Científicos alertan sobre el daño auditivo en adolescentes: causas y recomendaciones

Investigadores identificaron una tendencia preocupante tras analizar a jóvenes de entre 13 y 18 años

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los investigadores subrayan la importancia de la detección y prevención tempranas en adolescentes, ya que incluso cambios leves en la audición pueden tener consecuencias a largo plazo sobre la comunicación y la calidad de vida (Imagen Ilustrativa Infobae)

El avance de la investigación sobre la salud auditiva en adolescentes ha revelado cifras inquietantes: más de uno de cada diez jóvenes de 18 años muestra signos de daño auditivo inducido por ruido. Estos datos surgen de un estudio longitudinal publicado en Otolaryngology–Head and Neck Surgery, la revista de la American Academy of Otolaryngology–Head and Neck Surgery Foundation (AAO-HNSF), que analizó la evolución de la audición en una de las cohortes de nacimiento más extensas del mundo.

El Estudio Generación R, que siguió a 3.347 adolescentes en los Países Bajos mediante evaluaciones auditivas estandarizadas a los 13 y 18 años, permitió identificar tendencias preocupantes.

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Aunque la prevalencia general de la pérdida auditiva se mantuvo estable durante el periodo de seguimiento, los investigadores observaron un aumento en la gravedad de los casos y en la frecuencia de las denominadas “muescas auditivas bilaterales”, un patrón característico de daño por exposición al ruido. Entre quienes ya presentaban pérdida auditiva de alta frecuencia a los trece años, la situación empeoró de forma significativa al llegar a la mayoría de edad.

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La pérdida auditiva en la adolescencia afecta mucho más que la percepción de los sonidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La doctora Stefanie NH Reijers, autora principal del estudio y miembro del Departamento de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello del Centro Médico de la Universidad Erasmus de Róterdam, explicó: “Nuestro estudio longitudinal muestra que, si bien la prevalencia general de la pérdida auditiva en adolescentes se mantiene relativamente estable entre los 13 y los 18 años, la gravedad de la pérdida auditiva, tanto neurosensorial como inducida por ruido, aumenta con el tiempo”.

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Reijers subrayó la importancia de la detección y prevención tempranas, ya que “incluso cambios leves en la audición durante la adolescencia pueden tener consecuencias a largo plazo”.

El equipo empleó pruebas audiométricas rigurosas para identificar patrones de daño auditivo, centrándose en las muescas en los umbrales de audición, un signo distintivo de exposición a ruidos intensos. Entre los factores de riesgo más relevantes se encuentran la utilización de reproductores de música personales, la exposición a videojuegos y la asistencia a entornos con altos niveles de ruido, todos ellos habituales en la vida cotidiana de los jóvenes y capaces de provocar daño auditivo permanente.

El impacto del daño auditivo

Entre los síntomas de daño auditivo inducido por ruido pueden encontrarse la aparición de tinnitus, es decir, pitidos o zumbidos persistentes, junto con alteraciones en la comprensión del habla y en la calidad del sonido percibido (Imagen Ilustrativa Infobae)
Entre los síntomas de daño auditivo inducido por ruido pueden encontrarse la aparición de tinnitus, es decir, pitidos o zumbidos persistentes, junto con alteraciones en la comprensión del habla y en la calidad del sonido percibido (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según divulgaron los autores, la pérdida auditiva inducida por ruido (PAIN) se produce cuando sonidos intensos dañan las células ciliadas de la cóclea, en el oído interno. Estas células, responsables de transformar las vibraciones sonoras en señales eléctricas para el cerebro, no pueden regenerarse una vez lesionadas, lo que conduce a una pérdida auditiva irreversible.

De acuerdo con ENThealth.org, el portal de información para pacientes de la AAO-HNSF, hasta un 17% de los adolescentes de entre 12 y 19 años ya presenta características compatibles con daño auditivo inducido por ruido en uno o ambos oídos. Este deterioro puede producirse tanto por una única exposición a un sonido extremadamente fuerte como por la exposición repetida a ruidos elevados a lo largo del tiempo.

El riesgo se incrementa con la exposición prolongada o reiterada a sonidos de 85 decibelios (dB) o más, lo que puede provocar pérdida auditiva temporal o permanente. Entre las fuentes más comunes de ruido peligroso destacan los dispositivos de escucha personales, que pueden alcanzar los 100 dB en promedio, y en el caso de algunos teléfonos móviles en Estados Unidos, hasta 115 dB.

Los conciertos y espectáculos musicales suelen superar los 85 dB, con registros que oscilan entre 90 y 122 dB. Otros ejemplos incluyen fuegos artificiales, motocicletas y sirenas, que pueden situarse entre 95 y 150 dB.

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A diferencia de la pérdida auditiva genética o vinculada al envejecimiento, el daño auditivo por exposición a ruidos intensos durante la adolescencia es en gran parte evitable y requiere campañas de concientización (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las consecuencias de la pérdida auditiva en la adolescencia van mucho más allá de la simple dificultad para oír. Las investigaciones citadas por Otolaryngology–Head and Neck Surgery demuestran que incluso una pérdida leve puede afectar la comunicación, dificultar las relaciones sociales, perjudicar el rendimiento académico y el desarrollo cognitivo, favorecer el aislamiento y reducir la calidad de vida. Además, puede acelerar la aparición de pérdida auditiva relacionada con la edad en etapas posteriores.

Detectar la pérdida auditiva inducida por ruido en sus fases iniciales resulta complejo, ya que suele manifestarse primero en la percepción de sonidos agudos. Esto implica que el volumen general puede parecer normal, pero la calidad del sonido se ve alterada. Con el tiempo, la comprensión del habla se dificulta, especialmente en ambientes ruidosos, y pueden aparecer síntomas como tinnitus (pitidos o zumbidos persistentes).

Los autores del estudio insisten en la necesidad de concientizar a padres, educadores y responsables de políticas públicas sobre la importancia de la prevención. Destacan que muchos adolescentes desconocen el riesgo que implican actividades cotidianas y recalcan que, a diferencia de la pérdida auditiva genética o asociada al envejecimiento, el daño inducido por ruido es en gran medida evitable.

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Según la Organización Mundial de la Salud, para 2050 cerca de 2.500 millones de personas tendrán algún grado de pérdida de audición (Imagen Ilustrativa Infobae)

Recomiendan la identificación temprana de jóvenes en riesgo y la implementación de revisiones auditivas periódicas durante la adolescencia para frenar la progresión hacia formas más graves de pérdida auditiva. Además, solicitan que futuras investigaciones profundicen en las fuentes específicas de exposición al ruido recreativo y en los factores que hacen a ciertos adolescentes más vulnerables que otros.

El problema de la pérdida auditiva no se limita a la adolescencia ni a un solo país. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2050 se prevé que cerca de 2.500 millones de personas en el mundo presenten algún grado de pérdida de audición, y más de 700 millones requieran rehabilitación. La OMS advierte que más de 1.000 millones de jóvenes adultos están en riesgo de sufrir una pérdida auditiva evitable y permanente debido a prácticas de escucha poco seguras.

La OMS define la pérdida de audición discapacitante como aquella superior a 35 dB en el oído que oye mejor. Casi el 80% de quienes la padecen viven en países de ingresos bajos y medianos. La prevalencia aumenta con la edad: más del 25% de las personas mayores de sesenta años sufre una pérdida auditiva discapacitante.

La pérdida de audición puede ser leve, moderada, grave o profunda, y afectar uno o ambos oídos, dificultando la comprensión de conversaciones o sonidos intensos. Las personas con pérdida leve a grave suelen comunicarse mediante la palabra y pueden beneficiarse de audífonos, implantes cocleares y subtítulos. En los casos de sordera profunda, la percepción auditiva es mínima o nula, y la lengua de signos se convierte en una herramienta fundamental para la comunicación.

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