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Colesterol y dietas bajas en carbohidratos: por qué la genética puede marcar la diferencia

El análisis de 431 participantes del ensayo DIETFITS evaluó la respuesta del LDL ante cambios específicos en la alimentación. Los hallazgos apuntan a recomendaciones nutricionales más personalizadas

Mujer sentada frente a una mesa con carnes, quesos, alimentos fritos y donas, con una doble hélice de ADN y una arteria con colesterol.
Un estudio sobre colesterol LDL y dietas bajas en carbohidratos indicó que la genética puede explicar por qué distintas personas responden de manera diferente al mismo plan alimentario (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Durante décadas, los debates sobre dieta y salud cardiovascular giraron en torno a una pregunta sin respuesta clara: ¿por qué dos personas pueden seguir exactamente el mismo plan alimentario y obtener resultados completamente distintos? Un nuevo estudio arroja una respuesta sobre la forma en que los médicos aconsejan a sus pacientes sobre dietas bajas en carbohidratos: el colesterol no responde igual en todos porque los genes no son iguales en todos.

La investigación se centra en el efecto que tiene la grasa saturada —abundante en manteca, carnes rojas y fiambres— sobre el colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad), conocido popularmente como “colesterol malo” por su rol en el desarrollo de enfermedades cardíacas. Lo que los científicos encontraron es que ese efecto no depende únicamente de lo que se come, sino también de la información genética de cada persona.

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Infografía titulada 'Colesterol y dietas bajas en carbohidratos' con diseño de ADN, vasos sanguíneos y células, más seis paneles de información.
El análisis del ensayo DIETFITS evaluó a 431 participantes con datos genéticos para medir la relación entre genotipo, grasa saturada y cambios en el colesterol LDL (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los hallazgos fueron presentados por Alexa Barad, doctora en ciencias de la nutrición e investigadora posdoctoral de la Universidad de Stanford, en el marco del congreso NUTRITION 2026, la reunión anual de la Sociedad Americana de Nutrición (ASN), celebrado entre el 25 y el 28 de julio en National Harbor, Maryland, Estados Unidos.

El trabajo se basa en datos del ensayo clínico DIETFITS, un estudio aleatorizado y controlado que siguió durante un año a más de 600 adultos con dos tipos de dieta saludable: baja en carbohidratos o baja en grasas.

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Qué dice la ciencia sobre las dietas bajas en carbohidratos

Las dietas bajas en carbohidratos —entre las que se encuentran variantes populares como la cetogénica o la paleo— han ganado adeptos en los últimos años por sus efectos documentados en la pérdida de peso y el control del azúcar en sangre. No obstante, sus consecuencias sobre el colesterol LDL siempre generaron controversia, con estudios que mostraban resultados opuestos según el individuo analizado.

La conclusión principal de DIETFITS fue que ninguna de las dos dietas era superior a la otra en términos de pérdida de peso. Para el nuevo análisis, los investigadores examinaron a 431 participantes de ese ensayo que contaban con datos genéticos disponibles, y evaluaron la relación entre su genotipo, el consumo de grasa saturada y los cambios en el colesterol LDL a los seis meses de iniciada la dieta.

Persona sujetando un plato blanco con tenedor sobre un huevo poché, aguacate, carne, espárragos, tocino, tomates, hojas verdes, sésamo, ají, aceite y café
Las dietas bajas en carbohidratos, como la cetogénica y la paleo, mostraron efectos discutidos sobre el colesterol LDL pese a su uso para bajar de peso y controlar el azúcar en sangre (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados mostraron que entre quienes seguían la dieta baja en carbohidratos, aquellos con una predisposición genética hacia niveles elevados de colesterol LDL tenían mayor probabilidad de ver ese valor aumentar.

Ese incremento estuvo vinculado a una sensibilidad más pronunciada a la grasa saturada: las personas con mayor riesgo genético registraron los aumentos más marcados de colesterol LDL cuando consumían más grasa saturada. Las personas que seguían la dieta baja en grasas no mostraron los mismos patrones.

El rol de los genes: más allá de una sola variante

Lo que distingue a esta investigación de estudios anteriores es su enfoque genético. Trabajos previos se habían concentrado en variantes genéticas individuales —es decir, en una sola diferencia o modificación en el ADN— para intentar predecir cómo una persona respondería a ciertos alimentos.

En este caso, los investigadores combinaron miles de variantes distribuidas a lo largo de todo el genoma para construir lo que se conoce como puntuación poligénica: una especie de calificación que estima la tendencia natural de cada persona a tener niveles más altos o más bajos de colesterol LDL, independientemente de su dieta. Cuanto más alta es esa calificación, mayor es la probabilidad de que el organismo reaccione con un aumento del colesterol ante el consumo de grasas saturadas.

Sistema circulatorio humano con corazón, venas y arterias, una de ellas con glóbulos rojos y placas amarillas de colesterol que la obstruyen.
Entre quienes seguían una dieta baja en carbohidratos, las personas con mayor predisposición genética a niveles altos de colesterol LDL registraron más aumentos de ese valor (Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo con el comunicado de prensa de la ASN, en el futuro los médicos podrían llegar a utilizar estas puntuaciones poligénicas para identificar a quienes tienen más probabilidades de experimentar respuestas adversas del colesterol LDL ante ciertas modificaciones en la alimentación.

“Una persona puede decir ‘las dietas bajas en carbohidratos siempre elevan el colesterol LDL’, mientras que otra dice ‘mi colesterol LDL no cambió en absoluto’. Nuestros hallazgos sugieren que ambas experiencias pueden ser verdaderas, dependiendo, al menos en parte, de la composición genética del individuo”, explicó la investigadora.

Recomendaciones prácticas, con o sin test genético

Más allá de las proyecciones sobre el uso clínico de las pruebas genéticas, el estudio tiene implicancias concretas para quienes hoy siguen o planean adoptar una dieta baja en carbohidratos.

Según indicó Barad, incluso sin un análisis genético el estudio ofrece una lección concreta: cada individuo reacciona de manera distinta ante una dieta, y resulta fundamental monitorear cómo el propio organismo responde a los cambios en la alimentación, en lugar de asumir que los efectos serán iguales para todos.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los investigadores construyeron una puntuación poligénica con miles de variantes del genoma para estimar la tendencia individual a elevar el colesterol LDL (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las recomendaciones dietéticas generales vigentes indican limitar el consumo de grasa saturada a menos del 10% de las calorías diarias y favorecer las grasas insaturadas.

Para quienes opten por una dieta baja en carbohidratos, Barad señaló que priorizar fuentes de grasas más saludables —como nueces, semillas, aceite de oliva y palta— por sobre alimentos ricos en grasa saturada —como manteca, grasa vacuna, cortes grasos de carne y fiambres— podría ayudar a reducir el riesgo de una respuesta adversa del colesterol.

Los investigadores indicaron en el comunicado que serán necesarios estudios adicionales para confirmar los hallazgos y garantizar que se apliquen de manera amplia a poblaciones diversas, ya que el análisis se realizó sobre los datos de un único ensayo clínico.

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