
La levodopa es el tratamiento más eficaz para controlar los síntomas motores de la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, después de años de uso, muchos pacientes desarrollan movimientos involuntarios conocidos como disquinesias, una complicación que puede llegar a ser tan incapacitante como la propia patología.
Ahora, investigadores de la Northwestern University identificaron una estrategia experimental capaz de revertir este problema en modelos animales mediante terapia genética. El hallazgo abre la posibilidad de desarrollar tratamientos menos invasivos que las actuales intervenciones quirúrgicas utilizadas para controlar estos movimientos.
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La enfermedad de Parkinson afecta a unos 8,5 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina, un neurotransmisor esencial para coordinar los movimientos.

A medida que la enfermedad avanza, los pacientes suelen necesitar dosis cada vez mayores de levodopa para mantener el control de los síntomas. Con el tiempo, esta situación favorece alteraciones en los circuitos cerebrales que pueden desencadenar disquinesias, caracterizadas por movimientos involuntarios difíciles de controlar.
Cómo identificaron el mecanismo responsable
El equipo liderado por D. James Surmeier, director del Departamento de Neurociencias de Northwestern University, investigó los cambios celulares que ocurren en el cerebro cuando aparece la disquinesia inducida por levodopa.
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Utilizando modelos animales, los investigadores descubrieron que esta complicación depende de una señalización anormal del glutamato —uno de los principales neurotransmisores excitadores del cerebro— en un grupo específico de neuronas localizadas en el estriado, una región clave para el control del movimiento.
El papel de los receptores NMDA
Los investigadores observaron que la disquinesia incrementa la presencia de un tipo específico de receptor neuronal, denominado NMDA GluN2B, en neuronas encargadas de ayudar a suprimir movimientos no deseados.
En términos sencillos, estas células comienzan a recibir señales excitatorias excesivas, lo que altera el funcionamiento normal de los circuitos motores y favorece la aparición de movimientos involuntarios.
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A partir de este hallazgo, el equipo desarrolló una estrategia de terapia genética destinada a reducir selectivamente la presencia de estos receptores en las neuronas afectadas. Los resultados fueron llamativos: la intervención no solo evitó la aparición de la disquinesia, sino que también logró revertirla una vez establecida, sin afectar los beneficios motores de la levodopa.
“Lo emocionante fue que, a diferencia de casi todo lo que se ha intentado en los últimos 30 años, eliminar ese subcomponente de los receptores NMDA en ese grupo particular de células revirtió la disquinesia”, afirmó Surmeier.
Una posible alternativa a la cirugía cerebral
Uno de los aspectos más prometedores del trabajo es que la terapia no requirió una cirugía directa en el cerebro. Los investigadores utilizaron un virus modificado como vehículo para llevar la herramienta terapéutica hasta las neuronas involucradas en los movimientos involuntarios.
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Según los autores, los resultados obtenidos fueron comparables a los observados con técnicas como la estimulación cerebral profunda, un procedimiento quirúrgico utilizado para tratar síntomas avanzados del Parkinson.

“Mostramos que la administración sistémica de un vector viral especialmente diseñado puede lograr el mismo objetivo que la cirugía estereotáctica. Esto plantea la posibilidad de una terapia genética para la disquinesia que no requeriría operar el cerebro”, señaló Surmeier.
Los próximos pasos
Aunque los resultados se obtuvieron en modelos animales y todavía no pueden extrapolarse a pacientes, los investigadores consideran que el hallazgo ofrece una vía completamente nueva para tratar una de las complicaciones más difíciles de controlar en la enfermedad de Parkinson.
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El siguiente paso será impulsar estudios destinados a evaluar la seguridad y la eficacia de esta estrategia en seres humanos.
Según datos de Northwestern University, cerca de 8 de cada 10 personas con Parkinson desarrollan disquinesias a medida que avanza la enfermedad. Por eso, una terapia capaz de controlar estos movimientos sin recurrir a cirugía cerebral podría ampliar las opciones de tratamiento para una complicación que hoy sigue siendo difícil de manejar.
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