
Durante años, la ciencia buscó el “lugar” de la inteligencia en el cerebro. Se pensó que ciertas áreas eran responsables de funciones como la memoria, el lenguaje, la atención o el razonamiento, y que la suma de esas piezas explicaba cómo pensamos y resolvemos problemas.
Sin embargo, un nuevo estudio de la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, propone una mirada distinta: la inteligencia no depende de zonas aisladas, sino de la forma en que distintas redes cerebrales trabajan juntas y se coordinan a gran escala. En otras palabras, no importa solo qué partes del cerebro están activas, sino cómo se comunican entre sí.
PUBLICIDAD
El cerebro como una red, no como un mapa de compartimentos
El trabajo, publicado en la revista Nature Communications, está liderado por el neurocientífico Aron Barbey, director del Human Neuroimaging Center de Notre Dame, junto con un equipo internacional. Su planteo se apoya en la llamada “neurociencia de redes”, un enfoque que estudia al cerebro como un sistema interconectado, parecido a una red de transporte o a una red de internet.
En ese esquema, cada región cumple una función específica, pero lo que realmente permite un buen rendimiento es la fluidez de las conexiones: la rapidez con la que la información viaja, la capacidad de integrar datos distintos y la flexibilidad para reorganizarse según la tarea.
PUBLICIDAD

Por ejemplo, en una ciudad, no alcanza con tener hospitales, escuelas y comercios bien distribuidos si las calles están mal conectadas o colapsadas. El funcionamiento general depende de cómo circula el tránsito entre esos puntos. Según esta nueva mirada, algo parecido ocurre en el cerebro.
“La neurociencia ha avanzado mucho en describir qué hace cada región, pero todavía nos falta entender cómo surge una mente unificada a partir de todas esas partes”, explicó Barbey.
Qué analizaron los investigadores
Para poner a prueba su hipótesis, el equipo analizó datos de resonancias cerebrales y evaluaciones cognitivas de más de 900 adultos provenientes de dos grandes bases de datos internacionales.
PUBLICIDAD
Los investigadores observaron cómo estaban organizadas las conexiones cerebrales y compararon esos patrones con el desempeño intelectual de cada persona. El resultado fue consistente: las personas con mejores indicadores de inteligencia mostraban cerebros con redes más eficientes, mejor integradas y más flexibles.

No se trataba de tener “más actividad” en una región específica, sino de una organización global más armoniosa.
El autor principal del estudio, Ramsey Wilcox, lo resumió así: la coordinación a gran escala no hace por sí sola los procesos mentales, pero define cuántas cosas puede hacer el sistema y cuán bien puede adaptarse.
Cuatro ideas claves sobre cómo funciona la inteligencia
A partir de los datos, el equipo identificó cuatro principios centrales:
- La inteligencia surge del trabajo en conjunto. No existe un “centro de la inteligencia”. Resolver un problema implica que distintas redes compartan información y se sincronicen.
- Las conexiones a larga distancia son fundamentales. El cerebro necesita puentes que unan regiones alejadas para integrar percepciones, recuerdos, emociones y decisiones.
- Existen sistemas de coordinación. Algunas áreas funcionan como reguladores que deciden qué redes deben activarse según la situación, algo así como un director de orquesta que organiza a los músicos.
- Debe haber equilibrio entre especialización y cooperación. Cada parte tiene su tarea, pero ninguna funciona de manera aislada.
Para entenderlo mejor, es como cuando una persona maneja un auto en una calle desconocida, necesita ver señales (percepción), recordar reglas de tránsito (memoria), planificar el recorrido (razonamiento) y reaccionar rápido ante imprevistos (atención). Todo ocurre al mismo tiempo y de manera integrada. No hay una sola “zona” que controle la situación.
PUBLICIDAD
Qué implicancias tiene este hallazgo
Este enfoque puede ayudar a entender mejor por qué la inteligencia cambia a lo largo de la vida. Durante la infancia, las conexiones se fortalecen y se organizan; en la vejez, algunas redes pierden eficiencia; y en lesiones cerebrales extensas, el problema no siempre es una zona dañada, sino la pérdida de comunicación entre sistemas.
También abre nuevas preguntas para la medicina y la rehabilitación: en lugar de enfocarse solo en una región afectada, podría ser clave estimular la reconexión de redes completas.

En el campo de la inteligencia artificial, el estudio también deja una señal. Muchos sistemas actuales son muy buenos en tareas puntuales —reconocer imágenes, traducir textos, jugar ajedrez—, pero fallan cuando deben adaptarse a situaciones nuevas. Para Barbey, el desafío está en diseñar sistemas más flexibles y capaces de integrar información, como hace el cerebro humano.
PUBLICIDAD
El trabajo concluye que la esencia de la inteligencia no está en una pieza del cerebro, sino en su capacidad para reorganizarse, coordinarse y adaptarse constantemente.
Más que una suma de habilidades aisladas, la inteligencia sería el resultado de una arquitectura dinámica, capaz de conectar ideas, experiencias y decisiones en tiempo real.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Ni todos los días ni horas de gimnasio: cuánto entrenamiento de fuerza hace falta para ver resultados
Desde una rutina inicial breve hasta planes de mayor exigencia, las claves según la experiencia, los objetivos y el tiempo disponible

Las pruebas cognitivas realizadas a los 60 años pueden anticipar un mayor riesgo de ictus
Un seguimiento llevado a cabo en Suecia vinculó puntuaciones bajas de memoria y rapidez mental con episodios cerebrovasculares posteriores, sin demostrar que una condición cause la otra

Esta noche llegan las Táuridas del Sur: cuándo y cómo ver estrellas fugaces y posibles bolas de fuego
Las observaciones en el hemisferio Sur alcanzarán sus máximos entre el 5 y el 12 de noviembre, con poca luz lunar y una oportunidad poco frecuente para observar meteoros

La alerta de la OMS sobre los adolescentes: el 86% no alcanza la actividad física recomendada
Un relevamiento global del organismo mostró que uno de cada cuatro jóvenes de 11 a 17 años no se movió ningún día durante la semana previa del estudio. Los detalles

Qué muestra la evidencia sobre la dieta y su efecto en el estado de ánimo
Una especialista detalló qué nutrientes se asocian al sistema nervioso y la microbiota, mientras un estudio con nueces arrojó resultados acotados




