeros minutos del encuentro que había imaginado mil veces, las preguntas no las hacía ella.

"Querían saber cómo era que había querido ir a verlo, que hacía tres meses que estaba viajando, que era médica, miles de preguntas. Me acuerdo que les conté que en Argentina todos habíamos leído  alguna vez sus libros porque en todas las escuelas, públicas o privadas, uno de sus libros al menos era obligatorio leer y se sorprendieron", contó, antes de recordar con una sonrisa la respuesta perspicaz del escritor: "Deben ser fotocopias porque no nos llegan las regalías". Otra vez las carcajadas.

Ingrid junto a Gabo en la casa del escritor en México
Ingrid junto a Gabo en la casa del escritor en México

García Márquez la invitó a conocer su estudio, le mostró su biblioteca, la parte donde estaban todos los libros que había escrito. Le preguntó por su favorito. Le firmó los tres que había llevado y le regaló dos más. Tomó un ejemplar de El amor en los tiempos del cólera, tachó la palabra "cólera" y la cambió por "Ingrid". Después garabateó en la página: "con todo el amor de quien escribió este libro" . En algún momento apareció Mercedes y Gabo le mintió sobre algún trámite que supuestamente había olvidado hacer, guiñándole un ojo cómplice a la santafesina.

Lo había logrado, estaba ahí. Era la casa de García Márquez, estaba en México, sentada a mitad de la vida de él y su familia, viéndola, siendo parte, riéndose. Pero todo había comenzado con una pregunta que todavía no había respondido:

-Yo estoy acá porque quiero ser escritora y quiero que usted me diga la receta de cómo se hace para aprender a escribir.

-Bueno, la receta es muy fácil. Tomá nota: a escribir se aprende como a bailar; bailando.

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