
Las neurociencias han demostrado que la música activa una red compleja de circuitos cerebrales.
Ahora, un grupo de científicos identificó cambios en la comunicación entre distintas regiones del cerebro que podrían explicar su capacidad para aliviar el estrés y favorecer la recuperación del organismo tras un episodio de tensión.
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El estudio, publicado en Actas de la Academia Nacional de Ciencias y encabezado por Siqi You, vinculó ese efecto con una mayor interacción entre áreas cerebrales relacionadas con el procesamiento del sonido, las sensaciones corporales y la información sensorial.
“La música no es solo un estímulo auditivo, es una experiencia multisensorial que activa múltiples áreas del cerebro de forma simultánea. Escuchar y, especialmente, crear música activa la corteza auditiva, motora y cerebelosa, mientras que la memoria y las emociones se encienden a través del sistema de recompensa, que libera dopamina y genera sensaciones de placer y bienestar”, sostuvo en Infobae la licenciada Daniela Arévalo, (M.N.193), musicoterapeuta del Equipo de Musicoterapia de INECO y coordinadora del área de Musicoterapia del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
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La prueba de estrés

Para llevar a cabo su investigación, el equipo necesitaba personas estresadas y, por supuesto, música. El trabajo se hizo con 120 voluntarios sanos sometidos a una tarea de cálculo mental con tiempo limitado para inducir estrés. Los autores compararon la recuperación después de escuchar música relajante o sonidos de agua, y observaron que el beneficio apareció durante la fase posterior a la tarea estresante, no cuando la música se oía antes.
En los experimentos de comportamiento, grupos de 30 participantes escucharon una de las dos opciones mientras los investigadores registraron estado de ánimo, frecuencia cardíaca, sudoración y niveles de cortisol. En el experimento de escaneo cerebral, se repitió la misma dinámica dentro de un equipo de resonancia magnética funcional para seguir cómo variaba la comunicación entre distintas áreas del cerebro durante la recuperación.
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Quienes escucharon música se recuperaron antes que quienes oyeron sonidos de agua. El estudio registró una caída más veloz de la frecuencia cardíaca y la sudoración, junto con una mejora mayor del estado de ánimo.
En el grupo que escuchó música, las muestras de saliva también mostraron niveles más bajos de cortisol que en el experimento con escáner cerebral. La investigación sugirió que ese patrón podría ayudar a explicar por qué la música calmó con más eficacia que los sonidos naturales después de un episodio de estrés.
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El cerebro cambió su comunicación entre tres áreas

Los escáneres mostraron que la música alteró la comunicación entre la corteza auditiva, la ínsula y el tálamo. Según los autores, esas regiones participan en el procesamiento del sonido, el monitoreo de las sensaciones corporales y la canalización de la información sensorial.
Esos cambios se asociaron con la recuperación del cuerpo tras el estrés, incluidas variaciones en la frecuencia cardíaca y otros indicadores de la respuesta corporal. Los investigadores escribieron que la música “no solo enmascara el estrés, sino que proporciona un marco estructural que reconfigura la respuesta del cerebro ante él”.
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El hallazgo central fue que la música no evitó el estrés cuando sonó antes de la tarea, pero sí pareció favorecer una recuperación más rápida cuando se escuchó después. El mecanismo que describió el estudio apuntó a una reorganización de la red cerebral durante el alivio posterior al episodio estresante, con impacto sobre marcadores corporales como la frecuencia cardíaca, la sudoración y el cortisol.
Los autores señalaron que la “tensión musical subjetiva” actuó como un regulador del proceso. Según esa descripción, primero interrumpió la rigidez inducida por el estrés, después guio la reintegración de la red neuronal y finalmente facilitó la regulación sistémica para restablecer el alivio homeostático.
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