
El análisis de 450 familias de países del norte de África y Oriente Medio permitió a los científicos descubrir la causa genética de la sordera prelingual en el 90 % de los casos. La mayoría de los diagnósticos mostró un patrón hereditario recesivo y más del 85 % de las familias tenía padres emparentados, lo que favorece la aparición de mutaciones hereditarias.
El equipo liderado por Christine Petit utilizó la tecnología HearPanel-IdA-1 para buscar errores en los genes. Así identificaron mutaciones en 49 genes diferentes, casi todos relacionados con la sordera hereditaria, pero algunos también con síndromes que afectan otros órganos. El 36 % de las variantes halladas nunca se había visto antes, lo que muestra la gran diversidad genética en estas poblaciones.
Uno de los principales hallazgos fue que el gen GJB2 está detrás del 41 % de los casos, seguido por MYO15A, MYO7A, LRTOMT y SLC26A4. La frecuencia de cada gen varía según el país: por ejemplo, las mutaciones en LRTOMT son muy habituales en Mauritania (35 %), pero no se detectaron en Jordania.

El estudio, publicado en en lasActas de la Academia Nacional de Ciencias también evidenció la existencia de mutaciones únicas para cada familia, llamadas “mutaciones privadas”.
“Sólo unas pocas mutaciones, como c.35delG en GJB2, se repiten entre diferentes familias y países; el resto son exclusivas en cada caso”, explicó Crystel Bonnet, ingeniera de investigación del Laboratorio de Innovación en Terapia Auditiva del Instituto reConnect, centro bajo la égida del Instituto Pasteur. Este fenómeno complica la creación de pruebas genéticas universales y obliga a personalizar los diagnósticos según la región.
En total, se identificaron 211 tipos distintos de mutaciones. La mitad provocan que la proteína deje de funcionar y la otra mitad son cambios en un solo aminoácido. El equipo analizó cómo estos errores afectan la estructura y función de las proteínas implicadas en la audición, empleando modelos por computadora y técnicas de laboratorio avanzadas como AlphaFold2 y cristalografía de rayos X.
La investigación permitió diferenciar mutaciones que sólo causan sordera de otras que, al combinarse con ciertos errores genéticos, provocan el síndrome de Usher tipo 1, una enfermedad que también afecta la visión.

“En poblaciones con alta consanguinidad, podemos observar casos homocigotos que permiten distinguir si una mutación genera sordera aislada o el síndrome completo”, señaló Christine Petit. Según el artículo, la mayoría de las mutaciones que eliminan la función del gen llevan a Usher tipo 1 si se heredan de ambos padres, mientras que las mutaciones menos graves en genes como CDH23 suelen causar sólo sordera. En MYO7A, en cambio, el 80 % de las mutaciones puntuales termina causando el síndrome, lo que exige un análisis detallado para cada paciente.
El estudio también documentó casos poco comunes: niños con sordera profunda y padres que sólo tienen pérdida auditiva leve, o pacientes con mutaciones en dos genes diferentes. Estos casos muestran la gran complejidad de la herencia genética y la importancia de analizar todos los genes relacionados para evitar diagnósticos incompletos.
Otro aporte importante fue la identificación de mutaciones que alteran la estructura de proteínas esenciales para oír y ver. Por ejemplo, algunos errores en la proteína cadherina-23 modifican la transmisión del sonido y, junto con otras variantes, pueden afectar el equilibrio y la visión.

La genética molecular está cambiando la vida de las familias afectadas, ya que permite anticipar el riesgo de complicaciones como la pérdida de visión y ayuda a elegir la forma de comunicación y rehabilitación auditiva más adecuada. “La posibilidad de contar con un diagnóstico preciso y precoz cambia la perspectiva de las familias y su acceso a tratamientos personalizados”, explicó Bonnet.
El equipo de expertos destacó que descubrir nuevas mutaciones y analizar juntas la información genética y clínica es clave para mejorar el diagnóstico y el seguimiento de los niños con sordera hereditaria, sobre todo en lugares con gran diversidad genética y pocos recursos para pruebas avanzadas.
Una terapia permitió oír a niños con sordera genética profunda
Una reciente terapia génica experimental ha permitido restablecer la audición en niños afectados por sordera infantil profunda causada por variantes genéticas, según se informó en una nota reciente de Infobae tras la publicación de los resultados en The New England Journal of Medicine y su presentación en el Congreso de la Academia Estadounidense de Otorrinolaringología-Cirugía de Cabeza y Cuello.

La intervención, basada en el uso de DB-OTO, posibilitó que once de los doce participantes del ensayo experimentaran mejoras auditivas significativas; tres alcanzaron niveles considerados normales.
Regeneron, responsable del desarrollo de DB-OTO, colaboró en el ensayo encabezado por Lawrence R. Lustig, presidente del Departamento de Otorrinolaringología-Cirugía de Cabeza y Cuello de la Universidad de Columbia. El estudio incluyó a pacientes de entre diez meses y dieciséis años procedentes de España, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, bajo el protocolo CHORD.
Los niños recibieron la terapia génica mediante una infusión intracoclear en uno o ambos oídos, en una intervención quirúrgica similar a la implantación coclear. Este procedimiento fue tolerado incluso por los bebés, lo que amplía su potencial aplicación en distintas edades.
El ensayo clínico evidenció mejoras rápidas: la audición se recuperó en cuestión de semanas. Nueve participantes lograron un umbral auditivo igual o inferior a setenta decibelios a las veinticuatro semanas, un nivel suficiente según los investigadores para evitar el implante coclear.
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