Un estudio identificó señales en la infancia que podrían anticipar el dolor menstrual antes del primer período

Especialistas comprobaron que ciertas molestias corporales tempranas alertan sobre cuadros graves. A su vez, fijaron criterios clínicos para diferenciar el malestar común de patologías complejas como la endometriosis

Niña con dos coletas de espaldas ante un espejo ovalado sobre una cómoda de madera, en cuyo reflejo aparece una joven de frente.
El dolor menstrual puede presentar señales precursoras antes de la primera menstruación. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El dolor menstrual afecta a millones de mujeres y jóvenes en todo el mundo y, sin embargo, durante décadas se consideró un malestar inevitable. Quienes lo padecen de forma intensa suelen escuchar que se trata de algo común, una respuesta que con frecuencia frena la consulta médica y demora el diagnóstico oportuno.

Lo que una nueva investigación científica acaba de comprobar modifica el punto de partida de esa discusión: el dolor menstrual puede anticiparse varios años antes de su primera menstruación.

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Infografía con seis recuadros ilustrados con iconos médicos, dibujos anatómicos del útero y textos explicativos sobre fondo claro.
Las náuseas y los mareos persistentes en la infancia se asocian con una mayor probabilidad de dismenorrea posterior. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hasta este trabajo, las investigaciones sobre la dismenorrea, término médico con el que se designa el dolor durante la menstruación, se enfocaban en adolescentes y adultas que ya tenían ciclos regulares.

No existían indagaciones sobre la etapa previa a la menarquía, esto es, el período anterior al primer sangrado menstrual. Esa falta de respuestas motivó el trabajo coordinado por Melissa Lenert, investigadora del Centro de Investigación sobre Dolor Crónico y Fatiga de la Universidad de Michigan. Su equipo examinó qué señales físicas o biológicas tempranas anteceden a la aparición del malestar.

“Muchas pacientes decían de manera anecdótica que gran parte de su dolor pélvico crónico había comenzado cuando eran niñas”, afirmó Lenert, investigadora de la Universidad de Michigan, según el comunicado de prensa institucional de Michigan Medicine. Esa observación en el consultorio impulsó el estudio prospectivo publicado en la revista The Lancet Child & Adolescent Health, en el cual se realizó un seguimiento de más de 2.200 participantes desde la infancia hasta la adolescencia temprana en Estados Unidos.

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Una niña en pijama sentada en la cama en una habitación oscura con lámpara y luces decorativas. Se agarra la cabeza con una mueca de dolor.
Los trastornos del sueño aumentan la interferencia del dolor menstrual en las actividades cotidianas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más de la mitad de las niñas desarrolló dolor menstrual a los 12 o 13 años

Para llevar a cabo el análisis, el equipo evaluó a 2.254 niñas de entre 9 y 10 años que aún no habían menstruado. Al cabo de tres años de seguimiento, cuando las voluntarias alcanzaron entre 12 y 13 años, los registros mostraron que el 57,6% desarrolló dismenorrea, y casi una de cada cinco de ellas experimentaba dolor de intensidad grave.

Los datos recopilados a través de cuestionarios completados por madres, padres y tutores revelaron patrones claros. Las niñas que a los 9 o 10 años manifestaban síntomas físicos sin dolor, tales como náuseas persistentes o mareos, mostraron una probabilidad significativamente superior de padecer menstruaciones dolorosas años más tarde. Un hallazgo central que situó a estas manifestaciones corporales previas como tempranas señales de alerta.

En contraste con lo que sospechaban los especialistas, la presencia temprana de problemas de atención, ansiedad o depresión a los 9 años no influyó en el dolor menstrual posterior. “Creo que estos hallazgos son importantes porque nos dan información sobre cosas que podemos hacer para ayudar”, afirmó Lenert, según el comunicado de prensa de Michigan Medicine.

La especialista añadió que la ansiedad o depresión no anteceden al dolor pélvico, por lo que tratar de forma adecuada el dolor físico en sus primeras manifestaciones podría prevenir trastornos anímicos posteriores.

Niña sentada en camilla, padres de pie a su lado. Un médico, visto de espaldas, firma el carnet de vacunación en una mesa auxiliar. Entorno de consulta.
La investigación analiza a 2.254 niñas que aún no habían tenido su primer período. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El sueño no predice si habrá dolor, pero sí cuánto va a interferir

El descanso nocturno constituyó otra variable decisiva del seguimiento. Los trastornos del sueño detectados antes de la primera menstruación no determinaron si las niñas tendrían o no dolores menstruales, pero sí influyeron en una mayor interferencia en la rutina cotidiana una vez iniciado el sangrado.

Dicho de otro modo, padecer insomnio o sueño fragmentado en la niñez no genera cólicos directamente, aunque sí incrementa las probabilidades de que las molestias impidan asistir a la escuela o realizar actividades habituales.

“La higiene del sueño es algo que podemos trabajar para quizás manejar el dolor”, señaló Lenert, investigadora de la Universidad de Michigan, según el comunicado de prensa de Michigan Medicine. Con este hallazgo, los profesionales médicos cuentan con un punto de intervención temprana: atender los patrones de descanso en niñas antes de su primer período podría mitigar el impacto invalidante del dolor menstrual cuando comience a manifestarse.

Una niña de camiseta amarilla y jeans se sienta en una alfombra, sosteniendo un libro, con expresión de aburrimiento, junto a una mujer sentada en el suelo.
La ansiedad y la depresión infantiles no predicen la aparición posterior de dismenorrea. (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Dolor menstrual o endometriosis?

El hallazgo renueva un debate habitual en la práctica médica: precisar la frontera exacta entre una molestia propia del ciclo menstrual y una patología estructural.

La dismenorrea primaria, que consiste en el dolor menstrual sin ninguna enfermedad pélvica detectable, representa el cuadro más extendido entre adolescentes y obedece al exceso de contracciones uterinas inducidas por sustancias llamadas prostaglandinas. En cambio, la dismenorrea secundaria tiene como origen una condición anatómica identificable, y la endometriosis es la principal de ellas.

La endometriosis se define como una enfermedad en la que tejido similar al endometrio, capa que recubre el interior del útero, prolifera fuera de este órgano, habitualmente sobre ovarios, trompas de Falopio o peritoneo, de acuerdo con la Clínica Mayo.

Una médica con bata blanca ausculta con un estetoscopio a una niña sonriente sentada sobre una camilla en un consultorio.
La endometriosis provoca dolor menstrual asociado con una condición anatómica identificable. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La médica Rachael Ann Haverland, cirujana ginecológica del Centro de Excelencia en Endometriosis, precisa que mientras los calambres menstruales comunes son leves o moderados, inician junto con sangrado y ceden con analgésicos de venta libre o calor local, el dolor vinculado con la endometriosis presenta características muy distintas. Suele ser agudo o punzante, comienza días antes del flujo, se prolonga tras el cese del sangrado y con frecuencia aparece en otras fases del ciclo menstrual.

Haverland subraya que existen pautas claras de alarma clínica:

  • Dolor que obliga a faltar al trabajo o a la escuela.
  • Cólicos que empeoran con el tiempo.
  • Malestar que no responde a los fármacos antiinflamatorios tradicionales.

Asimismo, cuando el dolor menstrual coincide con molestias agudas al orinar o defecar, dolor pélvico profundo durante o después de las relaciones sexuales, sangrados muy abundantes o fatiga crónica invalidante, la consulta con un especialista se vuelve impostergable. Aunque los cólicos intensos en la adolescencia no equivalen necesariamente a un diagnóstico de endometriosis, Lenert advirtió en el comunicado institucional sobre el grave riesgo de desoír el dolor durante años.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El dolor que obliga a faltar a la escuela requiere una evaluación médica especializada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Creo que demasiadas personas se encuentran en una situación en la que se les dice eso durante 10 años, para terminar en nuestra clínica de endometriosis y dolor pélvico crónico, sometiéndose a una cirugía o a una histerectomía”, afirmó la investigadora, según la Universidad de Michigan.

La conclusión de los investigadores apunta a transformar la mirada médica en la etapa previa a la menarquía. Identificar las molestias somáticas no dolorosas en la niñez permite detectar a tiempo a quienes enfrentarán cuadros de dolor severo antes de que se vuelvan un problema crónico. “Crean a las niñas. No descarten el dolor menstrual diciendo que todas lo tienen”, remarcó Lenert, según el comunicado institucional.

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