Estatinas y colesterol: por qué siguen siendo la base del tratamiento para bajar el LDL y prevenir infartos

Las guías actualizadas de la American Heart Association y el American College of Cardiology definieron metas de LDL más bajas según el riesgo y ubican a este fármaco como primera línea de tratamiento

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Ilustración acuarelada de un corazón humano anatómico a la izquierda y un blíster con pastillas de estatinas ovaladas a la derecha, sobre fondo blanco.
El enfoque actual prioriza el riesgo cardiovascular global por encima de un valor aislado de colesterol, para definir intensidad de tratamiento y metas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El colesterol elevado es un factor central en el desarrollo de aterosclerosis y aumenta el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. El problema es que suele avanzar sin síntomas y, cuando se detecta, muchas personas interrumpen el tratamiento. En ese escenario, las estatinas siguen siendo la base farmacológica para bajar el colesterol LDL y reducir eventos cardiovasculares.

Las guías clínicas actualizadas en marzo de 2026 por la American Heart Association (AHA) y el American College of Cardiology (ACC) reforzaron una idea clave: el objetivo no es “un número igual para todos”, sino reducir el LDL de forma temprana y personalizada, según el riesgo de cada paciente, con las estatinas como primera línea cuando la indicación médica lo justifica.

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Por qué las estatinas son la base del tratamiento del colesterol

Infografía sobre estatinas como tratamiento del colesterol, mostrando ilustraciones de un corazón, vasos sanguíneos, pastillas, un hígado y diagramas con datos.
La infografía detalla la importancia de las estatinas en el tratamiento del colesterol, su mecanismo de acción, las nuevas guías de LDL, opciones combinadas y la necesidad de una evaluación médica personalizada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las estatinas ocupan el centro del abordaje porque reducen el colesterol LDL de manera consistente y con un respaldo científico acumulado durante décadas.

En una entrevista con Infobae, el cardiólogo argentino Oscar Cingolani, profesor en la Universidad Johns Hopkins y director asociado de la Unidad de Cuidados Coronarios del Hospital Johns Hopkins (Baltimore, Estados Unidos), advirtió que abandonar o evitar estatinas por mitos o lecturas erróneas de recomendaciones clínicas expone a los pacientes a consecuencias prevenibles.

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Las nuevas recomendaciones de AHA/ACC sostienen que el tratamiento debe combinar cambios de hábitos con fármacos cuando el riesgo y los valores lo indican. En esa estrategia, las estatinas no se “reemplazan”: funcionan como el punto de partida, y el esquema se intensifica con otros medicamentos si no se alcanzan las metas.

El impacto clínico de bajar el LDL no se limita a una mejora en un análisis de laboratorio: el objetivo es reducir la carga de aterosclerosis y, con eso, el riesgo de eventos graves como infarto y accidente cerebrovascular.

Metas de LDL más bajas y decisiones “a medida”: qué cambiaron las guías 2026

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El colesterol LDL se asocia con la formación de placas de aterosclerosis que pueden estrechar arterias y aumentar el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular (Imagen Ilustrativa Infobae)

La actualización de 2026 consolidó un enfoque más exigente y temprano en prevención cardiovascular. Consultado para una nota previa de Infobae, el cardiólogo Juan Pablo Costabel, jefe de la Unidad Coronaria del ICBA Instituto Cardiovascular (MN 119.403), explicó que la tendencia a pedir niveles más bajos de LDL se apoya en evidencia científica sólida: cuanto más bajo es el LDL, menor es el riesgo de eventos.

Las guías de AHA/ACC 2026 propusieron objetivos por categoría de riesgo: por debajo de 100 mg/dL en personas con riesgo límite o intermedio, menos de 70 mg/dL en quienes tienen alto riesgo y menos de 55 mg/dL en quienes ya sufrieron un evento cardiovascular.

En paralelo, incorporaron la calculadora PREVENT-ASCVD, un algoritmo para estimar riesgo de infarto y accidente cerebrovascular a 10 y 30 años en adultos de 30 a 79 años sin antecedentes cardiovasculares, con LDL-C entre 70 y 189 mg/dl. La lógica es ajustar la intensidad del tratamiento a la probabilidad real de eventos, en lugar de decidir solo por un valor aislado.

El médico consultor en Medicina Interna y ex presidente de la Sociedad Argentina de Lípidos Pablo Corral (MP 93559) también remarcó en declaraciones a Infobae que los objetivos más estrictos no aplican de forma uniforme: están dirigidos principalmente a quienes tienen riesgo cardiovascular alto o muy alto, donde el beneficio de intensificar el descenso de LDL es mayor.

Cuatro claves para entender por qué son “clave” las estativas (y cuándo no alcanzan solas)

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las estatinas continúan como primera línea farmacológica para reducir el colesterol LDL y disminuir el riesgo de eventos cardiovasculares (Imagen Ilustrativa Infobae)

La primera clave es que, en la práctica, el estilo de vida es indispensable, pero muchas veces no logra por sí solo las metas que hoy recomiendan las guías en pacientes de riesgo moderado a alto. El tratamiento farmacológico entra cuando el médico considera que los cambios de hábitos no alcanzan o cuando el perfil de riesgo exige intervenir de manera más intensiva.

La segunda clave es que las estatinas producen una reducción relevante del LDL: en el uso clínico, se espera una baja de 20% a 50% según la droga y la dosis. Ese rango explica por qué siguen siendo el primer escalón para acercarse a objetivos cada vez más bajos, en especial en personas con riesgo cardiovascular elevado.

La tercera clave es la estrategia de combinación. Si con estatinas no se llega al objetivo de LDL, las guías contemplan sumar otros fármacos. Entre las opciones orales, la combinación con ezetimibe permite una reducción adicional de 20% a 24%. También existen alternativas para casos seleccionados o para quienes no toleran estatinas, como el ácido bempedoico o los inhibidores de PCSK9; y tratamientos inyectables como el inclisirán, que pueden lograr reducciones superiores al 50%.

La cuarta clave es el criterio de continuidad. Para Cingolani, uno de los principales riesgos actuales es el abandono injustificado de estatinas por desinformación: en su experiencia clínica, ese patrón se traduce en pacientes que postergan el tratamiento y llegan años después con un evento que podría haberse prevenido.

Mitos, desinformación y el temor a los efectos adversos

Mano sosteniendo una píldora blanca, junto a un vaso de agua y un frasco de estatina. Un médico muestra un diagrama del corazón en una consulta.
La decisión de iniciar o ajustar medicación se apoya en antecedentes, comorbilidades, edad, valores de LDL y estimación de riesgo a mediano y largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las estatinas cargan con una percepción negativa sostenida en redes sociales, que amplifica efectos adversos y promueve falsas asociaciones. Cingolani advirtió a Infobae que muchos pacientes las rechazan convencidos de que causan problemas como deterioro cognitivo o depresión, pese a que esa relación no está respaldada por la evidencia que sustenta su uso.

Costabel también señaló que la discusión debe centrarse en datos: el balance riesgo-beneficio favorece a las estatinas en las personas con indicación médica, sobre todo cuando el objetivo es evitar infarto o accidente cerebrovascular.

En esa misma línea, Corral sostuvo que la evidencia acumulada no muestra que bajar el colesterol a niveles fisiológicos afecte la función hormonal ni la cerebral, y que el cerebro cuenta con mecanismos autónomos para la síntesis de colesterol.

Prevención con seguimiento: por qué la decisión no se toma con un solo dato

Una mujer trans con pelo oscuro y camisa celeste dialoga con una doctora rubia de guardapolvo blanco. La paciente sostiene un folleto trans y la doctora escribe en una tablet.
Los cambios de hábitos —alimentación, actividad física, control de peso, no fumar y descanso— son la base del tratamiento, con o sin medicación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La actualización de las guías insistió en que la indicación de medicación se apoya en una evaluación integral del riesgo y en decisiones compartidas.

Costabel explicó a este medio que hoy la conducta no se define por “un número” aislado, sino por el riesgo cardiovascular global, antecedentes, comorbilidades y el objetivo terapéutico según cada perfil.

Cingolani, por su parte, alertó sobre el uso indiscriminado de pruebas aisladas para justificar suspensiones. En particular, planteó que el score de calcio coronario puede ser útil en grupos seleccionados, pero tiene limitaciones: detecta placa calcificada y puede no identificar lesiones blandas que también se asocian a infartos, sobre todo en personas más jóvenes. Por eso, la ausencia de calcio en ese estudio no debería convertirse, por sí sola, en un argumento para discontinuar estatinas cuando existe indicación clínica.

En el marco de guías más exigentes y de herramientas nuevas para estimar riesgo, el eje no cambió: hábitos sostenidos y, cuando corresponde, tratamiento farmacológico con estatinas como primera línea, con seguimiento médico y ajustes personalizados para sostener metas de LDL más bajas en quienes más se benefician.

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