Feriado en casa, con el nene de 4 años de quien es “mamá sustituta” (Adrián Escandar)
Feriado en casa, con el nene de 4 años de quien es “mamá sustituta” (Adrián Escandar)

Esa mañana, Viviam Perrone entró al aula y saludó a sus alumnos. Su plan era repetir un ejercicio que solía usar para que los adolescentes practicaran inglés. Esa mañana, sin embargo, en vez de pedirles que hablaran de una película, improvisó otra consigna: "Un fin de semana que nunca voy a olvidar". La alumna que pasó al frente no tuvo que pensarlo: habló de un fin de semana en el que sus padres habían llevado a casa a un bebé que vivía en un Hogar. Viviam la escuchó. Habían pasado 5 años de la muerte de su hijo y lo que esa alumna estaba contando iba a ser, poco tiempo después, una escena de su propia vida.

En la casa de Viviam Perrone (57), en Martínez, dos perros saltan emocionados y sus hijos sonríen desde los portarretratos. Sonríe Eric (que hoy tiene 32 años), sonríe Yael (de 21) y también Kevin Sedano, el del medio, que murió en 2002 tras ser atropellado y abandonado en Avenida del Libertador. Viviam pasa el índice por su foto, lo acaricia con un dedo mientras habla. Kevin tenía 14 años. Fue después de su muerte que se unió a otras madres de hijos asesinados -en secuestros, robos, violaciones- y fundó la asociación civil "Madres del Dolor".

Kevin, su hijo. El conductor que lo atropelló y lo abandonó ya volvió a manejar.
Kevin, su hijo. El conductor que lo atropelló y lo abandonó ya volvió a manejar.

El Hogar del que aquella alumna hablaba se llama "Familias de Esperanza" y recibe -con derivación de judicial- a bebés, chicos y grupos de hermanos. Los chicos son "pasajeros en tránsito" y el objetivo es que estén cuidados hasta que la Justicia defina si vuelven con alguien de su familia biológica o son dados en adopción. Son chicos en situación de alta vulnerabilidad social: fueron abandonados, tienen padres adictos o fueron víctimas de distintas formas de violencia, abusos sexuales incluidos.

Hay familias que se anotan (les piden certificados de antecedentes penales y los visita una asistente social) para ser "familias de apoyo": van a visitarlos, los sacan a pasear o los llevan a sus casas -a vivir provisoriamente o a pasar los fines de semana- para que en ese "mientras tanto" los chicos tengan vida de familia.

"Al principio no quería, tenía miedo. Pensaba: 'no sea cosa que a mi mente se le ocurra que hay un modo de reemplazar a mi hijo", cuenta a Infobae. Fue a conocer el Hogar "para cumplir", por insistencia de sus alumnas, pero no se pudo despegar más. "Recuerdo que entré y los chicos me decían '¿me llevás a tomar un helado?', '¿me ayudás a hacer los deberes?'. Y ahí me dije: '¿Cómo voy a estar pensando en mí? ¿Cómo voy a estar pensando en si yo voy a sufrir si me encariño? No podés ser tan egoísta".

Viviam, su hijo “en tránsito” y las fotos de su familia (Adrián Escandar)
Viviam, su hijo “en tránsito” y las fotos de su familia (Adrián Escandar)

Fue un 24 de diciembre que trajo a esta casa a una beba de una semana de vida. Se levantó de madrugada a darle la mamadera, a cambiarle los pañales y a darle la medicación (tenía chances de tener VIH). Viviam fue su "mamá sustituta" durante un mes y medio, hasta que fue dada en adopción. La cuidaron entre todos: también hizo de "papá sustituto" su pareja (que tiene 5 hijos, ya grandes) y Yael fue, por un tiempo, su hermana.

También trajo a una nena a la que retiró del Hogar todos los fines de semanas y feriados durante dos años. "Vino de vacaciones con nosotros, aprendió a caminar con nosotros", cuenta Viviam, con nostalgia en la voz. "Cumplió un añito cuando mi suegro cumplió 80, así que hicimos una fiesta enorme con dos tortas: una con 80 velas y otra con 1. Ojalá que alguna vez le muestren todas esas fotos, porque esta también fue su vida".

Tiene 4 años el nene que ahora tiene en brazos. Tiene, también, cicatrices de golpes en la cabeza, donde el pelo ya no crece. "El objetivo es que ellos se sientan especiales, que no sean un número. Que se sientan queridos, cuidados, seguros. Ellos vienen acá y saben que tienen sus juguetes, su camita, su moisés, su cepillo de dientes. El gordito llegó al Hogar sin hablar y ya se hace entender, y dejó de usar pañales de día".

En casa, con el pequeño T, que tiene cicatrices de golpes en la cabeza (Adrián Escandar)
En casa, con el pequeño T, que tiene cicatrices de golpes en la cabeza (Adrián Escandar)

Hay una pregunta que siempre, de algún modo u otro, aparece: "¿Pero no tenés miedo de encariñarte y sufrir cuando tenés que entregarlo?". En el Hogar tienen una respuesta: "Si no te encariñás, no servís". Es que no es fácil trazar las líneas divisorias:

"Me encariño mucho, claro. Cuando son bebés los tengo a upa dándoles la mamadera tan apretados contra mi cuerpo que a veces siento que les estoy dando el pecho. Así a la 1 de la mañana, a las 4. O ando de madrugada llevando a un bebé al hospital porque tiene fiebre. No es solo darles de comer, es abrazarlos cuando tienen miedo. Es verdad que cuando llega el momento de separarnos me desgarra, de golpe no están más. Pero es así, llegás a sentirte su mamá aunque siempre tenés que saber que en algún momento se van a ir".

La sensación en "el después" depende de cómo se hayan ido. Es que, a veces, la Justicia define una familia estable para el chico -volver con la biológica o una adoptiva- y entre todos permiten que puedan despegarse de a poco de las familias sustitutas. "Cuando pasa eso me encanta. Pido a Dios que sea una familia que lo cuide y que sea feliz". Y lo suelta. Pero otras, la Justicia decide de un día para el otro y no les dan tiempo ni a despedirse.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

"Eso me da mucha bronca, los chicos no son paquetes. No quiero que dejen de vernos de un día para el otro y lo vivan como un abandono más. Una gordita estuvo un año con nosotros, tenía su barrilete, sus juguetes", dice y la muestra en una foto remontando el barrilete en la Costanera. "Un día salió en adopción y chau, no me permitieron ni darle su mochilita, sus juguetes, tranquilizarla, decirle que iba a estar bien, contarle a la nueva familia con qué sabanita le gustaba dormir. No sé en qué piensa la Justicia a veces, uno hace eso hasta con un perro".

Se angustia cuando eso pasa pero vuelve: "Es que mientras vos te ponés mal, en el Hogar hay 40 chicos más esperando que alguien se los lleve un fin de semana. Son chicos que necesitan amor y lo necesitan ya. Hay chiquitos, por ejemplo, que no hablan y tienen los puños cerrados. Cuando te tomás el tiempo de acariciarles las manos, los dedos se van abriendo". Hace 10 años que lo hace y, por eso, en su entorno nadie se sorprende cuando la ven llegar con un bebé: ha atendido a familiares de víctimas viales con un bebé a upa.

"Ellos me ayudaron a atenuar el dolor por la muerte de Kevin. No solo a mí sino a mi hija, que tuvo una vida muy difícil. Ella iba a jardín cuando mataron a su hermano y su papá murió de un infarto una semana antes de que empezara el juicio contra el conductor del auto. Pero ahora vos venís acá un fin de semana y está todo lleno de juguetes y por ahí decimos ¡baño de espuma! y la casa cambia, se llena de vida. Me parece bueno que ella también vea que siempre hay alguien a quien le pasa algo feo y cómo el amor de una familia te puede ayudar a salir adelante".