
No todas las personas con Alzheimer empeoran al mismo ritmo. Mientras algunas experimentan un deterioro progresivo, otras pueden mantener sus capacidades cognitivas durante años.
Un estudio de la Keck School of Medicine of USC identificó tres formas distintas en las que puede evolucionar la enfermedad, lo que cuestiona la idea de una progresión uniforme y abre nuevas perspectivas para el diagnóstico y el tratamiento.
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Esta enfermedad es la forma más frecuente de demencia y representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 57 millones de personas viven con algún tipo de demencia en el mundo, con unos 10 millones de nuevos diagnósticos cada año.
Dentro de ese total, el Alzheimer concentra entre el 60% y el 70% de los casos. Las proyecciones indican que, hacia 2050, esta cifra podría triplicarse debido al envejecimiento de la población, lo que plantea un desafío creciente para los sistemas de salud, la economía y las familias. Este contexto refuerza la necesidad de estrategias de prevención que puedan aplicarse antes de que aparezcan los primeros síntomas.
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Tres trayectorias posibles en la evolución del Alzheimer
El análisis reveló tres cursos principales en el deterioro cognitivo: estabilidad, declive lento y declive rápido. Estos resultados se basan en el mayor seguimiento realizado hasta la fecha en personas sin síntomas iniciales, lo que permitió observar cómo evoluciona la enfermedad desde sus primeras etapas.
Uno de los hallazgos más relevantes es que cerca del 70% de los participantes permaneció estable durante aproximadamente seis años. Esto sugiere que una proporción importante de personas puede conservar sus capacidades cognitivas durante largos períodos, incluso en fases iniciales.
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El estudio, liderado por Michael Donohue, pone en duda la idea de que todos los pacientes empeoran de forma similar. “La mayoría de los estudios consideran los resultados promedio entre los participantes, lo que puede dar la impresión de que todos empeoran al mismo ritmo”, explicó. “El Alzheimer es más variable de lo que comúnmente se representa”.
Cómo se realizó el estudio
Los investigadores analizaron datos de dos ensayos clínicos previos, conocidos como A4 y LEARN. En uno de ellos se evaluó un tratamiento experimental con el anticuerpo monoclonal solanezumab, mientras que el otro incluyó participantes que no presentaban altos niveles de amiloide en el cerebro, una proteína asociada al Alzhéimer.
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La muestra estuvo compuesta por personas sin síntomas evidentes al inicio, lo que permitió observar cómo evoluciona la enfermedad desde etapas muy tempranas, incluso antes de que aparezcan problemas de memoria.
Durante cerca de seis años, los voluntarios realizaron pruebas cognitivas periódicas —para medir memoria y otras funciones mentales— y se sometieron a análisis de sangre y estudios de imagen cerebral, que permiten detectar cambios en el cerebro. De esta manera, los investigadores pudieron seguir la evolución de cada persona en el tiempo y diferenciar los distintos patrones de deterioro.
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Los resultados plantean un desafío para el diseño de ensayos clínicos. Muchos estudios parten de la idea de que todos los pacientes evolucionan de forma similar, lo que puede dificultar la evaluación de nuevos tratamientos.
Runpeng Li, primer autor del trabajo, advirtió que una parte importante de los participantes puede mantenerse estable durante el estudio, lo que complica determinar si un medicamento es realmente efectivo.
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En este contexto, identificar desde el inicio a quienes tienen mayor probabilidad de deterioro permitiría mejorar la selección de participantes y obtener resultados más claros en futuras investigaciones.
El papel de los biomarcadores en la predicción
El estudio se apoyó en biomarcadores neurodegenerativos, en particular la proteína P-tau217, que puede detectarse en sangre y está estrechamente asociada al Alzhéimer.
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Los investigadores observaron que niveles elevados de esta proteína, junto con una mayor acumulación de tau en el cerebro y un menor tamaño del hipocampo —una región clave para la memoria—, se relacionaban con un deterioro más rápido o progresivo desde etapas tempranas.

Gracias a estos indicadores, el modelo desarrollado logró anticipar la evolución de los participantes con una precisión cercana al 70%.
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A pesar de los avances, los científicos reconocen que el modelo no es perfecto. Algunos participantes mostraron un deterioro mayor al esperado, mientras que otros se mantuvieron estables incluso cuando los biomarcadores indicaban un mayor riesgo.
Esto refleja la complejidad del Alzhéimer y sugiere que aún existen factores desconocidos que influyen en la evolución de la enfermedad.
Perspectivas para nuevas estrategias terapéuticas
El equipo de la Keck School of Medicine of USC trabaja ahora en mejorar estos modelos incorporando nuevos biomarcadores y herramientas de análisis.
Uno de los principales objetivos es comprender por qué algunas personas logran mantenerse estables durante años, mientras otras presentan un deterioro más rápido. Identificar estos factores podría ser clave para desarrollar estrategias que permitan ralentizar la progresión del Alzhéimer.
Este estudio propone una nueva forma de interpretar el Alzhéimer, no como una enfermedad con un único curso, sino como un proceso con múltiples trayectorias posibles.
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