
En el corazón de nuestro organismo, un universo microscópico convive con nosotros cada día. Este ecosistema, el microbioma intestinal, desempeña papeles fundamentales que solo ahora la ciencia comienza a desvelar.
Un reciente hallazgo de la Universidad de Harvard suma una pieza inquietante a este rompecabezas: el descubrimiento de cómo una toxina producida por bacterias comunes puede sabotear nuestro ADN de manera precisa, silenciosa y peligrosa, incrementando el riesgo de cáncer colorrectal, especialmente en jóvenes. El estudio fue publicado en la revista Nature.
El ataque oculto: una toxina que une las hebras del ADN
Durante años, los científicos sospecharon que ciertas bacterias podían influir en la aparición de tumores. Sin embargo, el mecanismo exacto era una incógnita. Un equipo liderado por Emily Balskus y Victoria D’Souza logró por primera vez describir con detalle el daño que causa la colibactina, toxina originada por algunas cepas de Escherichia coli y otras bacterias intestinales.

Sus hallazgos, en colaboración con la Universidad de Minnesota, marcan un punto de inflexión en la comprensión de cómo los microorganismos afectan procesos tan delicados como la reparación de nuestro código genético.
Para comprender la magnitud de este daño, imaginemos el ADN como el cierre de una campera. Los daños habituales pueden trabar un solo lado, pero todavía permiten abrir y cerrar la campera con algo de esfuerzo. Sin embargo, la colibactina es como un adhesivo fuerte que pega ambos lados del cierre en varias partes. Así, queda atascado y no puede abrirse ni cerrarse.
Este bloqueo impide que la célula repare su ADN o copie su información correctamente, aumentando la probabilidad de errores que pueden derivar en cáncer. “El entrecruzamiento de hebras significa que el agente dañino reacciona con ambas hebras, creando una forma particularmente peligrosa de daño”, explicó Balskus. Cada vez que la célula intenta “abrir el cierre” para duplicar su material genético, se encuentra con un obstáculo muy difícil de superar, como relató D’Souza.
Un objetivo muy concreto: las zonas vulnerables del ADN

El estudio destaca un dato asombroso: la colibactina no ataca al azar. Utilizando tecnologías de secuenciación y espectroscopía de masas, el equipo comprobó que esta toxina apunta principalmente a regiones del ADN con alta presencia de adenina y timina (bases nitrogenadas complementarias que conforman los pares del ADN).
Es decir, busca zonas específicas, aprovechando su estructura y carga para “encajar” perfectamente en estas áreas vulnerables. De alguna manera, actúa como un ladrón experto que conoce exactamente dónde forzar la cerradura. “La colibactina encaja perfectamente en términos de forma y carga en las secuencias ricas en adenina y timina”, afirmó D’Souza.
Esta selectividad ayuda a explicar por qué ciertos tumores presentan patrones de mutaciones relacionados con la toxina, especialmente entre pacientes jóvenes.
Prevención, microbioma y desafíos científicos

El avance tiene implicancias directas en la prevención del cáncer colorrectal en jóvenes, un fenómeno preocupante por su aumento y por la dificultad de explicar su origen en personas sin factores de riesgo tradicionales.
La presencia de E. coli productora de colibactina es más común en el microbioma intestinal infantil, y las huellas genéticas de la toxina aparecen con frecuencia en los tumores de quienes desarrollan la enfermedad en edades tempranas. Todo esto apunta a la necesidad de diseñar estrategias preventivas centradas en la salud intestinal y el control de las bacterias dañinas desde la infancia.
El proceso, sin embargo, no fue sencillo. La colibactina es un compuesto químicamente inestable, lo que complicó su aislamiento y análisis. “Este compuesto ha sido realmente difícil de estudiar porque es muy inestable químicamente”, reconoció Balskus, al tiempo que D’Souza destacó la problemática de obtener material suficiente para el estudio.
Este hallazgo subraya la importancia del microbioma en la salud y demuestra que la investigación en este campo puede ofrecer soluciones innovadoras para prevenir cánceres de aparición temprana. La mirada puesta en el microbioma podría transformar las estrategias de salud pública, volviendo indispensables nuevos enfoques para proteger nuestras células desde lo más profundo de nuestro organismo.
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