
Visualizar escenarios agradables no solo inspira, sino que modifica la forma en que el cerebro procesa la información social y refuerza la motivación en la vida cotidiana. Un reciente estudio de la Universidad de Colorado, en colaboración con el Instituto Max Planck para las Ciencias Cognitivas y Cerebrales Humanas, demuestra que imaginar encuentros positivos con otras personas puede cambiar la percepción y las preferencias hacia ellas, además de dejar huellas medibles en la actividad cerebral.
La imaginación activa mecanismos similares a los de la experiencia real
El trabajo, publicado en la revista Nature Communication, fue liderado por Roland Benoit, profesor asociado de psicología y neurociencia en la Universidad de Colorado Boulder, y Aroma Dabas, quien participó como primera autora durante su posgrado en el Instituto Max Planck.
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El propósito principal era descubrir si imaginar experiencias positivas podía modificar la forma en que una persona valora a sus conocidos, y si este proceso activaba regiones cerebrales comparables a las que se encienden durante situaciones reales.

Para el estudio, 50 participantes prepararon listas de 30 personas de su entorno y las clasificaron según su simpatía, desde agradables hasta quienes les resultaban neutrales o generaban rechazo. Durante la fase experimental, los participantes se sometieron a una resonancia magnética funcional y debieron imaginar, durante ocho segundos, situaciones agradables o negativas con individuos de la categoría neutral. Escenarios como compartir un helado en un día caluroso o recibir de vuelta una bicicleta dañada fueron parte de las consignas.
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Cambios en la preferencia social y la actividad cerebral
Los resultados revelaron que, tras imaginar situaciones positivas, los participantes desarrollaron una mayor simpatía por las personas involucradas en esos escenarios mentales. Al realizar pruebas posteriores, manifestaron que les agradaban más quienes protagonizaron esos encuentros positivos imaginados.
Este cambio subjetivo se reflejó también en la actividad cerebral: la región conocida como estriado ventral, clave en el procesamiento de recompensas y la motivación, registró mayor activación ante sorpresas positivas generadas por la imaginación.
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La liberación de dopamina (neurotransmisor que interviene en la motivación y el placer) ante estos “errores de predicción de recompensa” contribuyó a reforzar nuevas preferencias y conectar recuerdos sociales. Además, el estriado ventral colaboró con la corteza prefrontal dorsomedial, área implicada en almacenar recuerdos personales.

Aroma Dabas destacó que estos resultados explican cómo anticipar mentalmente futuras interacciones —como conversaciones o reuniones sociales— puede influir en la motivación, las tendencias de evitación y las decisiones posteriores. “Sugerimos que la imaginación no es pasiva. Más bien, puede moldear activamente lo que esperamos y lo que elegimos”, afirmó Dabas.
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Implicaciones para la salud mental, el trabajo y el desarrollo personal
Este hallazgo sugiere potenciales aplicaciones terapéuticas. En salud mental, la imaginación guiada podría servir como herramienta para preparar situaciones sociales temidas y obtener beneficios similares a los de la exposición real, estrategia común en el tratamiento de fobias.
En el ámbito laboral, visualizar interacciones positivas con colegas puede favorecer las relaciones y el ambiente de trabajo. Además, investigaciones preexistentes han comprobado que el ensayo mental de habilidades, como tocar un instrumento, genera mejoras reales en el desempeño, lo que apunta a beneficios en el desarrollo deportivo y artístico.
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Sin embargo, la imaginación también implica riesgos: las personas con ansiedad o depresión pueden imaginar con especial claridad escenarios negativos, lo que puede intensificar sus síntomas. “Puedes pintar el mundo de negro solo con imaginarlo”, advirtió Benoit. No obstante, el estudio no halló que imaginar experiencias negativas con otras personas disminuyera su simpatía, cuestión que será objeto de investigaciones futuras.
La Universidad de Colorado concluye que la imaginación es una herramienta poderosa y activa para transformar la vida social y personal. Visualizar vínculos positivos podría ser el primer paso para concretar relaciones mejores en la realidad diaria.
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