
El incremento sostenido de consultas por hígado graso en los últimos cinco años encendió las alarmas en el Hospital de Clínicas de la UBA. Los expertos advierten que la frecuencia de pacientes que buscan atención por esta patología se duplicó en ese período, reflejando una tendencia preocupante vinculada a cambios en los hábitos y a la expansión de factores de riesgo metabólicos.
Aunque popularmente se lo conoce como “hígado graso”, la comunidad científica prefiere el término esteatosis hepática metabólica. Se trata de una acumulación anormal de grasa en el hígado, asociada sobre todo con el sobrepeso, la obesidad y la diabetes tipo 2, más allá del consumo de alcohol.
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Este fenómeno viene acompañado de un marcado aumento global en la prevalencia, con estimaciones recientes que indican que 1.300 millones de personas tenían la enfermedad en 2023 y que la cifra podría llegar a 1.800 millones en 2050, según un estudio publicado en The Lancet Gastroenterology & Hepatology.

Esteban González Ballerga, jefe de la División de Gastroenterología del Hospital de Clínicas, precisó: “El hígado graso es una acumulación anormal de grasa en el hígado (mayor al 5%) que está fuertemente asociada al consumo excesivo de alcohol y al sobrepeso”.
Además, advirtió sobre el carácter silencioso de la enfermedad: “Es un asesino silencioso, porque las manifestaciones aparecen en etapas avanzadas”.
La gravedad del problema se refleja también en el impacto sobre los sistemas de salud. El hígado graso es actualmente la principal causa de trasplante hepático en Estados Unidos y la segunda en la Argentina, de acuerdo con el Observatorio de la Sociedad Argentina de Hepatología.
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Un problema mundial en expansión
El equipo internacional que realizó el estudio global sobre esteatosis hepática metabólica incluyó científicos de 58 países, entre ellos Argentina, y subrayó que la enfermedad avanza a la par del crecimiento de la obesidad, la diabetes y el sedentarismo en el mundo. En una nota reciente con Infobae, Adrián Gadano, presidente de la Fundación Icalma, sostuvo: “Solo estamos viendo la punta del iceberg de un problema que podría tener graves consecuencias para la salud mundial”.
Los investigadores proyectan que, si no se implementan estrategias desde organismos internacionales y ministerios de salud, las complicaciones hepáticas y multiorgánicas podrían generar una pérdida de calidad de vida superior a la causada por el tabaquismo en décadas pasadas.
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“Estas políticas deben dirigirse a toda la población: promover la reducción del sedentarismo, el aumento de la actividad física y la mejora en la calidad y cantidad de la alimentación. Es fundamental que comiencen en la infancia”, enfatizó Gadano.

Diagnóstico tardío y desigualdad en el acceso
El avance del hígado graso suele ser silencioso y asintomático, lo que dificulta su diagnóstico temprano. Muchos pacientes llegan a la consulta cuando la enfermedad ya ha generado daños graves como cirrosis o cáncer de hígado. A esto se suma el acceso desigual a los servicios de salud, que agrava la carga de la enfermedad sobre todo en países con menos recursos.
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El médico Manuel Mendizábal, jefe del Servicio de Hepatología del Hospital Universitario Austral, señaló en la citada nota con Infobae que “en América Latina es fundamental actuar antes de que el hígado graso llegue a etapas avanzadas”. Y sugirió: “Hay que integrarlo en las políticas de obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular, promover una alimentación saludable y la actividad física, y realizar tamizaje en atención primaria”.
Estrategias y prevención desde la infancia

El abordaje preventivo es clave. Los especialistas recomiendan implementar una “VTV del hígado” con controles regulares: consulta con un gastroenterólogo o hepatólogo, análisis de sangre, ecografía, esquema de vacunación contra hepatitis A y B, y seguimiento de hábitos saludables.
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Una alimentación basada en frutas, verduras, granos enteros y baja en azúcares y grasas saturadas, junto con la actividad física regular, figuran entre los pilares para prevenir el avance de la enfermedad.

Herramientas de diagnóstico y tratamiento
El diagnóstico temprano y la prevención son claves. Hoy existen con herramientas eficaces y accesibles, pero el desafío es que la población consulte y se controle.
La magnitud del aumento de consultas en los últimos años pone en evidencia la urgencia de reforzar las acciones de concientización y prevención en todos los niveles del sistema de salud. De lo contrario, el hígado graso continuará avanzando de forma silenciosa y se consolidará como una de las principales amenazas para la salud pública global.
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