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Miedo a las alturas: cómo funciona la exposición gradual y qué dice la ciencia sobre su tratamiento

Una experiencia en un cañón de Nueva York muestra cómo la aproximación progresiva a situaciones temidas puede reducir la ansiedad y la evitación, mientras nuevas investigaciones evalúan el uso de realidad virtual

Barandales de un mirador con personas; abajo, una carretera curva en un acantilado con vehículos y peatones; al fondo, una ciudad con edificios y playa.
Un mirador elevado sobre un acantilado exhibe una vista panorámica de una ciudad costera con su playa, la carretera y numerosas personas caminando (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El miedo a las alturas puede aparecer en situaciones muy distintas, desde una escalera hasta un balcón o un puente. En su forma más intensa, ese temor deja de ser una incomodidad aislada y pasa a condicionar rutinas, decisiones y desplazamientos. La reacción no se limita a la sensación subjetiva de vértigo: puede incluir ansiedad marcada, evitación y bloqueo.

En ese marco, la experiencia de una persona que decide someterse a una situación controlada pero exigente permite observar cómo funciona ese temor y qué abordajes suelen utilizarse para tratarlo. Según publicó The New York Times, un excursionista con acrofobia ( trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo intenso a las alturas) participó en un recorrido de vía ferrata en un cañón del norte del estado de Nueva York como parte de un proceso personal para enfrentar ese temor.

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La escena central, que es cruzar un tramo suspendido sujeto a un cable de seguridad, concentra un punto de interés más amplio para el bienestar. La experiencia individual se conecta con un abordaje clínico ampliamente utilizado en las fobias específicas: la exposición gradual. Tanto fuentes médicas de referencia como investigaciones recientes coinciden en que ese método ocupa un lugar central en el tratamiento, aunque su aplicación requiere progresión, supervisión terapéutica y objetivos ajustados a cada caso.

Cuando el miedo a las alturas se convierte en un problema clínico

Una persona con gafas de realidad virtual sentada frente a un terapeuta que sostiene una tableta que muestra una araña en un entorno virtual.
La exposición gradual, mediante actividades supervisadas en altura, es el abordaje terapéutico de referencia para tratar la acrofobia, según fuentes clínicas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sentir cierta inquietud frente a una gran altura no implica necesariamente padecer una fobia. El problema adquiere relevancia clínica cuando el temor resulta intenso, persistente y lleva a evitar situaciones cotidianas o interfiere con actividades que la persona necesita o desea realizar.

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La reacción puede aparecer al subir una escalera, cruzar un puente, mirar desde un edificio elevado o permanecer cerca de un balcón. Además de la necesidad de evitar esos escenarios, puede provocar ansiedad intensa, sensación de pánico, temblores, sudoración y palpitaciones. La evitación reiterada, señala la institución médica, puede contribuir a mantener el problema con el tiempo.

Ese marco permite entender el caso relatado por The New York Times. Chris Hippensteel llevaba años intentando reducir su temor antes de participar en una vía ferrata en Ausable Chasm, Nueva York, un recorrido con cornisas, peldaños metálicos y puentes en el que permanecía sujeto mediante arneses y líneas de seguridad. Aun con esas medidas de protección, la exposición al vacío podía desencadenar la respuesta de alarma característica de la fobia.

Esta versión hace que el subtítulo realmente responda a su promesa: primero explica el cuadro clínico y después utiliza la experiencia del excursionista como ejemplo. Además, evitaría la frase “la imposibilidad de avanzar con naturalidad”, porque es algo interpretativa y no define por sí sola una fobia.

La exposición gradual como tratamiento de referencia

Dos personas con cascos y arneses escalan una pared de roca por una vía ferrata con cables y peldaños. El sol brilla al fondo entre las montañas.
La terapia con realidad virtual permite a personas con miedo a las alturas experimentar situaciones de riesgo aparente, bajo supervisión profesional y sin exponerse físicamente al vacío (Imagen Ilustrativa Infobae)

El punto de unión más claro entre la historia publicada por The New York Times y las fuentes clínicas aparece en el tratamiento. Según Cleveland Clinic, la acrofobia puede abordarse con psicoterapia, en especial con terapia de exposición, y también con terapia cognitivo conductual o modalidades de exposición en realidad virtual.

La institución médica mencionada plantea que la exposición es un tratamiento frecuente para las fobias específicas porque permite que la persona entre en contacto de manera progresiva con aquello que teme y aprenda a tolerar la ansiedad sin evitar la situación.

Esa descripción coincide con lo que expone Mayo Clinic, que afirma que el mejor tratamiento para las fobias específicas es la terapia de exposición y explica que la intervención se basa en una exposición gradual y reiterada a la fuente del miedo, junto con los pensamientos, sensaciones y emociones asociados. La institución ejemplifica ese proceso con una secuencia escalonada, que puede comenzar con imaginar una situación temida y avanzar luego hacia un contacto más directo.

Aplicado al miedo a las alturas, ese criterio permite entender por qué la vía ferrata relatada por The New York Times aparece como una instancia avanzada y no como un punto de partida. La exposición gradual y reiterada al estímulo temido forma parte del tratamiento porque la reducción de la ansiedad suele depender de una secuencia progresiva.

La lógica clínica no apunta a una confrontación brusca e indiscriminada, sino a una aproximación ordenada, con niveles crecientes de dificultad.

Qué muestran las investigaciones recientes sobre realidad virtual

Además de la exposición en escenarios reales, las fuentes consultadas mencionan otra variante con desarrollo reciente: la realidad virtual. Cleveland Clinic señala que dicha exposición puede utilizarse en el tratamiento de la acrofobia y agrega que investigaciones previas mostraron resultados favorables en este campo.

Ese punto también aparece en trabajos científicos recientes. Según un ensayo controlado publicado en Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry y disponible en PubMed, evaluó una intervención de tres sesiones de exposición en realidad virtual en 43 adultos con acrofobia. El estudio informó una reducción del nivel de intolerancia a la altura y, en particular, de las conductas de evitación en comparación con el grupo en lista de espera.

De acuerdo con ese trabajo, los resultados se mantuvieron dos meses después de la intervención. La investigación no reemplaza las guías clínicas ni convierte esa modalidad en una indicación universal, pero sí refuerza una idea que atraviesa las otras fuentes: el tratamiento del miedo a las alturas se apoya en la exposición, con formatos que pueden variar según el contexto y los recursos disponibles.

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