Cómo influyen las pausas de las redes sociales en el sueño, el estrés y la calidad de vida, según la ciencia

La desconexión planificada propone un freno frente al desplazamiento ininterrumpido y abre una instancia para observar el lugar que ocupa el teléfono en la vida diaria

Ilustración en dos paneles: a la izquierda, una persona encorvada mira un móvil iluminado; a la derecha, la misma persona camina en la naturaleza.
Las pausas de las redes sociales permiten revisar hábitos digitales y reducir la exposición continua a estímulos, notificaciones y contenidos seleccionados por algoritmos (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las redes sociales se integraron en la rutina de adolescentes y adultos como espacios de conversación, información, entretenimiento y trabajo. Sin embargo, el uso sostenido también abrió un debate sobre los hábitos compulsivos, la dificultad para interrumpir la navegación y el impacto que puede tener la exposición constante a estímulos, notificaciones y contenidos seleccionados por algoritmos.

La preocupación atraviesa a distintas edades. La cuestión no es presentar a las plataformas como un problema único, sino observar cuándo el vínculo con ellas se vuelve difícil de regular y cuándo afecta a la salud.

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En ese contexto, las pausas habituales aparecen como una herramienta para revisar hábitos digitales y reducir la exposición continua. De acuerdo con National Geographic, distintos estudios y especialistas analizaron los cambios que pueden producirse al limitar temporalmente la actividad en estas plataformas.

joven adulto mira su ceular en la cama, sexting, soledad, excitación, chat, teniendo una conversación - Imagen Ilustrativa Infobae
El uso intensivo de redes sociales se asocia con circuitos de dopamina que pueden volver más difícil interrumpir la navegación en los primeros días (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo afecta el uso intensivo de redes sociales

Los expertos vinculan la dependencia y el uso constante con la dopamina, relacionada con la anticipación de recompensas y la sensación de bienestar. Anna Lembke, especialista en medicina de las adicciones y autora de Dopamine Nation, libro de psiquiatría de la Universidad de Stanford, indicó a National Geographic que los “me gusta”, los comentarios o determinados videos pueden activar ese sistema de recompensa.

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Lembke explicó que el cerebro busca conservar un equilibrio en la disponibilidad del neurotransmisor. Según el planteo, la exposición repetida a estímulos breves y gratificantes puede llevar a que se necesite una mayor cantidad de interacción para alcanzar una sensación similar de bienestar. Esta hipótesis ayuda a comprender por qué interrumpir la navegación puede resultar incómodo durante los primeros días, aunque no equivale a diagnosticar una adicción en todos los usuarios.

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Un estudio vinculó más horas diarias de redes sociales con un menor grosor cortical en áreas relacionadas con la atención, el control ejecutivo y la regulación emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en NeuroImage encontró una asociación entre más horas diarias de uso de redes sociales y un menor grosor cortical en diversas regiones del cerebro. Entre ellas figuraron áreas prefrontales, temporales, occipitales y parietales, vinculadas con el control ejecutivo, la atención, el procesamiento visual y la regulación emocional.

Otra investigación publicada en Nature llegó a una conclusión igualmente cautelosa. Durante cuatro años, siguió el desarrollo cerebral de niños estadounidenses y observó que un uso más intenso de redes sociales se relacionó con una variación en la trayectoria del volumen cerebeloso. El efecto acumulado fue pequeño y los investigadores señalaron que probablemente no fuera relevante a nivel individual, aunque consideraron necesario ampliar el seguimiento.

Los investigadores también subrayaron que las plataformas, los mensajes y las videollamadas suelen agruparse bajo una misma categoría de uso, pese a que implican experiencias distintas. Esa diversidad dificulta establecer conclusiones generales sobre el efecto de las redes sociales, ya que importan tanto el tiempo de uso como el tipo de contenido, la forma de interacción y las condiciones personales de cada usuario.

Una mujer recostada en una cama sostiene y mira la pantalla encendida de un teléfono celular en un entorno oscuro.
Los especialistas advirtieron que el impacto de las redes sociales depende del tiempo de uso, el tipo de contenido, la forma de interacción y las condiciones personales de cada usuario (Imagen Ilustrativa Infobae)

En adultos, una revisión publicada en Cureus detectó una disminución de ondas alfa durante la interacción y un aumento de ondas beta y gamma, especialmente frente a contenido emocionalmente intenso o durante acciones como desplazarse, comentar o reaccionar.

Los autores interpretaron esos resultados como señales de mayor carga cognitiva y activación atencional durante el uso. No obstante, también advirtieron que el diseño transversal, el tamaño de la muestra y las condiciones de laboratorio impiden extraer conclusiones sobre consecuencias de largo plazo o establecer vínculos causales con problemas de salud mental.

Las pausas breves pueden mejorar la percepción de bienestar y el descanso

Alejarse temporalmente de las plataformas no supone una solución idéntica para todos. Un estudio de Behavioral Sciences indicó que el objetivo debe adaptarse al uso habitual de cada persona, ya sea mediante una interrupción completa o una reducción progresiva del tiempo diario.

Primer plano de persona sosteniendo taza con infusión caliente de la que sube vapor, con estantería, ventana y sofá borrosos de fondo.
Limitar las redes sociales a 30 minutos diarios durante dos semanas mejoró la percepción de bienestar, redujo el estrés y favoreció la calidad del sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio, dirigido por Paige Coyne y Sarah Woodruff, limitó el uso de redes sociales a 30 minutos diarios durante dos semanas. Al finalizar el período, la mayoría de los participantes informó mayor satisfacción con la vida, menos estrés y una mejor calidad del sueño en comparación con el momento previo a la intervención. El resultado se basó en reportes de los participantes, por lo que describe su percepción durante esa experiencia concreta.

Otra investigación publicada en Body Image y citada por National Geographic registró mejoras en autoestima y autocompasión, junto con una reducción de la vergüenza corporal. Tomi-Ann Roberts, autora de ese trabajo, organizó un grupo de WhatsApp para que las participantes pudieran acompañarse durante el experimento.

Roberts señaló que varias adolescentes expresaron miedo a perderse acontecimientos y sensación de desconexión al inicio de la pausa. El contacto con otras participantes, según explicó la profesora, ayudó a que esas experiencias no se vivieran de forma aislada. El dato muestra que la dimensión social de las plataformas puede influir tanto en su uso como en la dificultad de interrumpirlo.

Se ve a un joven sonriendo ligeramente mientras sostiene una taza de café humeante sentado a la mesa de madera en una cocina con luz solar.
Una pausa en redes sociales mejoró la autoestima y la autocompasión, mientras expertos recomendaron desactivar notificaciones y sacar el teléfono de la habitación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Lembke recomendó crear barreras concretas después de una pausa, como mantener el teléfono fuera de la habitación o desactivar las notificaciones. La especialista también propuso reemplazar la gratificación inmediata de la navegación por actividades que demanden atención y esfuerzo, entre ellas cocinar o tocar un instrumento. Estas estrategias fueron presentadas como recursos para sostener límites, no como indicaciones universales.

El punto central de una pausa digital es observar si el tiempo en línea interfiere con el sueño, la concentración, el estado de ánimo o los vínculos presenciales. Los estudios disponibles sugieren beneficios potenciales de reducir la exposición para algunas personas, pero también remarcan que hacen falta investigaciones longitudinales y más precisas para conocer cómo influyen la edad, el contenido consumido y las condiciones de cada usuario.

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