
La enfermedad de Alzheimer constituye la principal causa de demencia a nivel mundial: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), puede ser responsable de entre el 60% y el 70% de los diagnósticos. Esta patología se caracteriza por un proceso biológico en el que se acumulan proteínas anómalas en el cerebro, específicamente en forma de placas amiloides y ovillos neurofibrilares, como detalla la Mayo Clinic.
Recientemente, científicos analizaron en experimentos si la eliminación de una proteína podría reducir de manera significativa el daño cerebral.
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Un equipo del Instituto Max Planck ha postulado que, al suprimir la proteína centaurina-α1 en ratones, hubo mejoras en la inflamación, la acumulación de placas y las capacidades cognitivas, lo que abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas.
El doctor Erzsebet Szatmari, autor principal del estudio, publicado en eNeuro, afirmó: “Trabajos previos de nuestro equipo de investigación y otros encontraron evidencia de que una proteína específica llamada Centaurin-α1 está involucrada en la progresión del daño del Alzheimer dentro de las neuronas”.
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Y completó: “Para confirmar el papel de esta proteína y ver si podría ser un buen objetivo terapéutico, probamos si eliminarla genéticamente prevendría o ralentizaría la progresión de la enfermedad en un modelo de ratón”.
Cómo estudiaron la proteína y su efecto en el cerebro
Los científicos utilizaron un modelo bien caracterizado de la enfermedad de Alzheimer en ratones. Este modelo (denominado J20) contiene dos mutaciones genéticas asociadas con variantes familiares raras de la enfermedad de Alzheimer.
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Los resultados fueron contundentes. Szatmari detalló: “Nos sentimos alentados por los cambios de comportamiento observados en ratones modelo con Alzheimer que carecían de centaurina-α1, lo que confirma que la proteína contribuye a la progresión de los síntomas cognitivos y, por lo tanto, podría ser una valiosa diana terapéutica. Sin embargo, aún tenemos mucho que aprender sobre cómo actúa en el cerebro para agravar la enfermedad”.
En los animales modificados, la neuroinflamación desapareció y la formación de placas amiloides en el hipocampo se redujo en torno a un cuarenta por ciento, aunque este efecto no se replicó en el neocórtex, lo que sugiere diferencias regionales en la patología y la necesidad de enfoques terapéuticos combinados.
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El estudio también reveló que la eliminación de centaurina-α1 protegía las conexiones neuronales en el hipocampo, región clave para el aprendizaje espacial, y mejoraba el rendimiento en pruebas cognitivas.
El doctor Ryohei Yasuda, director científico de MPFI y coautor del trabajo, describió: “Creemos que la centaurina-α1 puede desempeñar un papel multifuncional en la regulación de los procesos de señalización cerebral que alteran la expresión génica y la composición de numerosas moléculas.
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Esta señalización aberrante puede potenciar la progresión de la enfermedad y sus síntomas mediante déficits metabólicos, neuroinflamación, procesamiento de amiloide y disfunción de las conexiones neuronales”.
El análisis genético realizado por el equipo mostró que, en los ratones sin centaurina-α1, los patrones de expresión génica alterados por la enfermedad tendían a normalizarse, lo que refuerza la hipótesis de que esta proteína regula múltiples procesos implicados en el Alzheimer.
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Yasuda subrayó: “Aunque se necesita más investigación para determinar si la reducción de Centaurin-α1 puede beneficiar al cerebro humano, la evidencia hasta ahora sugiere que Centaurin-α1 es un candidato prometedor para el desarrollo terapéutico futuro”.

Los investigadores concluyeron en un comunicado del Instituto Max Planck:
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- La centaurina-α1 contribuye al daño del Alzheimer: la eliminación de la centaurina-α1 redujo la neuroinflamación, la acumulación de placa amiloide y la pérdida sináptica en un modelo de ratón ampliamente utilizado de la enfermedad de Alzheimer.
- Mejora del aprendizaje y del rendimiento de la memoria: los ratones modelo de la enfermedad de Alzheimer que carecían de Centaurin-α1 mostraron un aprendizaje espacial mejorado, lo que sugiere una mejora de los síntomas cognitivos.
- Un nuevo objetivo terapéutico potencial: la centaurina-α1 podría contribuir a déficits relacionados con el Alzheimer, lo que la convierte en una dirección prometedora para futuros tratamientos, siempre según estos expertos.
El grupo del Instituto Max Planck continúa investigando si la reducción de centaurina-α1 en la edad adulta, y no solo desde el nacimiento, podría ralentizar la progresión de la enfermedad. Además, han observado que la supresión de esta proteína también disminuye los síntomas en modelos animales de esclerosis múltiple, lo que apunta a un posible papel en otras enfermedades neurodegenerativas.
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