
En las afueras de Puerto Argentino, capital de las islas Malvinas, se encuentra la Bahía Yorke. Allí, las playas de arena blanca repletas de pingüinos son una postal habitual. Los ejemplares, que se llegan a contar de a miles, son dueños del lugar porque hay un peligro latente que impide que el hombre pise esas superficies.
En esas playas, los pingüinos se crían y se reproducen con la tranquilidad absoluta de que no habrá intrusos humanos. Algunos carteles en los alrededores de la bahía explican el porqué: "Peligro Minas", advierten.
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Sucede que, tal como ocurre en otras zonas de las Islas Malvinas, esta playa rodeada por dunas y matorrales es en realidad un campo de minas y explosivos que quedaron bajo tierra desde la guerra entre Argentina e Inglaterra, entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.

Los pingüinos no tienen el peso suficiente para activar esas bombas subterráneas, por lo que están a salvo, a diferencia del riesgo que significaría para el hombre pisar esas superficies.
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Pero ese ecosistema perfecto para los pingüinos podría estar en peligro. En 1997, el gobierno de Reino Unido firmó el Tratado de Ottawa, que estableció la prohibición del uso de las denominadas minas antipersonas. Pero extraerlas es una tarea delicada: "Las minas son horribles y muy difíciles de eliminar. Prácticamente te tienes que arrodillar y quitar la arena y la tierra con tus manos, y trastornar así el ecosistema", advierte Paul Brickle, el director del Instituto de Investigación Ambiental del Atlántico Sur (Saeri), una organización de académicos con sede en Puerto Argentino.

"Hubiéramos preferido que se dejaran los campos minados tal cual. Están claramente demarcados y cercados. Ningún civil ha resultado nunca herido", afirmó.
Por lo tanto, a pesar de que los isleños no apoyan mayoritariamente la medida, el Tratado obliga a retirar esas minas subterráneas. Y así lo hace el gobierno británico desde 2009.
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El procedimiento de desminar las islas tiene otro peligro: durante los 35 años posteriores a los que fueron colocados, los explosivos fueron moviéndose y es imposible saber exactamente en qué lugar y a qué profundidad están las minas de aquella guerra.
Es por ello que el hábitat perfecto para los miles de pingüinos de la Bahía Yorke se verá amenazado. El operativo para desminar la zona implicará que los expertos excaven toda la playa, por lo que el ecosistema quedaría destruido.
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El asunto provoca una encrucijada en los isleños, que se encuentran entre la necesidad de desminar las Malvinas y de conservar el medioambiente que, además, es un gran atractivo turístico.
Basado en un informe de Matthew Teller para BBC Mundo
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