
El rinovirus causa la mayoría de los resfriados o resfríos. Cada año, suele haber brotes poco después del inicio de las clases, cuando los niños llevan el virus a casa y lo transmiten a sus familias.
Un estudio de la Universidad de San Pablo en Brasil demostró que las amígdalas y las adenoides pueden ser un escondite para el rinovirus. Los investigadores hallaron que este virus infecta linfocitos, células de defensa del cuerpo, y puede quedarse allí mucho tiempo sin causar síntomas, permitiendo que se transmita a otros sin ser detectado. Lo publicaron en Journal of Medical Virology.
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El grupo de científicos estuvo integrado por Ronaldo Martins, Wilma Anselmo-Lima, Edwin Tamashiro y Fabiana Valera.
El problema

Las infecciones respiratorias en niños suelen ser motivo de preocupación, especialmente cuando los síntomas se repiten sin una causa clara.
El equipo científico quería saber si el rinovirus puede quedarse en el cuerpo más tiempo del que se pensaba, incluso después del resfriado.
Hasta ahora, se conocía que el rinovirus infecta la superficie de la nariz y la garganta. Cuando el virus se multiplica, destruye estas células para expandirse. El sistema inmunitario suele eliminarlo en menos de una semana.

La principal incógnita era si el rinovirus puede llegar a los tejidos más profundos, como las amígdalas y adenoides. También interesaba saber si el virus puede infectar células de defensa que duran mucho tiempo y así permanecer oculto sin síntomas.
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El objetivo del estudio fue buscar el rinovirus en estos tejidos y comprobar si infectaba linfocitos B, que producen anticuerpos, y linfocitos T CD4, que coordinan la defensa inmunológica local.
Cómo estudiaron al virus en niños
El equipo analizó muestras de amígdalas y adenoides extraídas a 293 niños operados por diferentes motivos.

Todos estaban sin síntomas en el momento de la cirugía. También se recolectó secreción nasal para comparar la presencia del virus en distintas partes del cuerpo.
El estudio mostró que el rinovirus estaba presente en al menos uno de los tres sitios (amígdala, adenoide o secreción nasal) en el 46 por ciento de los niños. Se observaron proteínas virales y señales de que el virus seguía activo en los tejidos.
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Los investigadores demostraron que el rinovirus infecta linfocitos B y T CD4 en capas profundas de amígdalas y adenoides.
El virus logra quedarse dentro de estas células durante mucho tiempo, algo parecido a lo que sucede con otros virus como el herpes o el citomegalovirus.

El ciclo típico del rinovirus es rápido y destruye células, pero aquí, el virus no las elimina y permanece oculto. Así puede pasar de un niño a otro incluso si no hay síntomas.
“El virus tiene una cita recurrente con la población infantil. Todos los años, cerca de dos o tres semanas después de que comienzan las clases en regiones de clima templado, ocurre un brote de rinovirus. Y los niños lo llevan a los padres y abuelos”, dijo el virólogo Eurico de Arruda Neto, profesor de virología en la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la Universidad de San Pablo.
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El estudio también encontró que el virus puede estar en el oído medio y causar inflamación sin necesidad de que el niño estornude o tosa.
“El niño no necesariamente va a estornudar o toser, pero el oído se inflama y eso bloquea la trompa auditiva, que es muy delgada, generando una acumulación de líquido en la que la propia flora bacteriana local comienza a proliferar”, explicó Arruda.
Qué implican los resultados

Arruda advirtió que los pediatras deberían prestar atención a la posibilidad de diagnósticos confusos debido a la persistencia viral.
“Puede ocurrir que los análisis realizados en las secreciones no siempre reflejen lo que realmente está sucediendo en el pulmón”, sostuvo.
El equipo sugiere investigar si la presencia del virus en estos tejidos puede ser un problema en personas inmunosuprimidas, como quienes reciben trasplantes de médula ósea.
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Los resultados se centran en niños con amígdalas y adenoides agrandadas, por lo que podrían variar en otros grupos.
El grupo también explora si los tejidos linfoides actúan como un “huerto” de virus útil para la memoria inmunológica.
“Funciona como un refuerzo de la memoria inmunológica, lo que hace que los anticuerpos continúen produciéndose incluso mucho tiempo después de la exposición inicial”, explicó Arruda.
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