Ofelia Fernández tiene 18 años. En los últimos años, se destacó como líder estudiantil.
Ofelia Fernández tiene 18 años. En los últimos años, se destacó como líder estudiantil.

Ofelia Fernández espera sentada sobre el umbral de la entrada al Colegio Nacional Carlos Pellegrini. Habla por teléfono frenéticamente, manda mensajes. Allí pasó los últimos seis años de estudio. Protagonizó tomas, reclamos estudiantiles, polémicas y horas de entrevistas de televisión, radio y diarios. Su estatura contrasta con sus ideas y convicciones. O les da una resonancia mayor.

Aunque el año pasado dejó la presidencia del centro de estudiantes del "Pelle" -ocupó ese cargo por dos períodos-, su discurso sigue cruzando las fronteras del colegio. La última vez fue hace dos semanas en el Congreso, cuando se hizo un lugar entre los 600 expositores en las audiencias que debatieron el proyecto de despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Con una arenga fluida y sin apelar a la lectura, su mensaje de seis minutos cautivó a miles y se viralizó rápidamente por las redes sociales. Intentó, en esa chance, ser "la voz" de las adolescentes mujeres. Es un exponente de la generación que empieza a conocerse como "la revolución de las hijas", aquellas menores que, desde los colegios y en cada ámbito público, luchan por el aborto legal.

"La repercusión que más me interesaba era la de las pibas de mi edad. Muchas me hablaron de todo el país y me decían que se sentían identificadas con mis palabras. Me hacen feliz esas repercusiones. No quería ir ahí a consumir mi individualidad, quería ir y ser vocera de esa juventud que casi no habló en el Congreso", señaló Fernández en un mano a mano con Infobae en el patio de la centenaria institución.

— No solo interpelaste a las adolescentes. Muchas mujeres adultas y referentes de la campaña por el derecho al aborto te elogiaron…

— Me gusta cuando viene ese reconocimiento porque el feminismo logró hermanarnos, anular esa imagen de la mujer que compite todo el tiempo. Cuando decimos lo que hay que decir, más contentas nos ponemos, no hay envidias ni peleas de egos. También creo que lo del Congreso desmitifica la idea de que la juventud es inútil o no tiene capacidad de desarrollar su propio pensamiento. También pasa lo otro; una expositora antiaborto llegó a decirme 'ay, pobrecita'. Me lo dijo de corazón, como si me hubieran lavado la cabeza. No la iba a ahorcar, pero le contesté que sabía bien lo que decía, que se quedara tranquila por mí.

Feminismo adolescente

Ofelia eligió el secundario del colegio Carlos Pellegrini casi por casualidad. Milita allí desde los 13 años, hoy lo hace en la agrupación de izquierda popular "La Emergente". Su imagen se conoció masivamente en 2016, cuando con 16 años encabezó en el Pelle una de las decenas de tomas contra la reforma educativa conocida como la "Secundaria del Futuro".

No fue la única controversia. Antes, en abril de ese año, organizó otra ocupación en repudio a un preceptor con antecedentes por violencia de género que había sido designado en el cargo de regente. Más tarde volvió a ser la vocera de los estudiantes cuando defendió la realización de un taller en la escuela donde se discutió sobre aborto y el uso de la pastilla misoprostol.

— ¿En qué momento te 'cayó la ficha' del feminismo?

— Sufrí como mujer con el primer viejo verde que me gritó en la calle o cuando me enteraba del señor que mataba a una piba de mi edad, o el profesor que tiraba comentarios machistas. Pero para mí eso se resolvía con distintas lupas. Fue en el primer NiUnaMenos de 2015 cuando dije "uhh, acá hay algo que es parte de lo mismo", de un sistema que se llama patriarcado. Fue el descubrimiento de un abecé. Es algo muy sentido, muy humano, una realidad (patriarcal) a la que no podés escapar. Es una realidad que te domina y es una mierda. Desde esa base hay algunas que decidimos organizarnos. Para mí era una necesidad obligatoria.

“El feminismo fue el descubrimiento de un abecé”, afirma Ofelia Fernández.
“El feminismo fue el descubrimiento de un abecé”, afirma Ofelia Fernández.

— ¿Qué es el feminismo para vos?

Hoy es mucho más que la oposición al femicidio y una convocatoria que sucedía una vez al año, con el NiUnaMenos o el Encuentro Nacional de las Mujeres. Hoy el feminismo es transversal, dejó de ser una identidad para ser un colectivo determinado que nos hermana, con multiplicidades teóricas y prácticas. Es el movimiento más grande que hay en la Argentina, y tiene la capacidad de vincularte todo el tiempo, incluso cuando no estás vinculada. Es eso cuando lees casos como los de España, te indignás y ves "ahí están mis compañeras luchando". No sabes quiénes son, pero no importa, es una línea que va más allá de lo corporal. No es solo un pliego reivindicativo, sino en cómo nos organizamos entre nosotras.

— Te cito tu discurso en el Congreso. Dijiste que hay un "ejército de mujeres" afuera. ¿De qué tipo de ejército se trata?

— Es un ejército que se hace desde abajo. Este proyecto de ley tiene años y años de elaboración desde las calles, de perseveración y constancia. Lo único que tienen que hacer ahora los diputados es votarlo. El trabajo real fue el de la gente que, todos los martes y durante dos meses, sostuvieron el pañuelo verde. Es un ejército muy perseverante y valiente, que fue capaz de construir otro vínculo entre las mujeres desde la sororidad, y que en algún punto es invencible. El aborto puede no salir este año, pero no se termina ahí la batalla. No nos vamos a dar por vencidas.

— ¿Qué pensás cuando ves a los grupos más activos contra el aborto legal? Hace poco presentaron un petitorio con más de 400 mil firmas en el Congreso.

— No tengo conciliación posible con quienes se embanderan con orgullo en el "provida". Mariana Rodríguez Varela es la representante principal de este sector. No puedo conciliar con una mina que pide retroceder y anular el aborto legal por violación y expone a una víctima de 11 años en el Congreso. Es un nivel de humanidad nulo. Me interesa dialogar con los que están en contra pero que no terminan de visualizar la problemática, que es la vida de mujeres reales en juego.

La política como teatro

En la actualidad Ofelia está cursando el "sexto año", ese sustituto del CBC que las instituciones preuniversitarias de la UBA utilizan como preingreso a la alta casa de estudios. Ella eligió la carrera de Sociología. En su discurso hay una llamativa mezcla del lenguaje de los chicos y las chicas de su edad, con el de la jerga de las Ciencias Sociales. Pero también hay una potencia dramática: uno de sus mayores gustos es la actuación, actividad que practica naturalmente, desde los 9 años.

"La política para mí es puro teatro, o al menos gran parte -revela Fernández-. Diez minutos de intervención en una asamblea para mí es una actuación pura. Después de que una discute algo seis veces, lo escribe y lo organiza, algo se pierde. Tengo mucho de pararme, hacer como si me fuera a quebrar, y plantar una puesta en escena para interpelar a la gente. La gente que me conoce y vio ese proceso me dice 'qué vendehumo que sos', pero en realidad es clave poder darle bola en cómo se comunica algo. Lo noté en el Congreso, rompí con 15 intervenciones monótonas de lectura, y fue un cambio de lógica. No es gilada dedicarle tiempo a eso".

— En las redes sociales te quieren candidatear.

— Tengo 18 años (risas). Si en 10 años aparezco en una boleta seguro ni se acuerdan de mí. Es todo un humo porque están contentos y les gustó la intervención en el Congreso. Yo me cago de risa, digo "jaja" y vemos. Hay que retener cierta humildad y poder reconocer que no se sabe lo que va a pasar.

— ¿En algún momento pensaste "basta de esto"?

 Siempre me sobreexigí demasiado. En los dos años de presidencia en el centro de estudiantes fue la muerte. Odio el concepto de sacrificio pero, a la vez, llegar re cansada y matada a casa, pero hacer algo que iba a tener sus frutos como ir a una marcha y organizar que vayan mil personas es decir 'bueno, prefiero esto'. Si tengo que cansarme en el camino, al menos voy al final del camino que yo quiero. 

Machismos y juventud

Ofelia recuerda que, "como todas", tuvo experiencias de violencia machista con los varones. Menciona las típicas salidas nocturnas con amigas para ir a bailar, en las que reconoció que "todo está armado" para que las mujeres sean objeto de consumo.

"Te hacen pasar gratis y te dan consumiciones de alcohol para que estés lo más inconsciente posible antes de que entren los chabones. Frente a ese planteo el hombre piensa que la mujer es un objeto de consumo y está disponible, ahí es cuando van y, naturalmente, te tocan el culo. Es un horror porque hay mujeres que terminan entrando a esa lógica", afirmó.

Para la joven hay "mil situaciones" como esa. "Si en mi casa me abusan, si en el colegio soy vulnerada, y si en la calle me violan, te dan ganas de romper paredes", señaló.

— ¿Ves algún mayor respeto hacia las mujeres entre los varones de tu edad?

— Hay mucho crecimiento y aceptación de la diversidad sexual. En los secundarios hay un fenómeno de denuncias de abusos que es un avance en la manera de relacionarnos. Hay varones que están tomando registro de muchas cosas naturalizadas que tienen que parar; y otros, si bien no es lo mejor, no lo hacen porque no quieren que los denuncien. Nuestros espacios comunes y sociales son mucho más amenos y respetuosos, de mayor consentimiento. La monogamia heterosexual y eterna fue totalmente derrumbada para volver a construirla desde nuestra propia base, desde cero, y quien desee tenerla sea por decisión propia, y no por lo mandatos que nos llueven desde la televisión. El resultado es un amor más consensuado y libre, y en algún punto, más feliz.

— ¿Cómo creés que los adultos ven hoy a los jóvenes?

— La juventud siempre fue un sujeto muy dinámico. Hoy se piensa que los jóvenes somos simplemente millennials, que nos importa Instagram y nada más y no es así. Como no trabajamos, tenemos más tiempo para pensar y movilizar. No sé por qué se le quiere poner un piso al desarrollo de conciencia. Si una piba de 13 años habla de lo que vos no hablaste hasta los 18, celebralo y no lo critiques. Son mitos que se ponen para generar imágenes de gente boluda.

Como otras adolescentes, Ofelia cree y piensa en alto con respecto a la despenalización del aborto. Esta semana, una decena de colegios secundarios fueron tomados por sus estudiantes en apoyo al proyecto de ley. Ella es un emergente de esa forma de hacer política que creció durante el kirchnerismo y de una sensibilidad adolescente que reclama por más derechos a las mujeres.

— ¿Creés que vas a ver el aborto legal en Argentina?

— Espero que sea este año, pero creo que va a salir aprobado en Diputados y no en Senadores. Lo importante es sostener este nivel de organización. Aunque soy joven, creo que no voy a morir sin verlo.

— ¿Y si no sale?

— Me voy a poner en superzurdita, pero lo que fallaría ahí es la democracia representativa, que te pone caras para que confíes plenamente, el nombre y apellido que va a estar en el Congreso, para que al final no tengamos capacidad de decidir sobre nada. Que esto salga en contra sería un fiel reflejo de eso. Los Martín Fierro fueron una gran demostración. El que conoce la TV sabe que siempre te pide indiferencia, y de repente el 99% de la gente está de verde. Significa que hay algo que culturalmente se removió. El sector que pide "Por las dos vidas" ni arrancan el partido, son una negación de manual, son la gente estática, los que quieren ir para atrás. Lo que es desafiante es plantear una alternativa, cuando un pueblo toma la iniciativa. Si no sucede el aborto legal, significa que las estructuras partidarias como el PJ y el PRO caducaron.

"Cristinita"

Ofelia vive en el barrio porteño de Caballito, por la zona de Plaza Irlanda. Hija de un padre músico y de una empleada de casa de cambio, empezó a tener inquietudes políticas desde nena. Leía muchos diarios y veía las cadenas nacionales de Cristina Kirchner. Quería "retenerlas ciegamente".

"Me acuerdo que en el sexto grado de la primaria, en 2011, año de elecciones, todos me hacían chistes y decían Cristinita porque yo era muy kirchnerista, ahora no lo soy (risas). Con once años ya me peleaba con todos y hasta con mi profesora, porque votaba a Hermes Binner. Yo era como un cassette de las páginas de Facebook kirchneristas".

— Te siguen diciendo Cristinita.

Sí, pero en tono de burla, me río con esos comentarios. Llevo seis años militando activamente, pero mi día a día lo paso acá en el colegio, no soy de la política parlamentaria como para que me digan Cristinita. Acá está mi cancha, donde puedo movilizar y discutir, donde sé jugar. Hoy estoy acá y mañana será en la universidad.

— ¿Había muchas discusiones por política en tu familia?

— Mi madre debe haberme transmitido un poco eso de manera simbólica. Es la peronista clásica que tiene el cuadro de Evita y de Perón, el muñequito de Néstor (Kirchner)… Pero me formé sola, la militancia no es algo de familia. De hecho mi papá siempre me la tiraba abajo; ahora ven que no era un caprichito. Ellos me brindaron mucha autonomía porque militar en este colegio significaba estar solo en tu casa para cenar y dormir, siempre me bancaron. Me dejaban la comida hecha (sonríe).

— Te interesaste primero por el kirchnerismo. ¿En qué momento te diste cuenta de que no tenía que ver con vos?

— Al kirchnerismo le reconozco que tuvo una gran labor para acercar a la gente a la política. Cuando tenía 11 años lo hegemónico era Mauricio Macri como jefe de gobierno de la Ciudad, que para mí era una imagen mala, y del otro lado estaba el kirchnerismo. Había que moverse en esos dos polos. De repente llego al "Pelle", que estaba conducido por una lista de izquierda, y digo "wow, qué es este espectro". Empecé a shockearme cuando me hablaron de Luciano Arruga o de Mariano Ferreyra. Algo no estaba del todo bien. Ahora que tengo mucha repercusión me dicen que me va a cooptar el kirchnerismo, y que sería sabio ser parte de eso para poder llegar a algún lado. A mí no me importa entrar en una estructura partidaria mayor que deja tantas cosas en el camino, no es la militancia como yo la concibo.

“El neoliberalismo busca que veamos la realidad como un paisaje”, indica la militante. (Fotos Martín Rosenzveig)
“El neoliberalismo busca que veamos la realidad como un paisaje”, indica la militante. (Fotos Martín Rosenzveig)

— Dijiste que la violencia de género te da ganas de "romper". ¿Qué otras cosas de la vida cotidiana te generan lo mismo?

— Siempre digo que el neoliberalismo busca que veamos la realidad como un paisaje, como si todas las cosas fueran inmutables. Yo soy partidaria de lo contrario, de que la realidad es la suma de las realidades de todos y de todas, que es nuestra, y que su transformación es posible en la medida que seamos capaces de cuestionarla. En esa filosofía trato de romper esa indiferencia, esa ceguera generalizada y demonización de la política que, en definitiva, es estar vendiendo tu vida y tu futuro. Y yo no hago negocios con la realidad. Yo la discuto y la transformo.

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