
Cambiar la sal común por sustitutos con potasio representa una de las formas más sencillas y económicas de reducir el consumo de sodio y controlar la presión arterial. Sin embargo, la mayoría de la población mundial aún no incorpora esta práctica a sus hábitos diarios, pese a que la hipertensión constituye uno de los principales factores de riesgo para enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. El consumo elevado de sodio y la baja ingesta de potasio siguen contribuyendo a la prevalencia global de la hipertensión.
De acuerdo con el portal de noticias científicas Science Daily, investigadores que presentaron sus conclusiones en las últimas Sesiones Científicas sobre Hipertensión de la Asociación Americana del Corazón informaron que menos del 6 % de los adultos utiliza sustitutos de la sal, incluso en grupos con hipertensión.
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El estudio analizó datos de 37.080 personas de distintas edades y contextos de salud, recopilados en casi 20 años de seguimiento. Los resultados muestran que el uso de estos productos, que reemplazan parcial o totalmente el sodio por potasio, no se incrementó con el tiempo y sigue siendo residual incluso entre quienes más podrían beneficiarse.
Del último estudio a las barreras para su adopción

La Asociación Americana del Corazón señala que los sustitutos de la sal han demostrado reducir la presión arterial y ofrecer una alternativa accesible para la prevención cardiovascular. Se recomiendan especialmente para quienes buscan limitar el sodio en la dieta, ya que la mayoría de la sal consumida proviene de alimentos procesados y comidas preparadas fuera del hogar. El reemplazo por sales enriquecidas con potasio puede mejorar la función vascular y disminuir el riesgo de hipertensión, aunque es posible que el sabor varíe y adquiera un matiz amargo al calentarse.
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La falta de información y el desconocimiento sobre la seguridad y el sabor de los sustitutos de la sal limitan su expansión. Según la científica Yinying Wei, investigadora de Clínica Aplicada en la Universidad de Texas Southwestern (UT Southwestern Medical Center), incluso entre personas con hipertensión tratada o no tratada, la mayoría continúa usando sal común.
El uso de estos productos fue ligeramente mayor entre quienes ya reciben tratamiento médico, pero en ningún grupo no superó el 10 % de adopción. Las diferencias culturales, la disponibilidad y el acceso a información clara también inciden en la escasa penetración a nivel global.
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El análisis identificó barreras adicionales, como la percepción del sabor y la ausencia de indicaciones claras por parte de profesionales de la salud. La incorporación de sustitutos de la sal en la dieta a veces requiere ajustes en la preparación de alimentos y la aprobación médica, especialmente en personas con enfermedad renal o que consumen medicamentos que afectan los niveles de potasio. Los expertos sugieren la necesidad de una evaluación personalizada antes de modificar el consumo regular de sal.
De acuerdo con la investigación, reducir el sodio y aumentar el potasio en la dieta se asocia a mejoras significativas en la presión arterial y la salud cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar el sodio a 2.000 mg al día y aumentar el potasio a 3.500 mg diarios en adultos, objetivos que pueden alcanzarse con pequeños cambios en la elección de condimentos y alimentos frescos.
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Alternativas y estrategias recomendadas
Especialistas aseguran que aumentar la concienciación sobre los beneficios y el uso seguro de los sustitutos de la sal podría ayudar a prevenir millones de casos de hipertensión y sus complicaciones. La promoción de estos productos en consultas médicas y campañas de salud pública puede facilitar la adopción en distintos contextos y culturas. Los autores del estudio sostienen que una mayor educación sobre el impacto del sodio y el potasio, junto a mensajes claros sobre la seguridad y la dosificación, fomentaría cambios de hábitos sostenibles a largo plazo.
Además, el análisis recomienda adaptar las estrategias a las particularidades de cada población, considerando factores como la disponibilidad en el mercado, el costo y las preferencias culinarias. La intervención multidisciplinaria que incluya a profesionales de la salud, la industria alimentaria y organizaciones comunitarias podría potenciar el alcance y la efectividad de la medida.
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