
Corría julio del 2014 y Suhene Carvalhaes tenía 26 años. Volvía de festejar el segundo aniversario con su novio, Damián Loketek, al departamento donde convivían, ubicado en el barrio de Belgrano. Se habían conocido trabajando juntos en la empresa IBM y tenían planeado casarse a fin de año. Pero un solo "no" frente al pedido de que se quedara a dormir esa noche desencadenó una golpiza que haría que Suhene, 241 días después, perdiera la vida.
"No me quiero quedar acá con vos", cuenta Sarah, su hermana, que le respondió Suhene. Bastó un solo "no" para que empezara todo: "Ella le dijo que tenía un examen al otro día y que se iba a ir a lo de mamá porque quería estudiar. Cuando empezó a hacer las valijas, él comenzó a golpearla. Fue la primera vez que ella dijo: 'No, no voy a hacer lo que vos decís'".
Eran las 2 de la mañana. Suhene quería irse a estudiar porque tenía que rendir final de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, carrera de la que era estudiante hacía 3 años. Ya venían discutiendo con Damián desde antes de llegar al departamento: en el camino, él había tratado de "trolas" a unas chicas que se cruzaron vistiendo minifaldas. "¿Por qué les decís así?", le había replicado Suhene. Él respondía enojado. Pero fue el deseo a ejercer su propia libertad lo que a Loketek le causó más indignación: es que, en definitiva, quería que se quedara con él.
"Comenzó a golpearla brutalmente. En el medio, desconectó el cable del teléfono, le rompió el celular. No podía llamar a nadie. Eran tan brutales los golpes que Suhene empezó a gritar 'me va a matar'. Ahí él trata de asfixiarla, pero no lo logra", relata Sarah. Fueron los vecinos que, alarmados frente a los gritos que provenían del departamento, decidieron intervenir y llamaron a la Policía.
Los 241 días restantes en la vida de Suhene estuvieron cargados de injusticia. La golpiza le provocó una hidrocefalia que empezó a manifestarse paulatinamente. Primero sufrió un coágulo en el ojo que posteriormente la dejó bizca. Empezó a tener dolores de cabeza que no la dejaban trabajar. Debió estar internada 8 meses, con medicamentos a base de morfina. Hasta que finalmente perdió la vida, en marzo del 2015. Damián, por su parte, este 27 de marzo se escapó de Argentina, evitando el juicio oral.
"Esto es una pelea de pareja, resuélvanlo en la cama"
Al llegar la Policía al departamento de Suhene y Damián, no querían tomarle la denuncia: "Esto es una pelea de pareja, resuélvanlo en la cama", le dijeron. A pesar de las negativas por parte de la Policía, Suhene decidió ir a la Comisaría. "Mi hermana estaba completamente golpeada, con moretones y sangre por todo el cuerpo. Y ella decide, aún así, denunciarlo y caminar hasta la Comisaría 33, que estaba a 5 cuadras de su casa", recuerda Sarah. Damián la perseguía y gritaba: "No te va a pasar nada, sos una tonta, sabés que no te van a dar bola".
Una vez en la comisaría, luego de hacer la denuncia, la encerraron en una celda. Damián recibió un trato preferencial mientras la policía repetía que se trataba de un caso de "lesiones recíprocas" porque él tenía una mordida en el brazo.
Licencia para él, nada para ella
Suhene comenzó a sufrir las consecuencias físicas producto de la golpiza y el intento de asfixia. La hidrocefalia le provocó dolores de cabeza que no la dejaban continuar con sus actividades normales. Tuvo que dejar de estudiar y de trabajar para recibir un tratamiento a tiempo completo en el Hospital Alemán, donde comenzó a tratarse con medicamentos a base de morfina para paliar los dolores.
IBM no le reconocía la licencias médica, tal como lo especifica su hermana Sarah: "A los 3 meses le dejaron de pagar el sueldo, porque no querían aceptar su licencia médica. El tratamiento lo tuvo que costear mi familia, porque todos los meses que estuvo internada ya no recibía un sueldo. No le reconocían la licencia y tampoco le pagaban". Por el contrario, Damián siguió yendo a trabajar todos los días y el día que Suhene murió le otorgaron una licencia psicológica.
"Todo esto es muy grave porque IBM es sponsor oficial de campañas contra la violencia de género. Para el 8 de marzo, hicieron un video empresarial con sus empleadas mostrando cómo tratan a las mujeres. Y después, en la práctica, es otra cosa: no escuchan ni apoyan a las mujeres que sufren violencia", analizó Sarah.
¿Y la Justicia?

Pese a que Suhene murió como consecuencia de los golpes ocasionados por su pareja en un claro caso de violencia de género, la Justicia decidió no caratular la causa como femicidio. Por el contrario, aseguraron que se trató de "lesiones graves con intento de homicidio agravado doblemente por el vínculo".
"En un principio había quedado como lesiones leves, algo que nos pareció absurdo porque ella ya estaba internada. Estaba en terapia intensiva, pero para la Justicia eran lesiones leves. Recién después de fallecer, pedimos una autopsia y tuvimos a una de las médicas forenses más reconocidas, llamada Virginia Creimer, quien declaró que fue violencia de género. Sin embargo, nunca se caratuló como femicidio. "¿Por qué una lesión leve pasa a lesión grave con intento de homicidio si hay una persona muerta? Ni siquiera llegó a ser caratulado por femicidio. Nosotros creemos que lo ayudó las condiciones económicas que él tiene, poniendo a sus médicos y a sus buenos abogados", detalla.
El 4 de abril del 2018 la familia de Suhene esperaba el juicio oral. Sin embargo, ese momento nunca llegó: Damián Loketek se fue del país sin dejar rastro el 27 de marzo de este año. "Varias veces pedimos que no lo dejaran salir mientras duraba el juicio. La Justicia nunca se molestó porque decían que si él venía mientras lo citaban, estaba dentro de la ley", cuenta Sarah.
De nada sirvió que la familia presentara pruebas de que estaba intentando escaparse del país: "Él siempre tuvo la facilidad económica de poder viajar, de ocultarse. Nosotros pedimos siempre una orden de restricción y la Justicia la negó. Cuando Damián vio que venía un juicio oral, pensó: 'Yo voy a zafar', pero al ver que se acercaba la fecha… se sintió presionado, y, asesorado por el abogado, Gabriel Becker, lo hizo: se fue en Buquebus a Uruguay, 5 días antes del juicio, como si nada. Se tomó el barquito y se fue", relata. "Lo planeó todo este tiempo".

Para Sarah, ahora Damián ni siquiera está sufriendo la presión psicológica de lo que se dice en los medios de comunicación. El 27 de marzo abandonó el país, como cualquier otro ciudadano, y su abogado renunció al día siguiente alegando "cuestiones éticas". La familia de Suhene sabía que este desenlace podía suceder: "De ética ese abogado no tiene nada. Otros abogados que viven en Israel nos escribieron un mail diciendo que Damián se había querido asesorar para extraditar la ciudadanía, para irse a vivir allá con su familia, aconsejado por Becker. Y lo presentamos a la Justicia, pero no hubo caso. El abogado se manejó siempre en causas muy importantes, en medio de gente de plata. Tiene contactos y conocimientos".
Tras su fuga, Loketek figura "en rebeldía": la familia solicitó un pedido de captura internacional a la Interpol. De todas formas, las esperanzas de que lo encuentren se esfuman con el paso de los días: "Está el pedido de captura de Migraciones. Si él llega a entrar a Argentina, queda detenido. En otros países se supone que está actuando Interpol, pero tampoco es algo que nosotros podamos controlar, no nos dan informes. Tenemos que creer y confiar plenamente de que sí, que lo van a encontrar. Y si lo encuentran, no es tan fácil traerlo a Argentina, que declare. Cuando vuelva a empezar todo de nuevo pueden pasar años y hacer que la causa finalmente proscriba".
Para Sarah, es importante dejar en claro que presentar un caso a la Justicia no es garantía de que funcione bien: "La Justicia no es una persona, no es un juez que decide. Son todas esas instituciones que siguieron actuando mal, sin control. Es la Policía, es el primer hospital que asistió a mi hermana y no pidió custodia policial. Es el: 'No digas nada, te vio nerviosa y te trató mal, es solo por hoy'. Son todos esos pasos que se van salteando y que van colaborando con un mundo más injusto", define. "Si no brindamos todas las herramientas, las víctimas siempre van a quedar desamparadas".
A pesar de haber vivido en carne propia la peor cara de la injusticia, Sarah sigue creyendo en un mundo mejor: "Ojalá que lo encuentren. Y si no es así, por lo menos dejar en claro este mensaje: el maltrato psicológico viene muchas veces disfrazado de 'amor romántico'. Agradezco las marchas, a las chicas jovencitas hablando de esto… Si todos tenemos en claro eso en nuestra mente, esa sea quizás la herramienta más inmediata. Y se genera algo colectivo".
TKM intentó comunicarse con IBM, que no dio respuesta alguna hasta la fecha
Por Bárbara Simeoni para TKM
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