Andrea pujó abrazada a una pelota. Su marido la tomaba de los hombros
Andrea pujó abrazada a una pelota. Su marido la tomaba de los hombros

"Quería parir pero no me dieron tiempo", dice Andrea Noren y se refiere a Teo, el mayor de sus tres hijos, que nació hace cinco años en una reconocida clínica de Palermo. Dos horas después de haber llegado a la clínica, Andrea entró a un quirófano y el bebé nació por lo que -está convencida- fue una "cesárea innecesaria". Por eso, cuando volvió a quedar embarazada decidió investigar y elegir un equipo de parteros con quienes planificar un parto en su casa. Su segundo hijo nació en el comedor, después de 20 horas de trabajo de parto. La tercera nació en su habitación, mientras ella pujaba abrazada a una pelota.

El parto domiciliario tiene sus adoradores y quienes consideran que es "un capricho" demasiado riesgoso. Lo cierto es que muchas de las mujeres que se vuelcan hacia esa opción son madres que tuvieron partos anteriores en una institución y se sintieron obligadas a apurarse (les suministraron oxitocina para acelerar las contracciones), les hicieron una cesárea cuando no la necesitaban o sufrieron alguna forma de violencia obstétrica contempladas en la ley, como un trato deshumanizado o un abuso de la medicalización.

Meilí en el instante preciso de su nacimiento
Meilí en el instante preciso de su nacimiento

"Si no hubiera vivido lo que viví con Teo jamás habría pensado en parir a mis otros hijos en casa. Fue muy traumático", cuenta a Infobae Andrea Noren (29) desde la misma casa en la que nacieron sus últimos dos hijos, en Castelar. "Llegué a la clínica un domingo, con contracciones, ocho centímetros de dilatación y con un embarazo sano. La excusa para hacerme una cesárea fue que había sufrimiento fetal. Mi marido se asustó y firmó la autorización.Después, el pediatra miró la historia clínica y nos dijo que no había razón médica para hacerme una cesárea".

Las llamadas "cesáreas innecesarias" son una preocupación mundial. Un informe de la Organización Mundial de la Salud llamado, precisamente, "Epidemia de cesáreas" considera que no más del 15% de los nacimientos deberían terminar en un quirófano. En Argentina, en cambio, más del 35% de los nacimientos son por cesárea. La cifra trepa a más de un 50% cuando se trata de instituciones privadas.

La niña nació con la bolsa. Su madre la rompió cuando ya la tenía en brazos
La niña nació con la bolsa. Su madre la rompió cuando ya la tenía en brazos

En aquel entonces, Andrea se había ilusionado con respetar la "hora de oro" de su hijo, un concepto avalado por Unicef y el ministerio de Salud, que indica que los primeros 60 a 90 minutos posteriores al nacimiento son "de oro". El contacto piel con piel -dejar al bebé sobre el pecho de la madre antes de hacer cualquier intervención postergable, como limpiarlo- no sólo ayuda a los chicos a tolerar mejor la angustia de la separación y a sentirse más seguros sino que les ayuda a estabilizar la respiración y la presión, reduce las hormonas del estrés, evita la hipotermia y los ayuda a "prenderse" de la teta.

Nada de eso pasó con el primer hijo de Andrea y Matías, su marido. Cuando quedó embarazada de Eidan, su marido se aterrorizó con la idea de volcarse hacia un parto domiciliario. Por eso ella volvió a pedir turno en otra clínica, esta vez en Merlo. "Me hicieron esperar muchas horas para atenderme y todas las mujeres estábamos ahí, sumisas, diciéndonos 'bueno, hay que aguantársela'. Cuando logré que me atendieran, me dijeron que como había tenido a mi primer hijo por cesárea, tenían que programar otra. Yo estaba informada, les dije que de ninguna manera estaba obligada a hacerlo. Me contestaron: 'Parece que estás encaprichada, preferís que tu bebé muera antes que dar el brazo a torcer'.

Apenas nació, su hijo mayor entró a saludar a su nueva hermana
Apenas nació, su hijo mayor entró a saludar a su nueva hermana

Los datos de la maternidad Sardá -la que tiene más nacimientos de la Ciudad de Buenos Aires- muestran que, efectivamente, no estaba obligada a tener otra cesárea. De las madres que llegan a parir a un segundo hijo habiendo tenido al primero por cesárea, el 50% o tienen por parto vaginal, la otra mitad por cesárea.

Fue por eso que empezó a buscar pateras, neonatólogos u obstetras que hicieran "partos planificados en domicilio". Descartó algunos que no le dieron confianza y eligió a un equipo de dos parteros (Licenciados en Obstetricia, uno en la Universidad de Buenos Aires, otra en Europa) a quienes les enumeró todos los miedos que tenía. Le explicaron que la condición era que no se tratara de un embarazo de riesgo y que ellos no lo hacían en mujeres con dos cesáreas previas, que no era su caso. Y le dijeron que tenía que tener un "plan B" o de contingencia: un hospital o clínica a menos de 10 minutos de distancia por si alguna complicación demandaba trasladarlos.

Andrea y Matías armaron una pileta redonda de lona en el living de casa pero finalmente no se sintió cómoda para parir ahí. Su hijo nació en el comedor -ella en cuatro patas abrazada a una silla- luego de 20 horas de trabajo de parto. "No le habíamos contado a nadie que iba a nacer en casa. Cuando mi marido le avisó a mi mamá que había nacido, ella preguntó '¿en qué habitación están?'. Y él le contestó: 'en la habitación de casa'. Eidan nació sin problemas.

¿Tuvo suerte? ¿Se arriesgó y le salió bien de casualidad? ¿Es un delirio parir en casa? Eduardo Valenti es profesor titular de Obstetricia de la Facultad de Medicina (UBA), director de la maternidad Sardá y presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de la Ciudad de Buenos Aires (SOGIBA). Si bien la Sociedad (es la entidad científica que representa a más de 1000 ginecólogos y obstetras de la Ciudad) emitió un comunicado en el que advierte que el nacimiento de "cualquier argentino debe llevarse a cabo en instituciones que cuenten con las condiciones necesarias para resolver cualquier complicación materna o feto-neonatal en tiempo y forma", él tiene una posición personal "más neutral".

"Entiendo a las mujeres que no quieren ir a instituciones porque sienten que las apuran o que les indican cesáreas cuando es cierto que una sola cesárea anterior no siempre obliga a otra", introduce. "Mi posición es que el parto domiciliario debería estar regulado para que queden claras las condiciones y las contraindicaciones. Un parto domiciliario debe estar asistido por profesionales capaces de hacer una buena calificación de riesgo previa para evitar que alguien con afán lucrativo hagan, por ejemplo, un parto a un chico que viene de cola y terminen con el chico muerto en un hospital y saliendo en los diarios".

Holanda es el ejemplo que todos citan. Allí, el 30% de los partos son domiciliarios. "Y está muy bien regulado -sigue Valenti-. Si el embarazo no es de riesgo, no hay problema, estás autorizada y elegís a quién vos quieras para que te asista. Si es de riesgo, no te lo permiten", describe. En Gran Bretaña y en Canadá también hay regulación. "En todos los casos se exige que haya en la puerta una ambulancia para trasladar si hay una urgencia, porque si la madre llega a tener una hemorragia no importa que tenga una clínica a 10 minutos y un auto particular en la puerta, se puede morir en el camino".

Junto a su marido, en la pileta que habían armado en el comedor
Junto a su marido, en la pileta que habían armado en el comedor

La chance de que el embarazo no sea de riesgo e igual se complique en el momento del parto existe, aunque sucede en 1 de cada 10.000 mujeres. Son 4 las complicaciones posibles: la distocia de hombros (dificultad para pasar el hombro del bebé después de que la cabeza ya salió), el desprendimiento de placenta (que puede privar al bebé de oxígeno y nutrientes), la procidencia de cordón (cuado sale el cordón antes que el chico) y las bradicardias (lo que se conoce como "sufrimiento fetal").

Cuando Eidan tenía 10 meses -y cuando habían decidido no tener más hijos- Andrea se enteró de que estaba nuevamente embarazada. "Ya no tuve dudas de que iba a volver a parir en casa, más habiendo visto la participación que pudo tener el padre en todo el proceso, que en una clínica digamos que no existe", dice. El parto fue en marzo y costó 22.000 pesos.

(Gentileza Ericamae)
(Gentileza Ericamae)

Esta vez, su marido entretuvo a sus hijos durante las horas en que ella estuvo en trabajo de parto. Como habían vuelto a llenar la pileta, Andrea entró, puso Spinetta, se preparó, eligió cambiar de lugar. Meilí, que ya tiene 7 meses, nació mientras ella estaba en 4 patas abrazando a una pelota. Nació en su habitación, mientras su marido la tomaba de los hombros y la alentaba. "No fui yo la prioridad sino mi hija, que nació cuando estaba preparada para nacer. Nació en un ambiente familiar, con mis otros hijos en casa, viviendo ese momento. Después nadie corrió a limpiarla, a vestirla, ni a pesarla ni se la llevaron. Sólo la cubrimos con una toalla y pasó horas sobre mi pecho".