Identifican una proteína que podría controlar el avance del hígado graso: por qué sería clave en su tratamiento

Un estudio de la Universidad de Barcelona señala a ENT1 como regulador del metabolismo hepático y abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas

Render 3D de un hígado graso humano translúcido con grandes acumulaciones de grasa dorada y ámbar iluminadas internamente, sobre fondo negro con moléculas.
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica afecta a cerca de 1.300 millones de personas en el mundo (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida popularmente como hígado graso, afecta a cerca de 1.300 millones de personas en el mundo, el 16% de la población global, según el Global Burden of Disease Study 2023.

Es la dolencia crónica del hígado más frecuente a escala mundial. No tiene origen en el consumo de alcohol, sino en alteraciones metabólicas como la obesidad, y se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en el órgano, que en sus formas más graves puede derivar en fibrosis avanzada o cáncer hepático. Pese a esa magnitud, los mecanismos que explican cómo se inicia y avanza seguían siendo, en gran medida, poco conocidos.

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Ahora, un equipo de la Universidad de Barcelona identificó una pieza clave de ese rompecabezas biológico: la proteína ENT1, responsable de transportar pequeñas moléculas esenciales para el funcionamiento de las células del hígado, cumple un papel determinante en el inicio y la progresión de la patología. El hallazgo abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas.

Infografía con un modelo de hígado, diagramas celulares, un ratón de laboratorio, tubos de ensayo y textos explicativos sobre la proteína ENT1.
Científicos de la Universidad de Barcelona identificaron a la proteína ENT1 como un factor determinante en el desarrollo del hígado graso (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación fue publicada en la revista Metabolism y está liderada por la profesora Sandra Pérez-Torras, integrante del Departamento de Bioquímica y Biomedicina Molecular de la Facultad de Biología de la UB, el Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona (IBUB) y el Instituto de Investigación Sant Joan de Déu (IRSJD).

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El trabajo se llevó a cabo con modelos animales y con biopsias de pacientes humanos, lo que permitió contrastar los resultados en dos planos distintos y reforzar la solidez de las conclusiones.

ENT1 regula la entrada de adenosina al hígado y eso modifica el avance de la enfermedad

Para comprender qué ocurre en el órgano durante las etapas tempranas, el equipo se concentró en ENT1 y en una de las moléculas cuyo ingreso a la célula regula: la adenosina, un nucleósido que, a diferencia de otros de su clase, funciona no solo como bloque de construcción del material genético sino también como señal biológica.

Su concentración dentro y fuera de las células tiene consecuencias directas sobre cómo el tejido hepático responde al daño, acumula grasa y regula la inflamación.

Hígado humano translúcido 3D, venas, células hepáticas, núcleos, vacuolas de grasa amarillas, partículas luminosas azules, naranjas y blancas, filamentos, fibrosis verde.
La proteína ENT1 regula el ingreso celular de adenosina e incide en los procesos de daño e inflamación del tejido hepático (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo estudió qué ocurría cuando ENT1 no estaba presente: los ratones sin este transportador presentaban niveles reducidos de adenosina en el hígado y, al mismo tiempo, mostraban una notable protección frente a las alteraciones características de la enfermedad.

Según señaló la Universidad de Barcelona en su comunicado de prensa, “los resultados muestran que la deficiencia de ENT1 reduce los niveles de adenosina en el hígado y protege a los animales contra la inflamación, la fibrosis y la acumulación excesiva de grasa en este órgano”.

Los mismos ratones mostraron además una mejor tolerancia a la glucosa y una mayor sensibilidad a la insulina, lo que indica que la acción de ENT1 trasciende el tejido hepático y podría incidir sobre el metabolismo general del organismo.

La expresión de ENT1 cambia según el estadio de la enfermedad

El análisis de biopsias y de bases de datos de expresión génica, es decir, del registro de cuáles genes están activos y en qué medida en distintos tejidos, reveló que los niveles de ENT1 en el hígado son más altos al comienzo, tanto en humanos como en ratones, y caen progresivamente conforme la patología avanza.

“El aumento de la expresión de ENT1 en las etapas tempranas podría contribuir al transporte y la captación de adenosina en el hígado, lo que sería coherente con el desarrollo inicial de la enfermedad”, explicaron los autores.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los niveles de ENT1 son más altos al inicio de la enfermedad y se asocian con valores elevados en el índice de resistencia a la insulina HOMA-IR (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los datos de los pacientes profundizaron ese cuadro. En personas con la enfermedad en estadio temprano, una mayor presencia de ENT1 en el hígado se asoció con niveles elevados de insulina en sangre y con un índice HOMA-IR más alto. El HOMA-IR es un indicador clínico que mide la resistencia a la insulina, es decir, la dificultad que tienen las células del cuerpo para responder adecuadamente a esa hormona, una condición que puede derivar en diabetes tipo 2.

“En conjunto, estos hallazgos identifican a ENT1 como un regulador del metabolismo sistémico de nucleósidos y de la homeostasis metabólica, y ponen de relieve el transporte de nucleósidos como un eje hasta ahora infravalorado que contribuye al desarrollo y la progresión de la enfermedad”, indicaron los investigadores.

ENT1 como diana terapéutica: ya existen fármacos capaces de inhibirlo

Más allá de la comprensión biológica, el estudio tiene implicancias prácticas concretas. Existen medicamentos capaces de inhibir la actividad de ENT1 y algunos de esos compuestos ya se encuentran en distintas fases de desarrollo clínico para otras enfermedades, lo que convierte a este transportador en un candidato con posibilidades reales de ser retomado para el tratamiento del hígado graso de origen metabólico.

Sin embargo, el equipo es cauteloso. “Su posible uso en esta enfermedad todavía requiere mucha más investigación, en particular en humanos y con cohortes más amplias”, es decir, con grupos de pacientes de mayor tamaño que permitan resultados más sólidos y generalizables, concluyeron los investigadores.

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