El Jardín Botánico de Buenos Aires es uno de los pulmones de la Ciudad. Ahora, un mapeo de sus árboles permite calcular los servicios ambientales que provee esta colección: un trabajo realizado por esa dependencia asegura que sólo con los ejemplares de ese espacio verde se compensa la huella ecológica de 1500 habitantes. Y, si se pusiera un valor monetario por los beneficios que presta, sumaría medio millón de dólares por año.

"Un servicio ambiental es prestado a un ecosistema a través de diferentes vías. En el caso del arbolado, este servicio se traduce en la producción de oxígeno y la absorción de dióxido de carbono –procesos fisiológicos esperables de un vegetal- a los que se suma la capacidad de fijación y almacenamiento tisular del carbono atmosférico por una longitud de tiempo que depende del tamaño y la longevidad de la especie y del manejo que reciba", explica en su trabajo Graciela Barreiro, la ingeniera agrónoma que dirige este espacio verde de Buenos Aires.

El dióxido de carbono, gas que aporta al efecto invernadero, es utilizado por los vegetales en el proceso de fotosíntesis. El compuesto es "sacado" de la atmósfera al ser secuestrada por los vegetales, transformada y almacenada en moléculas carbonadas complejas que conforman la madera de las especies leñosas.

El Jardín ocupa más de 7 hectáreas, y reúne aproximadamente 1500 especies, organizadas según los lineamientos ideados por su creador, el paisajista Carlos Thays. En un sector se agrupa en su mayoría ejemplares organizados según su origen geográfico, con especies de Asia, África, Oceanía, Europa y América respectivamente, destacándose el área de flora de las provincias argentinas, por su riqueza e importancia. Otro sector denominado sistemático, agrupa ejemplares por familia botánica.

"Aunque siempre resulta conflictivo asignar un valor dinerario al ambiente, se vuelve un método pragmático para explicar el valor de los elementos que conforman el sistema ambiental, en particular en condiciones urbanas, cuando las decisiones se toman en función de las Tasas de Retorno de la Inversión", agrega Barreiro.

"La cantidad de carbono almacenado dentro de un árbol es la biomasa mientras que el área foliar permite entre otras cosas determinar la capacidad de captura o retención de partículas atmosféricas nocivas para la salud. Como biomasa se entiende la materia seca producida por las plantas, expresada en términos de peso y referida a una determinada superficie (t/ha)", indica el trabajo.

La biomasa que se acumula en los árboles varía según se trate de las raíces, hojas, ramas o tronco y a su vez depende de la edad, la especie, el sitio y manejo de los mismos.

Un punto interesante del informe sostiene: "La extensión en la cual los árboles interceptan los contaminantes, precipitaciones y enfrían el aire mediante la evapotranspiración depende de la magnitud de la superficie foliar, de ahí su importancia". Precisamente el área foliar se refiere a la integración del área de todas las hojas presentes en un individuo o sistema.
Utilizado los parámetros establecidos por el Servicio Forestal de los Estados Unidos, Barreiro realizó el cálculo: "Considerando los valores utilizados en la actualidad (20 US$ por tonelada de CO2 absorbido, 50 US$ por tonelada de carbono secuestrado y retenido), el Jardín Botánico de la Ciudad estaría ofreciendo un servicio ambiental equivalente a US$ 158.620 (unos $5.967.750), en CO2 absorbido y de US$ 108.150 ($ 4.055.250) en carbono retenido", sostiene la investigación.

Si se agregaran los demás renglones del servicio ambiental de un predio arbolado a un ámbito urbano (retención de partículas, retención de agua de lluvia y ahorro de energía por morigeración de las temperaturas extremas), se acuerda un precio internacional adicional de US$ 150 /árbol de tamaño promedio. Esto significaría un aporte al ambiente por parte del Jardín Botánico, sólo considerando el servicio de sus árboles, de US$ 195.000 adicionales ($7.312.500). Los servicios y los valores son anuales ya que así se hace el cálculo a nivel internacional.

¿Se puede trasladar este valor a los 350.000 árboles que contabiliza el distrito? No, ya que hay que calcular las edades, los tamaños y las especies que se analizan.

Para Barreiro, lo más valioso del Jardín es que conserva en su colección viva más de 170 especies de las 500 especies arbóreas nativas de Argentina. "Por supuesto las de las regiones templadas del país y algunas subtropicales. Es una muy buena proporción de especies originarias, considerando el pequeño tamaño que tiene el Jardín. Muchos de los ejemplares que coleccionamos (es decir, conservamos a través de su cuidado) son hijos de árboles que vivieron en zonas donde la especie ha desaparecido o está en peligro de desaparecer, principalmente, por avance de la frontera agropecuaria. Esto lo hace importante no solamente para la Ciudad sino para el mundo que intenta conservar las especies globalmente".

La ingeniera también cree que "desde el punto de vista de Buenos Aires, así como la Ciudad es la líder del país en muchos aspectos, el Jardín también es líder a nivel nacional. Nos hemos convertido en estos últimos años en un ejemplo a imitar y esperamos que esto sea un motivo de orgullo para los porteños. En cuanto a su trabajo en educación, estamos al alcance de todos, por nuestra ubicación central en la ciudad. Y eso facilita el acceso de niños y adolescentes (también de adultos) al conocimiento de la naturaleza".

El arbolado también es central a la hora de hablar del efecto de isla de calor que las construcciones generan en las grandes ciudades. Por eso los ejemplares lineales, los que están plantados en las veredas son muy importantes: una investigación de la cátedra de Espacios Verdes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Entre Ríos, con la dirección de la ingeniera y docente María Silvia Carponi determinó que en las calles sin árboles la temperatura que se percibe puede aumentar entre 4º C y 9º C.

La ciudad de Nueva York también valora sus árboles. En 2015 convocó a 2300 voluntarios para que determinaran cuáles eran los árboles que están en su entorno y en qué estado se encontraban. Ahora la información de estas caminatas, que dieron origen a un catastro del bosque urbano, está disponible en un Mapa de árboles de la ciudad de Nueva York. En él cualquier persona puede revisar estadísticas sobre cada uno de los 685.781 árboles registrados, un calendario de actividades relacionadas al cuidado de los árboles, el número total de especies y conocer cuál es la más común en su barrio.