
Durante décadas, la diabetes tipo 2 se entendió como una enfermedad del exceso de peso. Un nuevo estudio cuestiona esa imagen: demuestra que en personas delgadas la enfermedad funciona por un mecanismo opuesto, produce complicaciones distintas y, en consecuencia, la medicación estándar puede no ser la adecuada para una fracción enorme de pacientes que hasta ahora nadie había caracterizado con precisión.
La idea de que la diabetes tipo 2 afecta principalmente a quienes tienen sobrepeso no es un prejuicio sin fundamento: en los países de altos ingresos, 9 de cada 10 pacientes tienen efectivamente obesidad o kilos de más. El problema es que ese dato esconde una realidad diferente en otras partes del mundo.
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En África subsahariana, hasta 4 de cada 10 adultos con diabetes tipo 2 tienen un peso corporal normal, con un índice de masa corporal, el cociente entre el peso y la estatura que se usa para clasificar el estado nutricional, por debajo de 25. En zonas rurales de Ghana, esa proporción trepa a seis de cada diez. Y sin embargo, todos reciben la misma medicación, diseñada sobre la biología del paciente con kilos de más.
Un estudio publicado en la revista Diabetologia analizó datos de más de 3.300 adultos con diabetes tipo 2 de Ghana, Nigeria, Kenia y Europa, y encontró que los pacientes delgados tienen una biología propia y un conjunto de complicaciones completamente diferente al de quienes tienen sobrepeso. El trabajo, realizado por el Amsterdam UMC y la Universidad de Ghana y publicado en agosto de 2026, es el primero en comparar sistemáticamente esos dos grupos, y sus conclusiones tienen alcance global.
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Con sobrepeso o delgadas: el páncreas actúa de manera distinta en cada caso
En pacientes con obesidad o sobrepeso, la enfermedad suele originarse en la resistencia a la insulina: el páncreas produce esa hormona, que permite que la glucosa ingrese a las células, pero el cuerpo deja de responder a ella con normalidad. Los fármacos más extendidos, como la metformina o las sulfonilureas, una familia de medicamentos que estimula la liberación de insulina y mejora la respuesta del organismo a esa hormona, actúan sobre ese mecanismo.
En los pacientes delgados, el origen es otro. Las células beta del páncreas, responsables de fabricar insulina, no producen cantidad suficiente de ella. El estudio confirmó que este grupo tenía niveles de esa hormona en sangre más bajos y una capacidad de producción marcadamente reducida. Administrarles los mismos fármacos equivale a tratar una deficiencia de producción con herramientas pensadas para un problema diferente.
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“Para ellos, el problema es la falta de insulina, no una respuesta reducida a ella”, afirmó Sabrina Esmail, primera autora del trabajo e investigadora del Amsterdam UMC, según el comunicado de prensa de la institución. Esmail precisó además que se calcula que alrededor de diez millones de adultos con diabetes tipo 2 y peso normal en el continente africano no encajan en el perfil estándar de la enfermedad.

Los factores de riesgo también divergen. Mientras que el sobrepeso se asocia con mayor frecuencia a hábitos de vida poco saludables, quienes padecen la enfermedad con un peso corporal bajo registran más antecedentes de desnutrición o de bajo peso al nacer, condiciones que pueden comprometer el desarrollo del páncreas en las primeras etapas de la vida.
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Los pacientes delgados sufren más daño ocular y cerebral; quienes tienen sobrepeso, más riesgo cardíaco
La distinción biológica tiene consecuencias clínicas concretas. Quienes tienen obesidad presentaron con mayor frecuencia hipertensión arterial y un riesgo más alto de enfermedad cardíaca en la próxima década. Los pacientes delgados, en cambio, registraron más casos de retinopatía diabética, que es el daño en los vasos diminutos que irrigan la retina y puede derivar en pérdida de visión, y de accidentes cerebrovasculares, lo que se conoce popularmente como ACV.
Según se detalla en el estudio, este grupo presentó un 36% más de casos de retinopatía que los pacientes con sobrepeso, y una tasa de accidentes cerebrovasculares un 41% mayor. La enfermedad renal crónica apareció con igual frecuencia en ambos grupos. El porcentaje de grasa corporal explicó hasta el 92% de estas diferencias, lo que el trabajo interpreta como una señal de procesos de enfermedad genuinamente distintos.
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Sin ensayos clínicos propios

Las conclusiones del trabajo tienen una consecuencia práctica directa: los protocolos actuales no fueron diseñados para quienes tienen diabetes tipo 2 y peso normal, y ningún ensayo clínico ha determinado aún qué terapia es la más eficaz para ellos.
“No hay ninguna razón para suponer que el desfase terapéutico que describimos se detiene en la frontera”, afirmó Charles Agyemang, director del proyecto e investigador del Amsterdam UMC, según el comunicado de prensa de la institución.
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Agyemang señaló que una proporción considerable de pacientes con diabetes tipo 2 y peso normal recibe medicación según guías diseñadas para la forma de la enfermedad asociada al sobrepeso, con peores resultados en el control del azúcar en sangre. Es por eso que Felix Chilunga, autor principal del estudio, afirmó: “Pedimos ensayos clínicos específicos para determinar qué tratamientos funcionan mejor para este grupo grande y frecuentemente ignorado de pacientes”.
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