
Investigaciones científicas revelaron que el Turkana Rift, una cuenca tectónica del este de África, entró en una fase crítica de adelgazamiento de la corteza terrestre, lo que sugiere que la región se encuentra más próxima a una separación continental que lo estimado anteriormente, informó el portal especializado Science Daily.
Este avance en el proceso de rifting —la apertura progresiva de una fractura en la corteza—, documentado en la revista científica Nature Communications, tiene implicaciones geológicas a largo plazo y aporta una nueva perspectiva sobre el registro fósil que caracteriza a la zona.
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Según el análisis de datos sísmicos liderado por Christian Rowan, doctorando en el Lamont-Doherty Earth Observatory de la Universidad de Columbia, el “necking” —la reducción drástica del grosor de la corteza terrestre— ya se encuentra en una etapa avanzada: la corteza en el sector central del rift mide apenas 13 kilómetros de grosor, frente a los más de 35 kilómetros de las áreas adyacentes. Esta condición favorece la continuidad de la fractura y anticipa la formación de un nuevo océano en el transcurso de millones de años.

La separación de las placas africana y somalí —que progresan a un ritmo de 4,7 milímetros por año— incrementa la actividad volcánica y la acumulación de sedimentos, factores que han modelado tanto el paisaje actual como el registro fósil de la región.
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El equipo alcanzó estos resultados al combinar análisis de ondas sísmicas y métodos de imagen de subsuelo. La colaboración con el Turkana Basin Institute otorgó acceso a una base de datos inédita que permitió mapear estructuras sedimentarias y cuantificar con precisión la profundidad de la corteza bajo el rift.
Fases del rifting y antecedentes geológicos
La geofísica Anne Bécel, investigadora y coautora del estudio, explicó que el adelgazamiento de la corteza debilita su integridad estructural y promueve la intensificación del rifting: “Hemos alcanzado ese umbral crítico de desintegración de la corteza. Creemos que esta es la razón por la que la región es más propensa a separarse”.
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Los procesos de rifting en la cuenca se desarrollan en escalas geológicas. Las investigaciones ubican el inicio de la apertura hace aproximadamente 45 millones de años, mientras que el comienzo del “necking” se relaciona con erupciones volcánicas ocurridas hace 4 millones de años. Los especialistas consideran que la siguiente etapa, llamada “oceanización”, podría demorar aún varios millones de años y supondrá el ascenso de magma para formar corteza oceánica, seguido del ingreso de agua proveniente del océano Índico.

La investigación identificó además un episodio anterior de rifting fallido que, si bien no produjo la separación total del continente, debilitó la corteza y sentó las bases para la actual dinámica tectónica. Este antecedente cuestiona interpretaciones previas sobre la fragmentación continental y convierte al Turkana Rift en un referente singular para el estudio de esta etapa crítica de la evolución geológica.
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Folarin Kolawole, geofísico y coautor del estudio, subrayó la relevancia de estos hallazgos: “Esencialmente, tenemos ahora un asiento en primera fila para observar una fase fundamental del rifting que ha determinado el destino de todos los márgenes continentales desgajados a lo largo del planeta”. Según Bécel, este conocimiento permite reconstruir antiguos paisajes y climas y aporta elementos clave para anticipar su posible evolución a escalas temporales más breves.
Impacto tectónico en el registro fósil de Turkana
En el campo paleontológico, los nuevos resultados llevan a reconsiderar la interpretación tradicional de la cuenca como cuna de la humanidad. Esta zona ha aportado más de 1.200 fósiles de homininos —aproximadamente un tercio de todos los hallazgos africanos datados en los últimos 4 millones de años—, y podría deber su excepcional registro a las condiciones sedimentarias generadas por el hundimiento del terreno tras la etapa de “necking”. Según Rowan, “las condiciones eran propicias para preservar un registro fósil continuo”.
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Este enfoque no resta valor evolutivo a la región, pero propone verla como un archivo geológico singular, producto de circunstancias tectónicas, y no necesariamente como el origen exclusivo de la humanidad. El equipo científico sostuvo que su hipótesis abre nuevas líneas de investigación y posibilita que otros especialistas integren estos resultados a modelos tectónicos y climáticos para analizar cómo la interacción entre placas y los cambios ambientales influyeron en la evolución de las especies.
La investigación se desarrolló en colaboración con Paul Betka de la Western Washington University y John Rowan de la University of Cambridge.
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