
Popularmente se le llama “hígado graso”, pero la comunidad científica y médica lo denomina “esteatosis hepática metabólica”.
Consiste en un trastorno por el cual la grasa se acumula en el hígado por causas metabólicas, como la obesidad o la diabetes tipo 2.
Suele no dar síntomas y puede avanzar hasta complicaciones graves.
Científicos de 58 países, incluyendo Estados Unidos, España, Canadá, México, Colombia, Chile, Brasil y Argentina estimaron que el 16,1% de la población mundial, equivalente a 1.300 millones de personas, tenía hígado graso asociado a disfunción metabólica en 2023.
Para el año 2050, proyectaron que cerca de 1.800 millones de personas tendrán hígado graso asociado a disfunción metabólica en el mundo, según el estudio publicado en la revista The Lancet Gastroenterology & Hepatology.

El trabajo contó con el apoyo del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME) de los Estados Unidos.
Recibió financiamiento de la Fundación Gates, el Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica de Australia y el Departamento de Salud de Queensland. Además, tuvo respaldo de becas y fondos de Corea del Sur.
Por qué el hígado graso preocupa

Los casos de personas con hígado graso están creciendo porque la obesidad y la diabetes aumentan en todo el mundo. Hoy ya no es raro ver a jóvenes y adultos afectados por esta enfermedad, sin importar el lugar donde viven.
El equipo de investigadores de 58 países quiso saber cuántas personas la tienen y cómo podría aumentar en los próximos años. También se preguntaron si los sistemas de salud están preparados para enfrentar el problema, especialmente en países donde el acceso a médicos y tratamientos es limitado.
Detectaron que muchas veces el diagnóstico llega tarde, cuando el daño ya es grave y pueden aparecer complicaciones como cirrosis o cáncer de hígado.
La radiografía global del “hígado graso”

Para entender la dimensión del problema, los investigadores usaron datos de Carga Global de Enfermedad 2023, con información de registros médicos y encuestas en 204 países. Usaron modelos matemáticos que les permitieron hacer proyecciones hasta el año 2050.
Estimaron que 1,8 mil millones de personas son propensas a tener Enfermedad Hepática Esteatósica Asociada a Disfunción Metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés) en el año 2050. Esto representaría un aumento del 42% desde 2023.
Los factores como el crecimiento poblacional, la glucosa alta en sangre y el exceso de peso fueron clave en el avance de la enfermedad, especialmente en África subsahariana y Medio Oriente.
El principal factor de discapacidad por MASLD fue la glucosa elevada, seguido por el sobrepeso y el tabaquismo. Además, el acceso desigual a servicios de salud hizo que en los países con menos recursos la carga de la enfermedad fuera mayor.

Aunque la tasa de años de vida ajustados por discapacidad no cambió mucho, la cantidad de personas en riesgo aumentó.
Los investigadores advirtieron que, si no cambia la situación, cada vez habrá más complicaciones relacionadas con el hígado graso.
Estrategias para enfrentar el hígado graso

Los investigadores recomendaron reforzar los sistemas de salud, facilitar el diagnóstico y promover hábitos de vida saludables.
Afirmaron que las políticas públicas deben enfocarse en prevenir y controlar los factores de riesgo para frenar el avance de la enfermedad.
Remarcaron que la dependencia en datos basados en ultrasonido sin confirmación histológica podría llevar a una sobrestimación de la prevalencia en su estudio. Explicaron además que las proyecciones no contemplan avances médicos futuros que podrían cambiar el escenario.
También resaltaron que la definición actual de la enfermedad permite describir mejor lo que pasa e impulsa a mejorar la detección y el tratamiento de esta enfermedad.

En diálogo con Infobae, el médico Federico Villamil, jefe del Centro de Hepatología del Hospital Británico de Buenos Aires y ex presidente de la Sociedad Argentina de Hepatología, dijo: “El hígado graso no es una enfermedad del hígado en sí, sino la consecuencia en ese órgano de problemas como el sobrepeso, la obesidad, la diabetes y la dislipidemia, que forman parte del llamado síndrome metabólico. Si una persona logra controlar estos factores, el hígado graso puede mejorar o incluso desaparecer”.
Precisó cómo se puede controlar la enfermedad. “El aumento de casos va de la mano con la obesidad y el sedentarismo, impulsados por la mala alimentación. Para revertir la enfermedad, hay que bajar de peso con una dieta hipocalórica y hacer actividad física; perder solo el 5% del peso ya mejora el hígado y, si se baja más del 10%, se puede revertir hasta la fibrosis”, señaló.

La mayoría de las personas con hígado graso tiene buen pronóstico, pero como son millones los afectados, los casos graves siguen siendo muchos.
“Las proyecciones mundiales como la del nuevo estudio publicado en The Lancet Gastroenterology & Hepatology pueden tener márgenes de error, pero muestran una tendencia real y preocupante", opinó Villamil.

En tanto, el médico Manuel Mendizábal, jefe del Servicio de Hepatología y staff de la Sección de Trasplante de Hígado del Hospital Universitario Austral, dijo a Infobae: “En América Latina es fundamental actuar antes de que el hígado graso llegue a etapas avanzadas: hay que integrarlo en las políticas de obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular, promover una alimentación saludable y la actividad física, y realizar tamizaje en atención primaria a personas con sobrepeso, diabetes o síndrome metabólico”.
El nuevo estudio muestra que “la glucosa elevada y el exceso de peso son los principales impulsores de la carga de enfermedad, y que los países con sistemas de salud más débiles presentan un mayor impacto. Por eso, la clave está en la prevención, el diagnóstico temprano y las rutas de atención coordinadas”, enfatizó Mendizábal.
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