
Un extenso estudio realizado por la Universidad de Harvard, Mass General Brigham y el Instituto Broad del MIT reveló que el consumo moderado de café con cafeína podría estar asociado a un menor riesgo de desarrollar demencia. La investigación, publicada en JAMA, siguió durante hasta 43 años a 131.821 profesionales de la salud.
Los resultados mostraron que los adultos menores de 75 años que consumían entre dos y tres tazas diarias presentaban hasta un 35 % menos de riesgo de demencia. Sin embargo, los investigadores aclararon que beber más cantidad no aportó beneficios adicionales sobre la salud cognitiva.
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El trabajo analizó datos de dos grandes cohortes estadounidenses: Nurses’ Health Study y Health Professionals Follow-Up Study, con seguimiento desde la década de 1980 hasta 2023. Según los investigadores, al inicio del estudio los participantes tenían en promedio poco más de 40 años.
En total, 11.033 desarrollaron demencia durante el seguimiento de los 131.821 participantes, lo que equivale aproximadamente al 8% del total. La investigación comparó el impacto relativo del café con cafeína, el té y el café descafeinado sobre el riesgo de demencia y el deterioro cognitivo.
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Café, té y descafeinado: efectos comparados
El análisis mostró que el mayor beneficio del café se dio en adultos de hasta 75 años. En este grupo, el consumo diario de entre 250 y 300 miligramos de cafeína—equivalente a dos o tres tazas de café—se asoció con un riesgo un 35 % menor de desarrollar demencia. Consumir cantidades superiores no ofreció mayor protección.
Para el conjunto general, quienes tuvieron el mayor consumo de café con cafeína presentaron un 18% menos de riesgo de demencia frente a quienes bebían poco o nada, además de tasas más bajas de deterioro cognitivo subjetivo: 7,8% frente al 9,5% en el grupo de menor consumo.
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En cuanto al té, los autores identificaron resultados similares, con el máximo beneficio observado en quienes tomaban una o dos tazas diarias. En contraste, no se observó asociación entre el café descafeinado y un menor riesgo de demencia, ni con mejor función cognitiva.
Los investigadores observaron que los participantes con mayor consumo de café descafeinado presentaban un deterioro cognitivo más acelerado. Sin embargo, aclararon que este resultado no necesariamente implica que el descafeinado sea perjudicial para el cerebro.
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Según explicaron, muchas de estas personas podrían haber reemplazado el café tradicional después de desarrollar problemas de sueño, hipertensión o arritmias cardíacas, condiciones que también están asociadas a un mayor riesgo de deterioro cognitivo con el paso del tiempo.
Mecanismos biológicos de protección
Los científicos identificaron varios mecanismos biológicos que podrían explicar el posible efecto protector de la cafeína sobre el cerebro. Según el estudio, esta sustancia bloquea la acción de la adenosina, un compuesto que reduce la actividad de neurotransmisores clave como la dopamina y la acetilcolina.
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Los investigadores señalaron que estos neurotransmisores tienden a disminuir de manera natural con el envejecimiento y en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Por eso, la cafeína podría ayudar a ralentizar parte de ese deterioro cognitivo.
Además, la cafeína reduciría la inflamación cerebral y ayudaría a regular el metabolismo de la glucosa en sangre. Citan estudios donde quienes bebieron más de dos tazas diarias de café presentaron menos placas amiloides en el cerebro, uno de los principales marcadores del Alzheimer.
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Tanto el café como el té ofrecen antioxidantes y compuestos que favorecen la salud vascular, lo que podría aportar protección adicional durante el envejecimiento cerebral.
Limitaciones, advertencias y perspectivas
Sin embargo, los autores advierten que consumir grandes cantidades de cafeína puede afectar el sueño y aumentar la ansiedad, factores que impactan negativamente la salud cerebral. Este límite de beneficios coincide con la ley de Yerkes-Dodson, que plantea que el rendimiento mental mejora con la estimulación solo hasta cierto punto.
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El metaanálisis del estudio, que contempló 38 investigaciones adicionales, demostró que los consumidores de cafeína tenían entre un 6 % y un 16 % menos de riesgo de demencia que quienes no la ingerían, siendo el rango óptimo de consumo entre una y tres tazas de café al día.

El estudio también señaló que el consumo moderado de cafeína no parece incrementar el riesgo de hipertensión arterial a largo plazo y, además, podría asociarse a una menor probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, afecciones que comparten factores de riesgo con la demencia.
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Sin embargo, los investigadores advirtieron que las personas con hipertensión arterial severa deberían moderar la ingesta y limitarla a aproximadamente una taza diaria.
Por último, los autores enfatizan que medir la ingesta de cafeína por tazas es inexacto, ya que la concentración varía según el método de preparación; el café recién hecho con granos enteros puede contener niveles sustancialmente distintos respecto al instantáneo.
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