
Un estudio reciente de la Northwestern University aporta nueva evidencia sobre cómo se construyen las imágenes mentales en el cerebro humano. Los resultados ofrecen una mirada distinta sobre el origen de la imaginación y su relación con el pensamiento creativo.
Durante décadas, la ciencia sostuvo que evocar algo —como una imagen, un sonido o una palabra— implicaba reactivar las mismas áreas cerebrales que se usan al percibirlo en la realidad.
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Sin embargo, la investigación publicada en la revista Neuron propone un cambio de enfoque: la imaginación no se limita a reproducir lo percibido, sino que involucra regiones más avanzadas, encargadas de interpretar y dar significado a la experiencia.
El giro en la comprensión científica sobre la imaginación
Tradicionalmente, la llamada teoría de la “reinstauración sensorial” explicaba que imaginar consistía en reproducir internamente lo que antes se había percibido. Por ejemplo, pensar en una manzana implicaría activar los mismos circuitos que se encienden al verla.
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El nuevo estudio cuestiona esa idea. Los resultados muestran que, al imaginar, el cerebro no se limita a “copiar” una percepción, sino que la transforma en algo más complejo. En términos simples, no se trata solo de revivir una imagen, sino de construir una escena con sentido. Es la diferencia entre ver una foto aislada y recrear una situación completa.
El neurólogo Rodrigo Braga explicó que, cuando una persona imagina un cumpleaños infantil, no solo piensa en sonidos o imágenes sueltas. En cambio, recrea el contexto: el lugar, las personas, las emociones y la dinámica del momento.
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Esto ocurre porque la imaginación se desarrolla en lo que los científicos describen como un “espacio de alto nivel”, donde la información ya fue procesada y convertida en conceptos.
Cómo se analizó la actividad cerebral durante la imaginación
Para analizar este proceso, el equipo trabajó con ocho participantes, quienes realizaron ejercicios de imaginación durante sesiones de resonancia magnética funcional. Esta técnica permite observar qué áreas del cerebro se activan en tiempo real. Mientras los voluntarios evocaban escenas visuales, sonidos o palabras, los investigadores registraban su actividad cerebral.
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En total, se recopilaron más de 60 horas de datos individuales. Luego, los científicos compararon qué ocurría en el cerebro al imaginar y qué sucedía al percibir estímulos reales. El resultado fue claro: la coincidencia entre ambos procesos no se daba principalmente en las áreas sensoriales básicas, sino en regiones de asociación más complejas. Estas áreas son las encargadas de integrar información, organizarla y darle significado.
El papel de las áreas de asociación cerebral
Las áreas de asociación son regiones del cerebro que combinan información de distintos sentidos y la convierten en ideas, conceptos o recuerdos. Una forma simple de entenderlo es pensar en una cocina. Los sentidos aportan los ingredientes —imágenes, sonidos, sensaciones—, pero estas áreas funcionan como el chef que los combina para crear un plato completo.
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Según el estudio, es en estos sistemas donde realmente se construyen las imágenes mentales. Además, estas regiones están más desarrolladas en humanos que en otros primates, lo que podría explicar habilidades como el lenguaje, la planificación o el pensamiento abstracto.
El trabajo también mostró que no toda imaginación es igual. Dependiendo de lo que una persona imagine, se activan diferentes redes cerebrales.
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Cuando los participantes pensaban en escenas visuales —como un paisaje o un castillo— se activaba la llamada red por defecto, un sistema vinculado a la memoria y la construcción de escenarios internos.
Esta red interviene cuando una persona recuerda el pasado, planea el futuro o reflexiona sobre sí misma. En cambio, cuando imaginaban sonidos o diálogos, se activaban áreas relacionadas con el lenguaje.
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En la misma línea, el investigador Nathan Anderson explicó que la red por defecto actúa como un centro clave en la generación de imágenes mentales, aunque su funcionamiento se combina con otros sistemas según el contenido.
Además, los científicos observaron que cuanto mayor era la actividad en estas áreas de asociación, más vívidas resultaban las imágenes internas descritas por los participantes.
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Qué implica este descubrimiento
Este hallazgo cambia la forma de entender la imaginación. En lugar de depender solo de los sentidos, se presenta como un proceso activo de construcción mental. Esto tiene implicancias en distintos campos.
En educación, puede contribuir al desarrollo de estrategias que potencien la comprensión y la creatividad. En salud, abre nuevas líneas de investigación sobre trastornos en los que la imaginación o la percepción se ven alteradas.
También permite comprender mejor cómo el cerebro anticipa situaciones, toma decisiones y genera ideas nuevas.

A pesar del cambio de enfoque, los investigadores aclaran que las áreas sensoriales siguen siendo importantes. No quedan fuera del proceso, sino que forman parte de una interacción más amplia. Los sentidos aportan la información inicial, pero la interpretación ocurre en niveles más complejos. En otras palabras, la imaginación no reemplaza a la percepción: la transforma.
El estudio de la Northwestern University propone una visión más completa del funcionamiento del cerebro.
La imaginación deja de ser una simple reproducción de lo que se percibe y pasa a entenderse como una capacidad de construcción, donde intervienen sistemas avanzados que organizan, interpretan y combinan información.
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