
En un descubrimiento que redefine la comprensión de la comunicación vegetal, un equipo internacional de científicos ha demostrado que los tomates emiten sonidos específicos cuando se encuentran bajo estrés. Según un estudio publicado en la revista Cell, estos sonidos —imperceptibles para el oído humano— constituyen una forma de lenguaje acústico capaz de transmitir información relevante tanto a otras plantas como a insectos y animales del entorno.
La investigación, liderada por la Universidad de Tel Aviv, utilizó sofisticados micrófonos ultrasensibles para registrar las vibraciones sonoras generadas por plantas de tomate sometidas a diferentes tipos de estrés, como la falta de agua o daños mecánicos. Los resultados muestran que, en situaciones adversas, las plantas emiten más de 40 sonidos por hora, en comparación con menos de uno por hora cuando se encuentran en condiciones normales. Estas emisiones, aunque inaudibles para las personas, pueden ser detectadas por otros organismos a distancias de varios metros.
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Un hallazgo relevante de este trabajo es que la frecuencia y el patrón de los sonidos varían según la causa del estrés. Por ejemplo, una planta de tomate que sufre sequía produce un tipo de sonido distinto al que emite cuando ha sufrido un corte en el tallo. Esto sugiere que el “lenguaje” de las plantas no solo es real, sino que también es específico y funcional, permitiendo una comunicación precisa sobre el tipo de amenaza o necesidad que enfrenta el vegetal.
Cómo se descubrió el “lenguaje” secreto de los tomates

El estudio, publicado el 30 de marzo de 2026 en Cell y dirigido por la profesora Lilach Hadany de la Universidad de Tel Aviv, empleó una cámara acústica insonorizada para registrar los sonidos emitidos por plantas de tomate y tabaco. Los investigadores aplicaron inteligencia artificial para analizar los patrones acústicos y distinguir entre las señales asociadas a distintas fuentes de estrés.
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Según los autores, la capacidad de las plantas para emitir sonidos no es exclusiva del tomate: experimentos similares con tabaco arrojaron resultados coherentes. Los sonidos son generados por cavitación, un fenómeno físico consistente en la ruptura de burbujas de aire en el tejido vegetal durante el estrés hídrico o físico. La profesora Hadany explicó que esta vibración puede ser interpretada por insectos —como polillas y abejas—, así como por otras plantas cercanas, que ajustan su comportamiento o fisiología en respuesta a la señal acústica.
El equipo científico sostiene que estos hallazgos no solo amplían la comprensión de la comunicación vegetal, sino que abren nuevas líneas de investigación sobre la interacción entre plantas y su entorno, con posibles aplicaciones en agricultura de precisión y manejo sostenible de cultivos.
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Implicaciones para la agricultura y el medio ambiente

El descubrimiento de que los tomates y otras plantas pueden “hablar” mediante esta clase de sonidos aporta una herramienta novedosa para el monitoreo de cultivos en tiempo real. Empresas agrícolas podrían desarrollar sensores capaces de captar los sonidos de estrés en las plantas, permitiendo intervenciones más rápidas y precisas ante la sequía o el ataque de plagas.
Además, la comprensión de este “lenguaje vegetal” podría modificar las estrategias de manejo ambiental, favoreciendo métodos menos invasivos y más respetuosos con los ciclos naturales. Expertos en biología vegetal, como Lilach Hadany, señalan que este tipo de hallazgos refuerzan la idea de que las plantas son organismos activos capaces de interactuar de forma compleja con su entorno.
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Las investigaciones futuras buscarán determinar si otras especies vegetales emplean sistemas similares y cómo estas señales acústicas influyen en la dinámica de los ecosistemas. El lenguaje de los tomates, hasta ahora oculto para el ser humano, podría convertirse en una nueva herramienta para la sostenibilidad agrícola y la protección ambiental a nivel global.
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