La palabra "obelisco" deriva del latín obeliscum, y según el diccionario de la Real Academia Española, significa "pilar muy alto, de cuatro caras iguales y terminado por una punta piramidal muy achatada, que sirve de adorno en lugares públicos".
Pues el principal símbolo representativo de la ciudad de Buenos Aires es precisamente su "obelisco", que está en el cruce de las avenidas Corrientes y 9 de Julio, en la llamada Plaza de la República, siendo su exacto domicilio el siguiente: Av. Corrientes 1066, ciudad de Buenos Aires.
El obelisco porteño fue construido en el año 1936, durante la gestión presidencial del militar e ingeniero Agustín Pedro Justo, quien condujo los destinos de la Argentina entre el 20 de febrero de 1932 y el mismo día del año 1938.
En aquellos años, tal como ocurrió hasta la reforma constitucional de 1994, los intendentes de la ciudad de Buenos Aires eran elegidos por el presidente de la Nación, que constitucionalmente era el jefe inmediato y local de dicho territorio.
En ejercicio de esa potestad, el entonces presidente Justo designó como intendente de la ciudad capital al abogado, escritor y político Mariano de Vedia y Mitre, quien ocupó el cargo entre 1932 y 1938.
Fue precisamente Mariano de Vedia y Mitre quien, en el marco de un plan de modernización de la ciudad -que además incluía el ensanchamiento de la Av. Corrientes, la apertura de la Av. 9 de Julio y la construcción de la Plaza de la República- y a propuesta de su secretario de Hacienda Atilio Dell' Oro, ordenó la construcción del Obelisco con el objetivo de celebrar el cuadrigentésimo aniversario de la fundación de la ciudad de Buenos Aires.
El monumento fue erigido en el lugar en el que estaba instalada la iglesia de San Nicolás de Bari, cuya cúpula había sido, el 23 de agosto de 1812, escenario de un acontecimiento histórico: el primer izamiento de la bandera nacional en la ciudad de Buenos Aires.
Un dato curioso es que ese acto de izamiento de la bandera contó con la presencia del entonces gobernador-intendente de Buenos Aires, Miguel Ignacio de Azcuénga y de Juan Martín de Pueyrredón, quien había reemplazado a Juan José Paso en el Primer Triunvirato.
¿Por qué el dato es curioso? Porque 5 meses antes, ese mismo Primer Triunvirato desautorizó a Manuel Belgrano cuando, desde Rosario, entusiasmado por la creación de la escarapela azul-celeste y blanca, había mandado a confeccionar la bandera nacional con los mismos colores.

Lo cierto es que la idea de construir el Obelisco fue muy cuestionada en su momento, porque para su erección no solo había que tirar abajo la tradicional iglesia de San Nicolás de Bari sino también el antiguo Luna Park y el legendario Teatro del Pueblo. Es por ello que se generó un fuerte movimiento de rechazo protagonizado por el periodismo y gran parte del público.
Sin embargo, superando todo tipo de presiones, las autoridades porteñas iniciaron las obras el 16 de marzo de 1936, y nueve semanas después, el 23 de mayo de 1936, fue oficialmente inaugurado el tradicional Obelisco, que fue diseñado por el arquitecto tucumano Alberto Prebisch, quien también construyó el Teatro Gran Rex, el Mercado de Abasto de Tucumán, el Cine Atlas y dos propiedades que le encargara Victoria Ocampo.
El monumento es hueco por dentro, tiene 67,5 metros de altura y 49 metros cuadrados de base.
En su interior, y en sentido ascendente, cada 8 metros hay una losa con un agujero en el medio que deja un vacío en uno de sus ángulos, por donde pasa una escalera marinera que sirve para acceder hasta la cúspide.
Tiene además una puerta de entrada en su base y 4 ventanas en su ápice. Dispone de iluminación eléctrica y, dada su altura, está provisto de un pararrayos muy pequeño cuyos cables corren por el interior. Pesa 177 toneladas y su construcción costó 200 mil pesos moneda nacional.

Lo notable es que, un mes después de haber sido inaugurado, mientras se desarrollaba un acto público, se produjo el desprendimiento de algunas de las lajas de piedra que lo recubrían. Ello fue disparador para que las voces críticas del obelisco se alzaran nuevamente con fuerza, lográndose que el 13 de junio de 1939, el Concejo Deliberante de la ciudad sancionara una ordenanza disponiendo su demolición.
Esa ordenanza fue vetada por el entonces intendente porteño, Arturo Domingo Goyeneche, motivo por el cual el tradicional e histórico obelisco sigue intacto y orgulloso, desde hace más de 80 años, observando el devenir de la incesante vida porteña y siendo testigo privilegiado de la ajetreada y a veces vapuleada vida de sus habitantes.
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