
El ejercicio físico se consolida como una de las intervenciones más eficaces para fortalecer la salud mental, reducir el estrés y proteger la memoria, respaldado por evidencia científica y expertos citados por el medio alemán Der Spiegel.
Diversos estudios recientes sostienen que sus beneficios pueden superar los de ciertos tratamientos tradicionales contra la depresión y que la constancia y la elección personal en la actividad resultan determinantes para potenciar sus efectos emocionales y cognitivos.
El vínculo entre cuerpo, mente y emociones
La interacción entre cuerpo y mente resulta fundamental. Stefan Westbrock, psicólogo deportivo del instituto deepvelop de Hamburgo, explicó que la actividad física representa una de las vías más eficaces para promover el bienestar psicológico, disminuir el estrés y mantener el rendimiento cognitivo, según declaraciones recogidas por Der Spiegel.

Las emociones se traducen en respuestas físicas inmediatas: ante una sorpresa, los hombros se encogen; tras una alegría, el rostro se relaja en una sonrisa.
Westbrock añadió que levantarse para caminar durante un bloqueo mental favorece el despeje de ideas.
Der Spiegel describe que este fenómeno tiene sustento neurobiológico: durante el movimiento, el cerebro desplaza parte de su actividad desde la corteza prefrontal, encargada de la toma de decisiones, hacia la corteza motora, vinculada al movimiento. Este cambio genera “espacio mental” para la creatividad y reduce la saturación de pensamientos.
El impacto bioquímico del ejercicio en el cerebro

En el plano bioquímico, el ejercicio incide directamente sobre las hormonas del estrés. Bajo presión, las glándulas suprarrenales producen más cortisol, lo que prepara al organismo para afrontar desafíos.
“El ejercicio afecta la producción de las propias hormonas del cuerpo, incluidas las que regulan el estrés y mejoran el estado de ánimo”, precisó Westbrock en Der Spiegel. Mantener estos niveles hormonales elevados de forma prolongada puede ocasionar trastornos del sueño, problemas digestivos y mayor vulnerabilidad a enfermedades.
Durante la actividad física, el ritmo cardíaco y la respiración se incrementan, enviando señales al cerebro que estimulan la liberación de neurotransmisores clave para el bienestar mental. Se destacan los endocannabinoides, que ayudan a reducir el estrés y generan una sensación de calma o euforia leve.

La dopamina incrementa la motivación y sostiene la perseverancia. El ejercicio también favorece la producción de serotonina, ligada a la mejoría del ánimo, y de endorfinas, que disminuyen el dolor y fortalecen la resistencia frente al esfuerzo.
Beneficios sobre el sueño y la memoria
Por este motivo, tras realizar ejercicio, muchas personas se sienten “más relajadas, equilibradas y mentalmente mejor”, resumió Westbrock al medio alemán. Estas mejoras influyen positivamente en el ánimo, el descanso, la concentración y la memoria.
El impacto en el sueño resulta especialmente significativo. Quienes mantienen actividad física regular tienden a conciliar el sueño antes, logran un descanso más profundo y experimentan menos interrupciones durante la noche.

El ejercicio también regula el equilibrio entre el sistema nervioso simpático y parasimpático, lo que contribuye a mitigar el estrés y optimiza la regeneración física y mental.
Estas dinámicas favorecen al hipocampo, zona esencial para el aprendizaje y la memoria. Aumentar la frecuencia cardíaca y el flujo sanguíneo cerebral durante el ejercicio permite mayor aporte de nutrientes y oxígeno, reforzando regiones vinculadas a funciones cognitivas.
Prevención de trastornos y flexibilidad en la elección de la actividad
La prevención de trastornos como la depresión y la demencia se perfila entre los aportes más sólidos de la actividad física regular. Der Spiegel destaca que estudios asocian el ejercicio con un menor riesgo de Alzheimer y mejores indicadores de salud cardiovascular, ambos relevantes en la aparición de demencia.

“El ejercicio también es un tratamiento eficaz para la depresión”, subrayó Westbrock. Las investigaciones demuestran que la actividad física puede disminuir síntomas depresivos y ansiosos, incluso en casos leves, más allá del uso exclusivo de medicación.
En cuanto al tipo de actividad, la elección es flexible. Las directrices internacionales de la Organización Mundial de la Salud sugieren al menos 150 minutos semanales de ejercicio de intensidad ligera o moderada.
Un estudio del King’s College de Londres, citado por Der Spiegel, reveló que incluso dedicar 15 minutos diarios a moverse mejora el ánimo más que una semana de vacaciones en un spa. Caminar, nadar, bailar o practicar deportes de equipo: el beneficio radica en la frecuencia y el disfrute, no en la modalidad.
Personalización y motivación: el secreto de la constancia

La interacción social puede potenciar los efectos en quienes aprecian la comunidad, aunque la elección debe ajustarse a cada personalidad. Westbrock recomendó adaptar la actividad a las preferencias y motivaciones individuales para sostener la constancia: “Quien disfruta de los desafíos mentales prospera con disciplinas exigentes. Para quienes priorizan las relaciones, la motivación suele estar en la comunidad”.
No existe una fórmula universal para lograr bienestar mental a través del ejercicio. Lo esencial es incorporar el movimiento de forma que aporte equilibrio y se adapte a las necesidades personales, sin convertirlo en una obligación.
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