
Rafael de Jesús Ranier, alias "El Oso". Ese nombre es el paradigma de la infiltración militar en los grupos guerrilleros que asolaron el país en los años 70. Desde una posición de escaso relieve -estaba asignado al área de logística del Ejército Revolucionario del Pueblo- Ranier le permitió a las Fuerzas Armadas, entre otras cosas, detectar casas operativas y detener a un nutrido grupo de integrantes de la guerrilla que conducía Roberto Santucho.
El "Oso" también tuvo un papel clave para que el intento más ambicioso del ERP -el ataque al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno de Monte Chingolo- terminase en un verdadero desastre para la guerrilla en diciembre de 1975. Luego de este trágico episodio, la traición de Ranier fue descubierta por la cúpula del ERP y le fue aplicada la "justicia revolucionaria" el 13 de enero de 1976. Este acto fue informado por "Estrella Roja", el órgano de difusión de la guerrilla marxista.
En su reciente trabajo titulado Los Doblados (Editorial Sudamericana) el experimentado investigador Ricardo Ragendorfer llegó a la conclusión de que el "soplón" Ranier facilitó la caída de más de un centenar de militantes del ERP. El caso de Ranier trabajando para el Batallón 601, unidad especial del Servicio de Inteligencia del Ejército, es uno de los tantos que Ragendorfer utiliza para tratar de modo integral la figura de la traición en la guerrilla de los años 70.
A continuación, la entrevista con Ragendorfer:
-¿Cómo surgió la idea de escribir sobre los "doblados" en las organizaciones armadas?
-Fue una constelación de factores, por un lado el puntapié inicial de este trabajo fue una serie de entrevistas que le había hecho a un oficial del Batallón 601, el mayor Carlos Antonio Españadero, que las hice en su momento para la revista Caras y Caretas. Me interesaba de este hombre su condición de responsable operativo del "Oso" Ranier. Incluso lo ubiqué por la guía telefónica. Le dije que me interesaba particularmente este personaje, y su respuesta fue: "Ah, un héroe de guerra". Y después nos encontramos, fue un encuentro cómico. Pero, repito, el puntapié inicial fue la exploración de ese personaje y las derivaciones que nos llevaron a él. En resumidas cuentas, este inicio me lanzó a uno de los temas "malditos" y nunca abordados de una época de por sí ominosa, que es el tema de la traición. Lógicamente que el tema de la traición en ese ámbito me llevó también a explorar otras cosas que me interesaban mucho y no estaban debidamente abordados por la profusa bibliografía que existe sobre la época de la dictadura, que es la estructura, el funcionamiento y los personajes que estaban en el batallón 601.
-Más allá del caso del "Oso" Ranier, ¿cuál fue la incidencia real o cuantitativa de los "filtros" en la guerrilla?
-No se sabe exactamente, tampoco cuántos había. Pero la infiltración de las organizaciones revolucionarias era un recurso que se da previo a la ejecución absoluta del terrorismo de Estado. Todo indica que todas las organizaciones armadas y las organizaciones políticas que planteaban otra forma de estrategia revolucionaria estaban infiltradas. Prueba de ello es por ejemplo el caso Tarifeño. Un dirigente del trotskismo en el sur del país que quedó a la intemperie a raíz de la publicación de los listados del Batallón 601. Es un caso impresionante. También está el caso de Gerardo Martínez, que corresponde a una etapa posterior. Fue reclutado en el 80 u 81, épocas de las huelgas de Ubaldini. Da la impresión de que había filtros en todos lados. Había también en las redacciones de revistas.

-Usted cuenta que Montoneros le avisa al ERP sobre que tenían un infiltrado apodado "Oso", pero en principio no lo logran detectar. ¿Montoneros tenía mejor seguridad interna que el ERP?
-Los servicios de inteligencia y de contrainteligencia de las organizaciones armadas eran muy artesanales. En el caso del ERP, el lema era 'la menor cantidad de personas en los puestos más claves', o sea que tenían un criterio de calidad, eran muy imaginativos, pero no dejaban de ser aficionados. En en caso de Montoneros también tenían un gran servicio de inteligencia artesanal, con personajes como Rodolfo Walsh, entre otros, pero también los infiltraron, también perdieron en esa puja, que tenía que ver justamente con la inteligencia.
Mientras que el Ejército planteaba que era una guerra de inteligencia, ojo, yo no estoy de acuerdo con el término de 'guerra', esto para mí no fue una guerra. Decía que el Ejército se abocó a la inteligencia, pero para las organizaciones armadas, la inteligencia era un hecho más que colateral. Ellos cifraban su desarrollo político en otras áreas de la militancia.
-En el libro explica la sorpresa que tuvo Santucho cuando se enteró que Ranier no era un "cuadro político" o un militar infiltrado, sino un "lumpen" de menor jerarquía
–Eso es una paradoja. Por empezar, la posición que tenía Santucho ante la posibilidad de que el ERP fuese infiltrado poseía un infantilismo notable, puesto que decía que un filtro puede ingresar a determinada estructura del ERP, pero la discordancia entre su accionar y determinadas pautas de su conducta burguesa lo iban a poner al descubierto. Por otro lado, efectivamente, el Oso no era un cuadro de inteligencia. No era un cuadro político ni militar. No tenía jerarquía en el ERP, pero era un tipo que había sido amaestrado en el arte de ver y oír. Debía contar todo lo que veía y oía. Él traía datos sueltos. Luego todos esos pedazos de información se iban analizando entre sí.

-A diferencia de otros autores, usted sostiene que el capitán Juan Carlos Leonetti tenía como objetivo encontrar a Santucho y que no fue tan casual el desenlace del 19 de julio de 1976.
-Leonetti estaba con esa única tarea. Incluso él se jactaba de eso. La primera vez que lo escuché fue en boca del capitán Andrea Mohr. Después, hay documentos en su legajo, que si bien no especifican taxativamente esa función, coinciden con su ida al Batallón 601. Antes se desempeñaba en la jefatura 2 de inteligencia en el Edificio Libertador y el coronel Carlos Alberto Martínez lo manda en comisión al 601 en octubre del 75. Desde entonces, hasta la muerte de ambos (Leonetti y Santucho), este militar aparece siempre detrás de los pasos de Santucho. Incluso casi lo agarra en la quinta de Moreno (NdR: en marzo del 76 fue detectada una reunión de la cúpula del ERP en esa localidad bonaerense y Santucho logró escapar por muy poco).
-¿Cree que la infiltración fue un factor fundamental para la derrota de la guerrilla?
-Pienso que no, fue un recurso que se puso en práctica al principio, pero creo que no, y no por razones técnicas. Además, las organizaciones armadas ya estaban en crisis en ese momento. Este libro va a generar cierta polémica acerca de si la aplicación del terrorismo de Estado fue una 'guerra sucia' o terrorismo de Estado. Para mí fue esto último, pese a que hablamos de organizaciones armadas no hablamos de 'estado de guerra'. El Ejército en ese momento no hablaba de un 'estado de guerra' para no darle status de fuerza beligerante al rival; hablaban de 'lucha contra la subversión', no de 'guerra contra la subversión'. Los enfrentamientos y la cacería que el Ejército emprendió sobre estas organizaciones fueron episodios policiales con ribetes bélicos, pero no una guerra, fue una cacería contra la sociedad civil en su conjunto y no un enfrentamiento entre dos aparatos.
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