
¿Puede el bambú convertirse en el próximo superalimento global? Una revisión reciente de la Anglia Ruskin University destaca su potencial, siempre que se prepare de manera adecuada.
Este vegetal, reconocido por su rapidez de crecimiento —puede alcanzar hasta 90 centímetros diarios—, se consume principalmente a través de sus brotes, que ofrecen beneficios comprobados para la salud metabólica y podrían ser una opción sostenible y saludable más allá de Asia, donde forman parte de la alimentación desde hace generaciones. La investigación fue publicada en la revista Advances in Bamboo Science.
El interés científico por el bambú no solo se relaciona con su perfil nutricional, sino también con su bajo impacto ambiental. Su rápido crecimiento, su capacidad de regeneración y su menor demanda de recursos lo convierten en un cultivo atractivo en un contexto de cambio climático y búsqueda de sistemas alimentarios más sostenibles.
Propiedades nutricionales y efectos positivos para la salud
El equipo liderado por el profesor Lee Smith subraya que la clave para el consumo seguro del bambú reside en su preparación. Según la revisión, los brotes aportan múltiples ventajas: contribuyen al control glucémico, reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares y presentan propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.

En su composición, el bambú es fuente de proteínas, bajo en grasas y rico en fibra dietética, aminoácidos, selenio, potasio y vitaminas como tiamina, niacina, A, B6 y E. Este perfil nutricional favorece el funcionamiento del metabolismo, el equilibrio energético y el mantenimiento de tejidos y sistemas clave del organismo.
Los ensayos recopilados por Anglia Ruskin University constatan que el consumo regular de bambú mejora los niveles de azúcar en sangre y favorece el perfil lipídico, lo que disminuye la probabilidad de enfermedades cardiovasculares. Estos efectos son especialmente relevantes en poblaciones con riesgo metabólico elevado, como personas con sobrepeso, sedentarismo o antecedentes familiares de diabetes.
La fibra dietética procedente del bambú favorece el tránsito intestinal y mejora la microbiota, mostrando efectos probióticos en humanos y modelos de laboratorio. Además, tras la ingesta se observa un aumento de la actividad antioxidante y una menor toxicidad celular, indicadores asociados a una mejor protección frente al estrés oxidativo.

Las propiedades antioxidantes y antiinflamatorias fueron corroboradas tanto en ensayos clínicos como en experimentos de laboratorio, reforzando el interés en el bambú para prevenir enfermedades relacionadas con la inflamación crónica, el envejecimiento celular y ciertos trastornos metabólicos.
Otro punto relevante del informe es la capacidad del bambú para reducir la formación de compuestos tóxicos, como furanos y acrilamida, durante la preparación de ciertos alimentos. Estas sustancias suelen generarse en procesos de cocción a altas temperaturas y se vinculan con riesgos para la salud. En este sentido, el bambú podría actuar como un elemento protector dentro de prácticas culinarias más saludables.
Riesgos del consumo crudo y recomendaciones de seguridad
No obstante, el estudio advierte sobre los riesgos asociados al consumo inadecuado. El principal peligro proviene de los glicósidos cianogénicos presentes en algunas variedades, capaces de liberar cianuro si se consumen crudos. Además, ciertos compuestos pueden interferir con la producción de hormonas tiroideas y aumentar el riesgo de bocio.
Ambos riesgos se eliminan mediante una preparación adecuada, en especial a través del hervido de los brotes durante un tiempo suficiente para neutralizar las sustancias potencialmente tóxicas. Los especialistas remarcan que respetar estos procesos es fundamental para garantizar la seguridad alimentaria.

La Anglia Ruskin University enfatiza la necesidad de extremar precauciones y continuar investigando los efectos del bambú en seres humanos, ya que la mayoría de los datos actuales provienen de estudios con muestras reducidas o de laboratorio. Profundizar en el conocimiento permitirá evaluar con mayor precisión su impacto real en distintas poblaciones y contextos culturales.
Por ahora, existen pocos ensayos clínicos amplios, por lo que los investigadores consideran indispensable obtener más evidencias antes de recomendar el bambú como parte habitual de la dieta. Aun así, los resultados preliminares posicionan a este vegetal como un alimento prometedor, siempre que su consumo esté acompañado de información adecuada y prácticas seguras de preparación.
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