Vive la potente ignición de los propulsores de la cápsula Artemis II desde el interior. El video captura el momento en que se encienden las máquinas para iniciar el regreso a casa, una experiencia descrita como "increíble" por la tripulación. Se observa cómo la tripulación monitorea que los sistemas, como la temperatura y la presión, se mantengan óptimos durante esta crucial fase de la misión en el vacío del espacio. Un vistazo único a la ingeniería y emoción del viaje espacial.
En la inmensidad del espacio, sin aire, no hay sonido. Pero lo que escucharon los astronautas de la misión Artemis II de la NASA en el momento crítico del reingreso a la Tierra fue vital para retornar seguros a casa.
El regreso de la cápsula Orion de la misión Artemis II a la Luna quedó definido por ocho detonaciones vitales que los astronautas escucharon justo antes de reingresar en la atmósfera terrestre, asegurando el ángulo preciso y la trayectoria correcta.

La maniobra, tan delicada como fundamental, dependió de la reacción en cadena de los propulsores repartidos en el módulo de tripulación y el módulo de servicio, una tecnología desarrollada por la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), que permitió a la nave sortear el último y más peligroso tramo de la misión.
Instantes previos al reingreso, luego de días de navegación en el espacio profundo, la tripulación de Artemis II activó los propulsores del módulo de tripulación para ajustar con precisión el ángulo de incidencia, una variable crítica: cualquier desviación hubiera dejado a la cápsula vagando en el espacio o, en el peor de los casos, la habría condenado a una destrucción por el intenso calor atmosférico.
Dentro de Orion, los astronautas detallaron la sensación de escuchar las explosiones de los motores: “Eso fue increíble”, dijo Christina Koch. “Eso fue bueno. Todo está bien. La presión es la correcta”, agregó el piloto Victor Glover. El sonido, percibido como un golpeteo en las paredes de la nave, fue la señal inequívoca de que el sistema funcionaba según lo previsto.
La cápsula Orion de NASA está equipada con el sistema de propulsión química y el Módulo de Servicio Europeo (ESM), fabricado por la ESA, que proporciona tanto la fuerza necesaria para maniobrar en el espacio profundo como la capacidad de control de orientación y trayectorias.

El motor principal AJ10 se encarga de los grandes cambios de rumbo, mientras que una red de pequeños motores de control de reacción (RCS) ejecuta los ajustes milimétricos, como los ocho impulsos que determinaron el regreso de Artemis II.
Estos propulsores liberan combustible líquido, que al quemarse expulsa gas a alta velocidad, impulsando la cápsula en la dirección opuesta según la tercera ley de Newton.
El sistema que selló el éxito de la misión

El perfil de la misión Artemis II fue diseñado para validar, en condiciones reales y con tripulación, las capacidades de la nave Orion y el cohete Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS).
El vuelo partió del Centro Espacial Kennedy en Florida y, tras distintas maniobras orbitales, colocó a los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen en una trayectoria de retorno libre desde la Luna, una ruta en la que la gravedad de la Tierra atrajo de regreso a la nave después del sobrevuelo lunar.
El regreso, sin embargo, requería algo más que dejarse caer en la atmósfera. La cápsula debía entrar en un ángulo exacto, de 6,2 grados, con un margen de apenas 0,7 grados para evitar errores fatales. Aquí entró en juego la secuencia de ocho explosiones, cada una calculada para orientar la nave con la máxima precisión.
La vibración de los propulsores se sintió como un golpe seco en la estructura, confirmando que los comandos ejecutados desde la cabina se traducían en movimientos reales de la nave.
El Módulo de Servicio Europeo (ESM), situado debajo del módulo de tripulación, fue el corazón de las operaciones críticas. Además de la propulsión, aportó electricidad mediante paneles solares y gestionó la temperatura y el suministro de oxígeno. El sistema incluyó 30 motores auxiliares, pero la clave estuvo en los propulsores de reacción que, en el momento final, guiaron a Orion hacia la atmósfera.
La cápsula Orion está diseñada para soportar las condiciones más extremas. Su escudo térmico avanzado permite afrontar temperaturas de hasta 2.760 grados Celsius (5.000 grados Fahrenheit) durante el reingreso, un entorno comparable a la mitad de la superficie visible del Sol. El módulo de tripulación, por su parte, alberga a los astronautas en un espacio protegido contra la radiación, con sistemas de soporte vital y pantallas digitales de última generación.
Previo a la separación del módulo de servicio, Orion ejecutó la maniobra de “reentrada con salto” (skip entry), en la que la nave entró en la atmósfera superior, rebotó parcialmente para disipar calor y velocidad, y luego realizó la entrada final hacia el amerizaje.
Esta técnica, probada en vuelos sin tripulación y perfeccionada para Artemis II, permitió reducir la temperatura y las fuerzas G soportadas por los astronautas, asegurando un descenso controlado.
Una secuencia auditiva que marcó el regreso
El momento en que la tripulación escuchó las ocho detonaciones de los propulsores marcó el clímax de la misión. En el interior de una cápsula hermética, rodeados de silencio absoluto, los golpes resonaron como la confirmación de que todo iba según lo planeado. “En un lugar sin aire ni sonido, oír eso significaba que todo funcionaba correctamente y que estaban de regreso a casa”, relataron los astronautas.
El sistema de control de reacción (RCS) no solo permite ajustes durante el reingreso, sino que también resulta fundamental en las maniobras de acoplamiento y alejamiento de etapas, como quedó demostrado en la fase inicial de la misión.

Tras separarse del cohete y completar la órbita baja terrestre, la tripulación usó la etapa superior como objetivo para ensayar operaciones de proximidad, pilotando manualmente la nave y evaluando su respuesta ante comandos directos, un entrenamiento vital para futuras misiones hacia la superficie lunar y más allá.
La cápsula Orion de Artemis fue diseñada como una plataforma versátil para misiones de larga duración. El módulo de tripulación incorporó soporte vital avanzado, protección contra radiación y sistemas automáticos para el control del entorno. El sistema de aborto de lanzamiento, por su parte, garantizó la seguridad de la tripulación en caso de emergencia durante el despegue, al separar la cápsula del cohete y alejarla de cualquier peligro.
El regreso culminó con la separación del módulo de servicio y el despliegue de once paracaídas, que frenaron la cápsula antes del amerizaje en el océano Pacífico. Bolsas de aire incorporadas aseguraron que la nave permaneciera en posición vertical, facilitando la extracción de los astronautas tras una misión de gran complejidad técnica y operativa. La secuencia de propulsores, el escudo térmico y los sistemas automáticos funcionaron de manera coordinada para asegurar el éxito de la misión.
La NASA subrayó que la precisión del sistema de propulsión de Orion será clave para las misiones futuras del programa Artemis, que prevé llevar a la primera mujer y al próximo hombre al Polo Sur lunar y establecer una presencia humana permanente en la Luna. Las pruebas realizadas durante Artemis II sentaron las bases para las operaciones críticas que requerirán las misiones Artemis IV y V, orientadas al alunizaje y la permanencia prolongada en el entorno lunar.
“El sonido de los propulsores justo antes de reingresar nos recordó que estábamos haciendo historia, que regresábamos a la Tierra tras un viaje que solo fue posible gracias a la colaboración internacional y al trabajo de miles de personas”, relató uno de los astronautas durante la transmisión oficial.
La experiencia de Artemis II demostró que la tecnología, la coordinación y la preparación de la tripulación resultan decisivas para afrontar los desafíos de la exploración espacial moderna.
El regreso seguro, marcado por ocho explosiones y la confirmación auditiva en la cápsula, selló una misión que quedará como referencia para el futuro de la conquista lunar y los próximos pasos hacia Marte.
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